Massa no quiere volver a tropezar con la misma piedra

Por Laura Beherán

Sergio Massa mira expectante toda la situación y hace un extenso repaso mientras recorre la feria del campo en San Nicolás: Expo Agro. No se olvida que fue jefe de gabinete de Cristina Fernández de Kirchner y que conoce y conoció al matrimonio presidencial como pocos, y a todo su círculo, a quienes endilgó haber inducido al caos en que terminó el acto de la CGT. Tal vez, porque los conoce bien, no quiere estar de ese lado. Pero tampoco del otro: el romance con Macri y el viaje a Davos quedaron muy pero muy lejos. Y está difícil para continuar por el camino que tantos beneficios le trajo hasta acá: el camino del medio.

En este contexto Massa  sabe que es riesgoso surfear entre ambas aguas crispadas como lo hizo durante mucho tiempo, pero sabe que es  momento de cambiar si esto  ya no resulta, porque en parte,  todo lo que pasó y sigue pasando lamentablemente es producto de la famosa y violenta grieta: estás de un lado o estás del otro. Con lo cual es probable que hacia octubre haya una marcada polarización y no haya más que dos trincheras donde refugiarse.

La exacerbada realidad, lo sacó, en parte, de la cancha, porque además, dos de los tres integrantes del “triunvirato” pertenecen al Frente Renovador que él conduce y es lógico entonces que compartan con él las pérdidas de este acto fallido. Por más que él intente ponerse como un observador objetivo y diga que “es muy sano que quienes asisten a un acto interpelen a los que están arriba de una tarima”, él también es uno de los cuestionados no sólo por haber dejado llegar a Macri hasta acá, sino por haber colaborado en muchos de sus avances.

Y Massa no quiere volver a perder. Tuvo todo para ganar y perdió. Perdió su capital político, el que ganó en las elecciones del 2013 y no pudo llegar a la presidencia en el 2015. Algo así como lo que le pasó a De Narváez en 2009 cuando en medio de la 125 le ganó a Néstor Kirchner pero su capital también se dilapidó rápidamente después de la elección de medio término. Massa  se reconstruyó pero no puede permitir que lo fagocite otra vez la dinámica eterna de los antagonismos de la política argentina. Esa es su batalla.

De hecho algo de eso está ocurriendo. Que Cristina tenga bastante más de 30 puntos de intención de voto, es un poco eso. El crecimiento y la buena acogida de Cristina en más de un tercio del electorado no tiene más que un sólo responsable: Macri. Macri y sus políticas económicas. Macri lo hizo.

Y así la grieta continúa. De  que hoy  estemos mal, tal vez el gobierno y sus simpatizantes pueden responsabilizar al gobierno anterior, pero de que las cosas parecen ir cada día peor, ya no. Son dos miradas. Y entonces cuidado, porque cuando el Peronismo se quite el Karma de la pesada herencia seguramente  volverá a encontrar un líder y a reconstruirse como lo ha hecho históricamente.

En medio de esta vorágine, el armador tigrense insiste en replantearse como una verdadera alternativa, quiere marcar agenda pero no le está siendo fácil.  Por eso estos días no se privó de una pequeña picardía: difundir varias encuestas  donde él junto a Margarita Stolbizer está primero en las preferencias del electorado (45%), luego su ex jefa en dupla con Daniel Scioli (37%), y por último los referentes de Cambiemos, con la opción Lilita Carrió o Jorge Macri (18%).  Esa es una de sus apuestas  en el intento de desmentir la polarización que poco a poco inevitablemente parece irse expandiend

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