Por Rubén Pereyra
El votante argentino de clase media, ese que suele definir elecciones y cambios políticos, nuevamente les dio la espalda a las ideologías y votó con un ojo en la urna y otro en la góndola del supermercado.
La situación económica inclinó violentamente la balanza hacia el lado del peronismo. El oficialismo se quedó sin defensa ante tanto descalabro provocado por él mismo. No otro cosa que la economía puede explicar la tremenda paliza electoral que sufrió el gobierno de Cambiemos (hoy reciclado electoralmente en Juntos por el Cambio) a nivel nacional en las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO): sólo se impuso en dos distritos: Ciudad de Buenos Aires y Córdoba, y perdió aun en aquellos lugares donde gobiernan aliados suyos, como Jujuy y Mendoza.
Meses antes de la campaña ya las dos fuerzas mayoritarias pugnaban por instalar en la agenda los temas de su conveniencia: la tarea más ardua estaba del lado de Mauricio Macri, pues debía instalar temas no económicos con una inflación por arriba del 50%, con un dólar inestable y con la desocupación y la pobreza, continuamente hacia arriba.
No hubo medida tibia a la que apelar para torcer el voto bronca que se veía venir. El gobierno apeló a las pocas herramientas que le deja su ortodoxia económica para paliar la debacle: no lo logró.
Macri, Vidal y compañía intentaron poner en práctica distintas estrategias para recuperar el voto del 2015, que se le escurría como el agua entre los dedos. En uno de los últimos spots de campaña, los candidatos de Juntos por el Cambio llegaron a pedir favor que los voten. Todo un símbolo.
La economía definió la elección una vez más, y eso es indiscutible. Tan indiscutible como la reacción de los mercados el día lunes. El Círculo Rojo había jugado fuerte para Mauricio Macri, lo mismo que el FMI, y ahora deberán ir ambos, con el rabo entre las piernas, a negociar con el nuevo gobierno medidas para salir de la recesión, unos, y un buen acuerdo de pago de la deuda externa que contemple el crecimiento de la economía, otros.
Ante el incendio económico del lunes, ¿cuáles eran las reacciones esperables? Cautela, en primer lugar; y medidas muy concretas para calmar las aguas. Por supuesto, quien debía dar una señal unívoca en ese sentido debía ser el gobierno, pues es quien tiene las herramientas, es decir, quien gobierna, quien tiene en sus manos las decisiones ejecutivas para ello.
Sin embargo, fue un economista de la oposición, Matías Kulfas, la única voz que quiso llevar tranquilidad: “Creemos firmemente en la voluntad de pago y en respetar los compromisos de la deuda externa», manifestó quien es uno de los asesores económicos del equipo de Alberto Fernández, candidato presidencial del Frente de Todos.
El gobierno, muy por el contrario –salvo por la conferencia de prensa muy medida y estudiada de Maria Eugenia Vidal–, salió con los tapones de punta a intentar apagar el incendio con nafta. Las declaraciones de Mauricio Macri ya fueron ampliamente criticadas y cubiertas por todos los medios, incluido por supuesto Informe Político. Lo que menos hizo el presidente es tener un gesto de mesura ante el delicado momento político que se avecina para su gobierno. Lejos de asegurar una transición ordenada, Macri parece querer lo contrario, si bien por lo bajo se dice que su única ambición, hoy en día, es terminar su mandato como el primer presidente no peronista que no deja antes el poder.
Si se produce el cambio de gobierno casi inevitable a esta altura, no sólo será una ardua tarea gobernar, sino que también el mundo político se debe un exhaustivo balance de esta etapa. En futuras notas, podremos abordar diferentes tópicos, pero podemos aquí señalar algunos puntos.
–De una vez por todas, la economía tendrá que dejar de bailar el ritmo que le marque la restricción externa y, para no entrar en crisis cada década, deberá arbitrar los medios económicos para que el valor del dólar deje de ser un problema crónico en la Argentina.
–No sólo los economistas heterodoxos deberán poner las barbas en remojo, sino también los economistas liberales deberán plantearse si la única forma de acceder al poder político es a través de los golpes de Estado o las mentiras que en su momento dijeron Carlos Menem, luego Fernando de la Rúa y, más acá en el tiempo, Mauricio Macri.
–Tal vez sea hora de caracterizar que el electorado argentino está corrido del centro hacia la izquierda, al menos de 1983 a la fecha, y que los intentos de amagar con la izquierda para luego salir por la derecha nos llevan a crisis económicas y políticas más temprano que tarde.
–Como bien apuntó Macri, es necesario restablecer la confianza, pero no de los mercados, sino de la ciudadanía. Es mucho mejor votar ideas y proyectos antes que el candidato que no me convence pero es menos peor que el que está.
–Cuando la emergencia económica deje de ser un factor tan decisivo a la hora de votar, habremos empezado a transitar un camino nuevo, desconocido en la Argentina, pero ultra necesario para poder desarrollarnos como país independiente.