Chile: La irrupción de la izquierda independiente le quitó a la derecha el poder de veto en la Convención Constitucional

Las elecciones de Chile de este fin de semana implicaron un verdadero terremoto político en el país transandino, con un indiscutible crecimiento de las opciones de izquierda, especialmente la vinculada al inmenso movimiento popular que conmocionó al país al inicio desde octubre de 2019, y una catastrófica derrota para las derechas y el gobierno de Sebastián Piñera, incluso reconocida por el mismo presidente. Ninguna de las encuestas previas anticipó este resultado, pese al desprestigio evidente del Gobierno ante la masiva irrupción social que comenzó como resistencia al aumento de los pasajes y terminó cuestionando íntegramente el sistema chileno.

Las elecciones del sábado 15 y domingo 16 fueron en cuatro niveles simultáneos: para renovar alcaldes, concejales y gobernadores regionales, además de elegir una Convención Constitucional para redactar una nueva Constitución para la República, que reemplace a la vigente Constitución pinochetista de 1980. La atención mundial estuvo centrada sobre todo en esta última elección, aunque también en otros ítems la jornada electoral presentó importantes sorpresas.

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Para estas elecciones constituyentes la derecha y la extrema derecha se habían presentado unificadas con el lema Chile Vamos pensando que de esta forma aseguraban superar el tercio de la Asamblea necesario para garantizarse el derecho de veto que les permitiría contralar las iniciativas más radicales de la izquierda (el mecanismo para la nueva Constitución establecía que debía ser validada cómo mínimo por dos tercios de los votos). La sorpresiva elección de este domingo apenas le entregó un 23% de los votos a esta alianza que expresaba las posiciones del oficialismo, lo que equivale a apenas 37 escaños sobre los 155 en juego.

Otra de las sorpresas de la jornada pasó por un cambio en los equilibrios históricos de la izquierda y centroizquierda chilena, ya que la lista conjunta entre el Partido Comunista y el Frente Amplio (la izquierda surgida de los movimientos estudiantiles y sociales de la década de 2010) logró un 18% de los votos y 28 electores. Los partidos de la antigua Concertación (gobierno en Chile entre 1990 y 2010) lograron sólo 25 escaños (15 del Partido Socialista y apenas 2 de la Democracia Cristiana).

Pero lo que ninguna encuesta previa supo predecir fue sobre todo el crecimiento de la izquierda “independiente”, con listas surgidas del proceso social que conmocionó al país en los últimos 18 meses, que pasó a representar por sí sola al último tercio de la asamblea, con 48 escaños. Este inmenso caudal de votos da cuenta del repudio a los partidos tradicionales que se consolidó en el país vecino en los últimos años. Los candidatos de la “Lista del pueblo” (una alianza de representantes de los movimientos sociales y de la sociedad civil organizada, incluyendo a varias figuras del feminismo) lograron 24 escaños. Alondra Carillo, referenta de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo, también logró su banca por una lista compuesta por independientes y movimientos sociales. La representación femenina fue tan masiva que incluso la aplicación de la llamada “corrección de resultados por sexo” implicó que 11 mujeres debieran ceder sus escaños a candidatos varones.

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Estos resultados garantizan que el debate para ir hacia una nueva constitución no esté condicionado por el derecho a veto al que aspiraban las derechas y el gobierno de Piñera, debiendo jugarse con mucho más claridad en la lógica de alianzas entre los distintos sectores de la izquierda y centroizquierda tradicional en relación con los nuevos representantes surgidos del movimiento social del último año y medio.

Está previsto que la Convención Constitucional surgida de las urnas sesione entre 9 y 12 meses, por lo que las elecciones generales de noviembre de este año seguirán organizándose con el mecanismo tradicional, en el marco de una fuerte crisis de la política tradicional, que podría deparar numerosas sorpresas.

La crítica al sistema político también se manifestó en las elecciones municipales y de los gobernadores regionales. En Santiago, la activista feminista y comunista Irací Hassler se impuso claramente sobre el candidato de derecha Felipe Alessandri. En Valparaíso fue reelegido con comodidad Jorge Sharp (un referente de izquierda antineoliberal), lo mismo que el dirigente comunista Daniel Jadue en la región metropolitana (con más del 64% de los votos). En la elección de gobernadores, fue importante el triunfo del activista medioambiental Rodrigo Mundaca en Valparaíso. También fue representativa de la crisis de legitimidad del sistema de partidos chileno el nivel de abstención histórica registrado, con un 61,4% del electorado. En algunos municipios se llegó a alcanzar hasta un 70%.

Las primeras reacciones de los mercados a la derrota de los voceros de la derecha y del neoliberalismo, contrastado con un inesperado avance de una izquierda novedosa para la que no hay parámetros de análisis, expresaron claramente la sorpresa y la preocupación del establishment económico hacia el futuro, con un desplome de la cotización del peso chileno y de los bonos soberanos de ese país. Desde JP Morgan consideraron que una Convención Constitucional ‘independiente’ “sugiere un régimen de mayor incertidumbre por delante”.

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