Ya sin Elena Highton de Nolasco, que está jubilada desde este noviembre con su renuncia aceptada y efectivizada, el máximo tribunal de Justicia será presidido por Rosatti, que pretende una Corte más ágil y dinámica y ya les hizo saber a Carlos Rosenkrantz, Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti que habrá acordadas semanales, pero sin el martes como día fijo.
El pasado viernes, a través del Decreto 747, el Poder Ejecutivo oficializó la aceptación de la renuncia de Elena Highton de Nolasco y Horacio Rosatti, el nuevo presidente del tribunal reducido en cantidad de miembros, quiere dejar atrás una tradición que viene de 1990, que es la tradicional «Acordada de los martes», que en tiempos pandémicos se desarrollaron de manera virtual.
En el Cuarto piso de la calle Talcahuano sostienen que ese cambio es sólo una instrumentación operativa, que busca darle mayor eficiencia al funcionamiento del tribunal y también, a modo de cambio de imagen, «acabar con las costumbres de otra época». Nadie lo dice, pero el fantasma de la década menemista (con su mayoría automática), suele sobrevolar los confortables despachos de los ministros.
De todos modos, no aparece en el corto plazo ninguna agenda vinculada a ampliación del cuerpo y el nombre de reemplazo de Highton de Nolasco quedó en las especulaciones iniciales, apenas conocida la carta de renuncia.
«Modernizar y flexibilizar», las ideas de Rosatti para la Corte Suprema, que tiene el desafío de hacer equilibrio entre las tensiones propias de un cuerpo con poco balance entre sus miembros, con la indefinición de una composición algo más definitiva que esta transitoriedad, y el ojo puesto en los humores sociales y la correlación de fuerzas que pueda surgir de las elecciones legislativas del 14 de noviembre.