Argentina vuelve al mundo: Alberto Fernández y los vínculos internacionales

Por Rubén Pereyra

“No creo en las casualidades”, dijo Alberto Fernández ante la multitud que durante varias horas esperó en la calle, frente al bunker del Frente de Todos, para recordar que hoy, 27 de octubre, cumple años el ex presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva, preso por el régimen de Jair Bolsonaro.

El presidente electo de la Argentina eligió la calle para mostrar de entrada cuál será su alineamiento internacional. Minutos antes, su compañera de fórmula, Cristina Fernández, felicitó al reelecto presidente de Bolivia, Evo Morales.

Como siempre, aunque diferentes gobiernos han intentado negarlo, la suerte argentina está atada a la suerte de la región. Los procesos de lucha en Ecuador y Chile, las elecciones en Bolivia, Argentina y Uruguay, están hablando de una nueva coyuntura política, de rompimiento cultural con el neoliberalismo propiciado desde el Norte para la región, pero que no aplica en la economía norteamericana.

No es casual –como dijo Alberto– que el binomio ganador haya elegido la calle para explicitar la orientación de su política internacional. En los discursos dentro del bunker se hizo mención a la economía, a la transición y a alertarle al presidente Macri que no saque los pies del plato ni dinamite la economía antes de dejar el poder.

Por lo pronto, el tan anunciado feriado cambiario no ocurrirá. Lo que sí ocurrirá es la vuelta del cepo: habrá un tope de compra de 200 dólares por mes para personas físicas y 100 para la compra en efectivo.

La orientación política internacional, decíamos, será sostenida desde la calle, como lo hizo el gobierno de Néstor Kirchner, cuando los presidentes latinoamericanos eran tan populares en el país como el mismo gobierno argentino.

No está dicha la última palabra en cuanto a modelos económicos y, si bien es auspicioso que Ecuador y Chile se hayan levantado contra las recetas del FMI y hayan jaqueado a sus gobiernos neoliberales pro Fondo Monetario, queda mucho camino por recorrer para que América latina comience a transitar la senda de la independencia económica y la justicia social.

Recordemos, por si hace falta, que vivimos en la región más desigual del planeta. Es, quizás, la región con más recursos naturales, con reservas de petróleo, gas y agua, entre otras riquezas; pero no logra que sus habitantes vivan dignamente y mantiene niveles de pobreza demasiado elevados, casi insoportables.

El desafío de la región, y en especial ahora de la Argentina puesto que Brasil tiene un presidente que lleva a ese gran país a estrellarse contra su propia grandeza, será fortalecer un modelo inclusivo, que genere los dólares para poder industrializar, agregar valor a sus materias primas, sustituir importaciones, proteger lo que haya que proteger y salir al mundo a vender no sólo productos primarios sino también productos manufacturados.

La salida de ese péndulo del que hablan tantos economistas y politólogos es lo que puede hacer avanzar a la Argentina hacia un futuro más venturoso. Si, en cambio, el gobierno de Alberto Fernández repite viejas recetas de gobiernos populares sin desarrollar la industria y basándose sólo en la exportación de productos primarios, más tarde o más temprano surgirá un nuevo Macri, quizás con otro nombre, que venga a proponernos algo diferente para hacer otra vez lo mismo: endeudar al país y empobrecerlo.

Va a gobernar la provincia de Buenos Aires un economista brillante, Axel Kicillof, un dirigente político intachable, que deberá lidiar con la provincia más grande y más desigual del país. Kicillof es tal vez la apuesta más importante del kirchnerismo para el futuro, es el cuadro más preparado para gobernar la Argentina, pero para eso falta mucho: deberá primero demostrar que la ingobernable Buenos Aires puede ser el trampolín que haga avanzar al país entero.

Si la dupla Fernández-Kicillof logra sus cometidos, se podrá empezar a pensar que el péndulo que nos tiene presos desde hace más de 50 años entre empiece a quedarse quieto. Que, entonces, la Argentina habrá elegido un modelo para vivir las próximas décadas gobierne quien gobierne, como han hecho todos los países que han desarrollado su economía.

Una vez más la Argentina puede ponerse de pie. No está sola. Al otro lado de los Andes se teje una esperanza y en el resto del continente se teje otra. Será cuestión de mirar para el lado que más nos conviene.

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