Los números no son positivos para el petróleo en el país: la producción cayó un 6,5% interanual en relación a febrero del año pasado y los niveles ya son similares a los de 1991, pero, como indican técnicos de la industria, «con costos de estructura superiores a los de aquella época. La tendencia de declinación fuerte retomada en mayo 2016 tras un 2015 estable consolida un proceso del que será difícil salir, y que desembocará en una tendencia importadora más marcada».
Si bien hubo una caída de la demanda e importantes huelgas (como en Chubut en noviembre de 2016 y en Neuquén este año), fue clave que YPF, la principal petrolera, bajara sus gastos operativos, debido a los malos resultados de sus balances. Además, se está focalizando en yacimientos no convencionales, en especial de gas.
Desde el Gobierno, afirman que la actual producción de crudo alcanza para abastecer a la industria local y confía que, con las facilidades para importar, provoque que nuevas empresas como la holandesa Trafigura, que ya está aprovechando una terminal de importación de GNL para también traer combustibles a través de su empresa Puma Energy, se sumen al negocio.