Ante la sostenida negativa de los legisladores a aprobar una suba general de impuestos, este martes el gobierno de Michel Temer confirmó la modificación de sus metas fiscales, reconociendo un crecimiento del déficit para 2018 y 2019. También se redujeron las previsiones de crecimiento para el próximo año del 2,5 al 2% al tiempo que, como muestra de compromiso con la disciplina fiscal, se anunciaron nuevos recortes del gasto público.
Después de atravesar la mayor crisis recesiva de la historia del gigante sudamericano, explicada por numerosos analistas por los escándalos de corrupción que siguen rodeando al gobierno del sucesor de Dilma Rouseff, Henrique Meirelles (ministro de Hacienda) confirmó que la recaudación de 2017 estuvo “por debajo de lo esperado”. “Lo que sucedió es que tuvimos una sustancial caída en los ingresos fiscales en lo que va de 2017. Además, contamos con proyecciones de pérdidas (empresarias) de gran nivel y, por lo tanto, mayores dificultades en la capacidad contributiva de las compañías”, justificó.
Meirelles anunció la corrección del objetivo de déficit fiscal primario para este año de 139.000 millones de reales a 159.000 millones de reales (casi 50 mil millones de dólares), manteniéndose la previsión para 2019 cuando el objetivo previo era de 129.000 millones de reales, objetivo que ahora se trasladó hasta 2019. Los proyectos de lograr superávit fiscal en 2020 quedaron archivados en un escenario en el que la deuda pública sigue creciendo en vez de reducirse.
Como intentos de paliar el aumento del déficit fiscal, los anunciados recortes de gasto público incluyen el congelamiento de los salarios estatales por un año, la eliminación de 60 mil cargos públicos y la elevación de los aportes jubilatorios de los estatales. Recientemente también se incrementaron los tributos PIS/Cofins sobre los combustibles, en una medida que apunta a generar ingresos para el estado en el orden de los 10 mil millones de reales anuales pero que también generó un inmediato repudio en la población del país hermano.