El todavía embajador en Brasil asumirá el Ministerio de la Producción en lugar del renunciado Matías Kulfas. De la épica del ballotage contra Mauricio Macri, a poner fe y esperanza en el momento más difícil del Frente de Todos.
El 4 de diciembre de 1989 Daniel Scioli perdió su brazo derecho en un accidente de motonáutica en el Río Paraná. Pocos días después, internado en Buenos Aires, le propuso casamiento a Karina Rabolini. Pasó de creer que lo perdía todo, inclusive la vida, a imaginar que nada podía detenerlo. Aunque tuviera que aprender a vivir otra vez.
8 años después, Carlos Menem lo ayudaría, ya no como en el momento de la recuperación del accidente, sino con su ingreso a la política. Los 90 estaban en su máximo esplendor, con el cruce entre famosos, farándula y política. Si había habido un Palito Ortega y un Carlos Reutemann gobernadores de sus provincias, porqué no iba a haber un Daniel Scioli sentado en el Congreso de la Nación
Fue electo diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires en su primer cargo público, hace ya 25 años.
Luego vendrían su paso por el área de Turismo y Deportes del fugaz gobierno de Adolfo Rodríguez Saá, que se continuaría con Eduardo Duhalde.
A pesar de su pasado menemista, entre esa experiencia y el pragmatismo de Néstor Kirchner, llegaría su candidatura a vice, con la que acompañó al entonces gobernador de Santa Cruz en 2003 para enfrentar a su mentor político, a Carlos Menem, ganador en esa primera vuelta de 2003 y escapista del ballotage.
La era K
Desde el comienzo, Scioli la tuvo complicada en el gobierno kirchnerista. En agosto de 2003 anticipó un inminente acuerdo de tarifas y se mostró en oposición a la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. En las dos oportunidades fue en contra de lo que siempre sostuvo Kirchner y el Gobierno en general.
En ese entonces, le salió fuertemente al cruce el jefe de Gabinete de ese momento, quien dijo: “Existe, por lo menos, una diferenciación conceptual. Claramente, no es lo que piensan Kirchner y sus ministros”.
Las palabras de Alberto Fernández pueden aplicarse, casi dos décadas después, a su propia relación con Cristina, que se desarrollan extensamente en múltiples capítulos desde hace al menos un año y medio.
A Scioli le costó muy caro sostenerse en ese contexto pero nunca perdió, en público, ni el modo ni el temple.
En ese proceso, sentado en la presidencia del Senado, la tuvo a Cristina en una banca, ganada a Chiche Duhalde en 2005, lo que implicaba el fin de la alianza entre los santacruceños y el caudillo de Lomas de Zamora.
En 2007 y con las encuestas en la mano, Néstor Kirchner decidió que Scioli fuera el candidato en la provincia de Buenos Aires, en otro caso más de un «porteño» transplantado al territorio donde se desarrolla la madre de todas las batallas. Estaba el antecedente de Carlos Ruckauf en 1999, también llegado desde la vicepresidencia y luego serían María Eugenio Vidal y Axel Kicillof, los que tomaron el camino a La Plata.
La boleta de este año fue con Cristina como presidenta, hecho que se repitió en 2011 donde Scioli ganó su segundo mandato en el sillón de gobernador. En esos 8 años también soporto las críticas del kirchnerismo y la tentación de salirse del espacio, sobre todo en la crisis desatada en 2008 a raíz la la célebre Resolución 125 de Martín Lousteau, las retenciones móviles que desataron el conflicto con las patronales agropecuarias de la Mesa de Enlace. Quién cerraría el tema en el Congreso sería el mendocino Julio Cobos, con su voto no positivo, desde el sillón caliente del Senado, que en las últimas décadas desmiente una y otra vez a Domingo Faustino Sarmiento, en eso de que el vicepresidente está «para tocar la campanita en el Senado».
El premio mayor que no llegó
En 2015 el factor encuesta sería otra vez determinante para poner al nombre de Daniel Scioli encabezando la boleta del Frente para la Victoria. El año había comenzado con al menos media docena de candidatos anotados para llegar a la Casa Rosada después de los 8 años de Cristina.
Pero a todos, el instinto político de Cristina los fue dejando de lado. Ni Agustín Rossi, ni Sergio Urribarri, ni Jorge Taiana, ni Aníbal Fernández, ni Julián Domínguez, ni Florencio Randazzo tuvieron la bendición de ser ungidos como candiatos a la continuidad.
A uno de ellos Cristina le dijo que lo prefería, pero que Scioli medía más en las encuestas. «Tengo mis convicciones, pero a veces manda la política real», podría ser la explicación del momento.
A Randazzo le propusieron ser acompañado por Kicillof en la fórmula y si no aceptaba, que fuera a las PASO contra Scioli, a quien Cristina le puso a Carlos Zannini como garantía de línea política, una especie de marca hombre a a hombre.
Pero Randazzo no quiso internas, no aceptó tampoco ir a la Provincia y así, contra viento y marea, haciendo campaña contra propios y ajenos, Scioli ganó las PASO, ganó la primera vuelta pero no pudo evitar la derrota en el ballotage en noviembre de 2015 frente a Mauricio Macri.
Con el video del debate con Macri bien a mano, para ver como iba cumpliéndose todo lo que le había preguntado en la previa del ballotage a su rival, Scioli volvió a jugar con Cristina, dando otra muestra que lo suyo podrá tener características particulares, pero tiene un alto grado de lealtad. Fue quinto en la lista de candidatos a diputados nacionales en 2017, con la lista de Unidad Ciudadana que llevó a Cristina como senadora.
Desde la banca asistió a la designación de Alberto como candidato, lo acompañó con su entusiasmo y cuando Mauricio Macri ya era un expresidente, Scioli voló a Brasil a hacerse cargo de la Embajada. Tenía la misión de atemperar, fiel a su estilo, las rispideces declarativas y de conceptos entre el gobierno argentino y Jair Bolsonaro, al frente del país que además de vecino es el principal socio comercial.
Desde la Embajada, con su hiperactividad característica, Scioli fue tejiendo los lazos con sectores empresarios de ambos países. A los de acá los llevó a Brasil y a los de allá los acompañó a la Argentina donde, inclusive, hace pocos días, compartió recorridas fabriles con su ahora predecesor Matías Kulfas.
Asumirá en unos días y nadie es ajeno al momento de extrema delicadeza en términos económicos y políticos. Tal vez sea la hora, y en eso sí hay coincidencia, de poner garra y corazón al asunto.
Esperanza y optimismo en el lenguaje Scioli. El mismo idioma que habla desde que la vida lo obligó a vivir sin un brazo hace 32 años, que lo hizo recorrer cargos y pasar, de a ratos por la Presidencia, durante los viajes de Néstor Kirchner.
Esa misma Presidencia que acarició en 2015 y a la que ahora quiere volver, como titular y goleador. El Pichichi de La Ñata quiere ser la cara de la recuperación del Frente de Todos y la cabeza de la boleta en 2023.
Es con fe. El tiempo dirá si es con todos.