Aunque el ex presidente Luis Inacio “Lula” Da Silva está en prisión hace cuatro meses, condenado por actos de corrupción, su incidencia sobre el electorado brasileño no sólo no se han debilitado sino que, por el contrario, las últimas encuestas muestran un fuerte crecimiento de la intención de voto a su favor.
La encuesta que mejor posiciona al ex presidente es la dada a conocer este miércoles por Datafolha en base a 8.433 entrevistas, que confirma un 39% de intención de voto, aumentando 9 puntos en relación con los resultados de junio.
Por otra parte, tanto una reciente encuesta de Ibope como otra de CNT/MDA indican que Lula tiene un 37% de intención de voto a nivel nacional, tras el comienzo de la campaña electoral. En el caso de que el Tribunal Electoral le prohíba al ex presidente brasileño condenado a 12 años de prisión continuar formalmente con su candidatura a presidente crecen las posibilidades del referente ultraderechista Jair Bolsonaro, que con Lula preso pasa del 18 al 20% de intención de votos. El resto de los candidatos (Marina Silva, Geraldo Alckmin, Ciro Gomes o Henrique Meirelles) fluctúan en cifras de entre 1 y 6%.
En caso de que Lula no pueda jugar personalmente en las elecciones, será determinante el trasvase de votos que pueda generar su aprobación y apoyo a otro candidato. En ese punto, todas las miradas están puestas en el exalcalde de São Paulo Fernando Haddad, que hoy tiene por sí mismo un escaso 4% de intención de voto. Hay muchas dudas respecto de la efectividad del trasvase de votos de Lula a un reemplazante. Sólo el 31% de los electores del ex presidente aceptan que votarían por un candidato señalado por éste, mientras que el 48% reconoce que no acataría una consigna de voto de este tipo.
En una elección sin Lula, las posibilidades favorecen a Bolsonaro que ganaría con 20 o 22 puntos seguido por la ecologista Marina Silva, quien según algunas previsiones respecto de la segunda vuelta electoral, prevista para el 28 de octubre, lo derrotaría por 45% a 34%.
La incertidumbre que afecta a la elección presidencial del próximo 7 de octubre también está golpeando fuertemente a los mercados brasileños, logrando esta semana que el dólar tocara su pico más alto en dos años (desde el impeachment a Dilma Roussef), cotizando por encima de los 4 reales.