Por Nadia Quiroga, periodista feminista.
La media sanción en la Cámara de Diputados podría decirse que nos tomó por sorpresa a quienes aguardamos durante horas el debate en la Plaza, entre cientos de miles de compañerxs. El rechazo de la Cámara de Senadores, no. Era previsible pese a todos los esfuerzos, enormes, de las compañeras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Libre, Seguro y Gratuito. Sin embargo al momento de la votación, muchas experimentamos esa sensación de angustia propia de la injusticia, la bronca, la desazón, el desconsuelo. Pero aquí, compañeras, creo que el árbol no debe taparnos el bosque.
No perdimos, apenas sufrimos las consecuencias de una nueva resistencia del sistema eclesiástico y patriarcal, que se aferra con uñas y dientes al poder y el statu quo, a través de las bancas de nuestrxs legisladorxs. Escuchamos los más sórdidos ¿argumentos? en contra del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, lxs vimos meterse con nuestros cuerpos, con nuestros deseos, con nuestros proyectos de vida, en nombre de Dios, la(s) Iglesia(s) y la moral. Escuchamos cómo hablaban del acceso a los métodos anticonceptivos pretendiendo desconocer que no todxs lxs argentinxs tienen acceso a los mismos, que tenemos una Ley de Educación Sexual Integral que no se cumple, que sus realidades no son las realidades de todxs.
Pero las calles volvieron a ser nuestras. Nuevamente la marea verde copó los alrededores del Congreso, bajo la lluvia, el viento y el frío. Y copó el país de la mano de todas las compañeras que no pudieron estar ahí afuera pero estaban, más presentes que nunca. El aborto seguirá, por ahora, siendo clandestino, por decisión y responsabilidad de quienes “nos representan”. Pero logramos sacarlo de lo oculto, lo tabú, lo pusimos en el centro de la escena, lo trajimos a los lugares de trabajo, a las escuelas (mal que les pese), a las mesas familiares. Empezamos a desandar el camino de desestigmatizar a las compañeras que abortaron.
La(s) Iglesia(s) resisten. Y lo bien que hacen si apuestan a no perder el poder construido en miles de años, mientras de hablan de defensa a la vida sin resistir a ningún tipo de archivo, mientras expresan una preocupación por lxs niñxs que, digamos solamente, no es genuina. Sin embargo, vemos, en “les pibites” a una generación a la que de verdad no representan, a la que no tienen llegada, con la que ya saben, perdieron. Ellxs, nuestrxs futuros gobernantxs, ya no tendrán que votar en un tema que vaya contra los presuntos mandatos éticos de la(s) Iglesia(s) y sus dioses, aclarando que son “católicxs” y “creen en Dios”.
No fuimos nosotrxs lxs que perdimos cuando ganamos las calles, cuando exigimos el cumplimiento de nuestros derechos, cuando reclamamos que dejen de legislar sobre nuestros cuerpos, cuando pedimos que no impongan mandamientos basados en supuestos a nuestros deseos. No fuimos nosotrxs, lxs que nos convencimos de que no era imposible y salimos a la calle a pelear, a militar, a cantar, a gritar, a exigir, a pintar paredes, quienes ayer sufrimos una derrota.
Estamos hoy más enterxs que nunca, porque ningún proceso histórico se da de un día para otro y porque seguramente como protagonistas de este tiempo, no seamos siquiera capaces de dimensionar lo que está pasando. Serán nuestrxs nietes los que puedan saber lo que implicó la revolución feminista para la historia social y política de la Argentina, y de toda la América Latina.
Hoy llevamos nuestros pañuelos verdes con orgullo, con reconocimiento de las compañeras, con hermandad, con alegría. El aborto libre, seguro y gratuito será ley, porque nosotras lo decidimos. Y la Iglesia y el Estado, al fin, serán asuntos separados.