El triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires le permitió a Julio Garro y Carlos Arroyo hacerse de las intendencias de La Plata y Mar del Plata, respectivamente. Hoy, las gestiones de ambos jefes comunales se han convertido en un constante dolor de cabeza para la gobernadora y hay un fuerte temor por la cantidad de votos que les pueden hacer perder de cara a las elecciones de este año.
La de Carlos Arroyo es una de las peores gestiones en toda la provincia, el creciente desempleo, la inseguridad y una floja campaña de verano son un combo explosivo al que se le suman enormes fallas en la administración. Incluso, mediciones realizadas en Mar del Plata arrojan un rechazo del 70% para la gestión del intendente macrista. Similar es el caso de Julio Garro, quien no logra encaminar la gestión y recambió gran parte de su Gabinete hace unas semanas para intentar relanzarla.
Desde el entorno de la gobernadora estiman que entre ambas gestiones se pudieron haber perdido más de 500 mil votos respecto a las elecciones en las que Vidal derrotó a Aníbal Fernández en 2015.