Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires el PRO hace gala de la implementación del metrobus para mostrar gestión y soluciones en el problema del tránsito, en Colombia, país pionero en la región en dicho sistema, bajo la denominación de BRT (Bus Rapid Transit) y conocido comercialmente como “Transmilenio” de Bogota aseguran que ha fracasado.
En recientes declaraciones al diario chileno La Tercera, Manuel Sarmiento, miembro del Concejo de Bogotá D.C., explicó que Transmilenio “fracasó dadas las limitaciones de los sistemas BRT en variables como capacidad y velocidad. En troncales como el de la Avenida Caracas, la demanda de viajes es aproximadamente 50 mil pasajeros hora sentido (PHS), lo que supera la capacidad técnica del Transmilenio, que es de aproximadamente 30 mil PHS, lo que ha llevado a un servicio de pésima calidad”.
El sistema también enfrenta otros problemas, como el hacinamiento en unidades y estaciones (hasta ocho pasajeros por metro cuadrado, afirman), los altos tiempos de espera, bajas velocidades comerciales, evasión tarifaria y delincuencia.
Todo esto a pesar de que el sistema colombiano es mucho más parecido a un BRT modelo que el Metrobús porteño: a diferencia de este último, posee estaciones cerradas con preembarque de pasajeros (pago antes de abordar las unidades, mediante molinetes), infraestructura dedicada completamente aislada del tráfico particular y unidades articuladas y biarticuladas en recorridos troncales que funcionan como “líneas”.
Sarmiento, consigna el sitio web “En el subte”, hace responsable de las falencias a las decisiones tomadas por el entonces alcalde “Enrique Peñalosa, quien hoy ocupa el mismo cargo, y quien decidió cambiar el proyecto del metro por el de corredores exclusivos para buses articulados (BRT). El objetivo era sustituir al metro como columna vertebral del modo de transporte”, explicó.