El radicalismo pierde peso en la Cancillería

El corrimiento de los miembros de la Unión Cívica Radical (UCR) de las áreas del Gobierno no solo alcanzó en el último tiempo al Gabinete, sino que comenzó a trasladarse a otras dependencias, y varias áreas. La última de ellas: la Cancillería.

La llegada del nuevo ministro, el funcionario de carrera pero con estrechos vínculos con el peronismo, Jorge Faurie, le dio un estirpe cercana al PJ, un giro que para varios en “La Casa” era esperado por el pasado también del Canciller en las sombras, el secretario de Asuntos Estratégicos de la Jefatura de Gabinete, Fulvio Pompeo.

Sin embargo en los últimos días varios embajadores de carrera, cercanos al radicalismo, fueron llamados para regresar a Buenos Aires ya que se habían designados su reemplazo. Uno de los casos que más sorprendió fue el de México, que hacía menos de dos años que estaba en destino, y volvió hace dos semanas.

“Nadie quiere decir que hay una limpieza, pero da esa sensación por los nombres y el tiempo en los destinos”, le dijo a éste medio un ministro plenipotenciario. La sorpresa es aún mayor para quienes comulgan con el radicalismo quienes luego de la renuncia del ex vicecanciller y boina blanca  Carlos Foradori estaban convencidos que no pasaría a mayores.

“En 2015 dimos una mano grande en la campaña, nos juntamos con Pompeo en Pensar para desarrollar estrategias y el plan de relaciones exteriores. En junio de 2016 nos dimos cuenta que no iban a cumplir con lo prometido, tragamos saliva y seguimos. Pero ahora vuelven a dejarnos en Pampa y la vía”, contextualizó la misma fuente.

«Entregaron el partido por tres cabinas de peaje y el onceavo lugar de la lista de concejales en Berazategui», afirmó un alta fuente radical enojada desde un principio con el pacto de Gualeycuachú en donde la UCR y el PRO en 2015 llegaron a un acuerdo.

Sólo algunos de los radicales tradicionales lograron sortear esa situación, aunque no fueron la mayoría. Uno de ellos el representante ante la Unión Europea, Mario Verón Guerra, que de Bruselas se irá a París.

Desde la asunción de Mauricio Macri en la Cancillería primó un modelo de austeridad en cuanto a la cantidad de traslados por año. En promedio, por cada diplomático que muda su casa a un destino se gastan U$S 50.000. Sin embargo, esa regla no se cumplió para las designaciones políticos.

La partida de la ex Canciller, Susana Malcorra, según cuentan fue uno de los motivos que terminó por acelerar el proceso de «remoción» del radicalismo de la Casa. Inclusive, su pedido de que el embajador argentino en los Estados Unidos sea alguien de carrera, lo que tuvo un aval presidencial en un principio, terminó trunco aún cuando uno de los principales representantes del radicalismo, respetado en la Casa Rosada, como es el ex Canciller Dante Caputo, felicitó al mandatario por esa intención de darle prioridad a «los de carrera». Lo mismo hizo el ex vicecanciller Fernando Petrella

 

 

Scroll al inicio