El lenguaje de los sueños (no el de Freud sino el del saber popular) indica que cuando una persona sueña con alguien que ya murió –y que en ese sueño, además, habla–, hay que jugarle al 48 en la quiniela. Si la persona fallecida sólo aparece en sueños, pero no habla, el número a jugar es el 47. Los argentinos hace años que venimos viendo en el mundo consciente que los muertos, efectivamente, hablan.
Y no sólo hablan, los muertos. También cambian de identidad y, mágicamente, personas que eran cuestionadas en vida pasan a ser cuasi santos.
En estos días, dos muertos siguen hablando, y lo hacen contra el kirchnerismo, qué casualidad.
El fiscal Alberto Nisman desde que murió no hace más que incriminar a Cristina en su dudoso suicidio, por más que todas las pericias indican que así fue. No obstante, se adelantan resultados de pericias que no se hicieron y Nisman calla.
Una persona olvidada por los medios y sólo recordada para ligarla con lo más nefasto de la dictadura (fue secretario de Hacienda durante el mandato de Leopoldo Fortunato Galtieri) o con algún negocio con el narcotráfico, al morir, se transformó en un secreto denunciante del matrimonio Kirchner, que habría financiado su campaña electoral del 2003, con fondos de la provincia de Santa Cruz.
Durante las primeras horas, Ducler había sido asaltado, casi asesinado, en plena vía pública, y se ligaba su infarto/homicidio con su denuncia: ergo, fue asesinado por el kirchnerismo. Horas después, un video demostró cómo Ducler caminaba solo por la calle y se desplomaba.
Esto es apenas un botón de muestra de lo que será la campaña (sucia) electoral. El bombardeo de los medios de comunicación será constante. Así, los medios oficialistas buscarán esconder debajo de la alfombra la desastrosa situación económica; apelarán para ello a cualquier tipo de denuncias que pueda desacreditar a Cristina Fernández, sus funcionarios y, de paso, a algún desprevenido no kirchnerista. (Recordar que Ducler, en su denuncia, vincula también a Alberto Fernandez, ex jefe de gabinete de Kirchner y hoy jefe de campaña de Florencio Randazzo.
Algunos medios opositores, mientras tanto (alguno más riguroso y otro no tanto), insistirán en lo mal que va la economía y en la infinidad de pruebas que vinculan al Gobierno de Cambiemos con hechos de corrupción, de los que no están ajenos, tampoco, muchos empresarios que financiaron la campaña electoral de Mauricio Macri.
La discusión política, bien gracias. Se trata de una elección legislativa y los argentinos no sabremos, a la hora de votar, qué proyectos impulsarán los diputados de cada fuerza. Excepción hecha de la izquierda, claro, que por lo general explicita claramente sus propuestas, que son más o menos siempre las mismas, adaptadas a la coyuntura.
Será, otra vez, una campaña electoral sucia, plagada de denuncias y desmentidas, huera de propuestas y proyectos.
Pero eso, ¿a quién le importa? ¿La televisión dice algo?