Sin el efecto sorpresa del primero, el segundo debate presidencial presentó pocos cambios. Mirada puesta en el núcleo duro, conservadurismo y algo más de agresividad en los intercambios, los principales aspectos. Con este, finalizó la ronda de debates previstos: sólo habrá uno más en caso de balotaje.
En la segunda edición, que tuvo lugar en la Facultad de Derecho, Milei salió empatado, Massa se mostró sólido y resistió en el apartado de Trabajo y Producción, Schiaretti continuó con la lógica cordobesa, Bregman mantuvo el tono y Bullrich se mostró más agresiva, con la mirada puesta en revertir la pésima imagen del domingo anterior.
Con una estricta atadura al coucheo, durante el debate primaron los ataques premeditados, las respuestas lógicas y la estrategia como principal mensaje.
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La candidata a presidenta de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich, reiteró su discurso antikirchnerista, con premisas que sonaban a 2015 o 2019. Sin embargo, la novedad de sus intervenciones estuvo puesta en una convicción mayor en su discurso, un tono más arriba, con sobradas gesticulaciones y un empeño -poco exitoso- en desarrollar oraciones fluidas, claras y naturales.
Ante la pálida imagen del domingo anterior, la candidata había ensayado una excusa que sorprendió a propios y extraños. «Tuve fiebre, entré con una pata rota a la cancha», improvisó Bullrich el día posterior, con la plena consciencia de que su desempeño no había sido el esperado. Ayer, tuvo que ser atendida por el SAME, por un principio de conjuntivitis.
Para esta edición, la candidata de JxC volvió con un discurso más ampuloso, gesticulaciones más notorias y un tono de voz todavía mayor. «Parece que está muy seteada, por favor suéltese un poquito», le indicó Milei al inicio.
En Seguridad, su tema, Bullrich reivindicó su gestión y pidió por más mano dura y la reducción en la edad de imputabilidad. Sin embargo, su bajo nivel conceptual, argumentativo y expositivo volvieron a notarse, en una imagen que proyectó nerviosismo y desesperación.
A pesar de confrontar con Sergio Massa, desde el equipo de JxC reconocen que la candidata debe ir a la caza de votos de Milei y frenar la fuga de potenciales sufragios que, según diversas encuestas, están arribando en las orillas del libertario. En este sentido, la candidata apuntó contra dos flancos débiles de Milei, la venta de órganos y la libre tenencia de armas.
El candidato de La Libertad Avanza respondió los ataques y en la primera parte del debate mostró un temple que llamó la atención. Sin embargo, en la segunda hora, retomó las acusaciones inconducentes y las respuestas con sorna, especialmente contra las candidatas mujeres. Con el primer puesto a la vista, el candidato tuvo como foco asegurar un empate, no caer ante las provocaciones y salir ileso de las acusaciones.
De todas maneras, negó el cambio climático y se mostró reacio a la reducción de la jornada laboral con argumentos de escasa validez y con un tono irónico propio de su estilo. «Si los socialistas supieran de economía, no serían socialistas. Es tu caso, Myriam», se mofó. «Si con menos horas se crearan más puestos de trabajo, aprobemos la jornada laboral de una hora», retomó acto seguido. Su actitud provocó la intervención de Massa, una de las que más frases repercusión tuvieron en redes: «Javier, hasta acá llegaste. Dejá de faltarle el respeto a las mujeres», lo cruzó el candidato de Unión por la Patria. Contra Bullrich, Milei también atacó sin piedad, al endilgarle un pasado de «montonera asesina».
La otra intervención fallida del candidato fue cuando se debatió sobre el cambio climático, tema que negó de plano. Por el contrario, se lo atribuyó a un estadio natural del planeta y habló de «marxismo cultural». De esta manera, volvió a referirse a una temática que forma parte de la agenda pública de todos los sectores partidarios como una demanda «del socialismo». «Todas esas políticas que culpan al ser humano del cambio climático son falsas», pronunció erróneamente el candidato.
Un cruce poco destacado de todo el envío fue el de Massa con Schiaretti, por una deuda que conserva el gobierno nacional con Córdoba. En esa disputa pudo observarse una lucha por los votos cordobeses, donde Massa debe recuperar terreno y Schiaretti quiere descontarle a Milei, ganador en su provincia.
El punto más alto del tigrense estuvo en su oralidad, y su nula tendencia a la lectura, una actitud adoptada por Milei y Bullrich que no tiene buena recepción en la audiencia. Mucho menos en el minuto final, donde los candidatos miran a cámara y tienen su última oportunidad para pedir el voto ciudadano. Por otro lado, una nueva modalidad que implementó el ministro de Economía fue la de utilizar la gestualidad mientras le hablaban sus contrincantes, efectuando un gesto de negación con la cabeza y su dedo índice cuando oía datos erróneos sobre su gestión.
En definitiva, el segundo debate mostró un saldo donde primó continuidad en el estilo de las presentaciones, pero con un tono más agresivo en la propuesta y las réplicas. Hubo más confianza y soltura en las exposiciones, pero bajo el corset del ensayo, la diagramación y el estudio previo.
Nuevamente, las formas importaron más que el fondo y las frases más resonantes fueron las que involucraron humoradas, golpes bajos y posturas beligerantes. El núcleo duro fue el principal destinatario y conservarlo, la premisa; aunque con un llamado a la unidad nacional de Massa y una seria disputa entre Bullrich y Milei por un mismo tipo de votante.