Por Marisú Ocaranza
A casi dos semanas de ocurridas las elecciones en Alemania el panorama es aún indefinido y las negociaciones para dar con el próximo canciller apenas han comenzado.
Es que, tal y como lo anticipó este medio a principios de año, el conservadurismo alemán, liderado por la emblemática Angela Merkel, tenía los días contados y muy pocas chances de salir victoriosos tras dichos comicios. En efecto la los vencedores indiscutibles fueron los socialdemócratas, quienes junto a los partidos verdes hicieron una muy buena elección rompiendo una racha de largos años de conservadurismo, sólo interrumpida entre 1998 y 2005.
Lo que se está dando ahora es, entonces, un proceso -tedioso- mediado por negociaciones no exentas de tires y aflojes de las que se desprenderá la coalición que deberá gobernar en la Alemania post Merkel. El sayo es grande. Estar a la altura de la futura ex mandataria no será fácil. Los dieciséis años de gobierno de la Canciller han puesto la vara muy alta.
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Su influencia en la Unión Europea durante el periodo en cuestión fue crucial e innegable: su palabra es palabra santa y su presencia puede mover el amperímetro. Pero lo más asombroso es que dicha influencia trasciende el Viejo Continente, atraviesa los océanos y se posiciona a nivel mundial. Si de las grandes potencias se trata, ha discutido con Vladimir Putin y dialogado con Donald Trump. Y viceversa. Siempre impoluta y firme.
De este lado del charco, el “efecto Merkel» no merma, y menos en lo que a Argentina se refiere. Es que la mandataria se ha relacionado en mayor o menor medida con los últimos presidentes que gobernaron el país. Para tener una idea, Angela Merkel asumió la cancillería de Alemania en 2005, cuando en Argentina todavía gobernaba Néstor Kirchner. Si, viéndolo de ese modo parece una eternidad. así de largo fue su mandato. Pero, ¿cómo fueron las relaciones con la Argentina y con cada uno de los distintos jefes de Estado?
16 de años de relaciones bilaterales
La pregunta es siempre la misma, ¿es el país o es el mandatario el que entabla las relaciones? ¿o es algo en realidad indivisible? Estas preguntas han formado parte de muchos estudios de política exterior. Cuánto influye el papel del líder, y cómo cambia este relacionamiento de acuerdo al personaje de turno.
Fue Alemania la que se relacionaba con la Argentina o era Merkel la que se relacionaba con cada uno de los sucesivos presidentes contemporáneos a su mandato. Es una pregunta que, dependiendo del contexto y la figura en cuestión puede contestarse muy fácilmente o de forma no tan clara.
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Merkel-Néstor Kirchner
En 2005 Angela Merkel asumió la cancillería de Alemania luego de que su partido ganara las elecciones federales gracias a una diferencia mínima con el SPD. Ese mismo año en Argentina tenía lugar el caso Skanska, y Néstor Kirchner era el anfitrión de la IV Cumbre de las Américas, esa que reunió a Hugo Chávez y George Bush, y en la que se debatió la pertinencia del ALCA. La misma cumbre que dio origen a la emblemática arenga del presidente venezolano. Así de alejado quedó el 2005.
Néstor Kirchner y Angela Merkel compartieron el mando de sus respectivos países durante 2005 y 2007, años en los que se encontraron personalmente solo una vez. En 2006 Néstor viajó a Viena en el marco de la IV Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea. Además de reunirse con otros mandatarios, el expresidente compartió una reunión bilateral con la Canciller. Ese mismo año, recibió a Frank-Walter Steinmeier durante su visita a la Argentina, fue entonces cuando se le solicitó renegociar la deuda con el Club de París sin que intervenga el FMI -con quien había ya saldado cuentas el año anterior-.
El hecho de que Néstor Kirchner se haya reunido solo una vez con la canciller alemana, en parte va de la mano con la línea de política exterior elegida por Néstor durante casi todo su gobierno, que priorizó -sobre todo- el regionalismo latinoamericano. Propio de la tendencia de la época, Néstor fue uno de los líderes principales de la llamada “Marea Rosa”, esa que compartió con Hugo Chávez, Evo y Lula da Silva. esa a la que apodaban orgullosos la ”Patria grande».
En 2010, a propósito del fallecimiento del expresidente argentino -y en un guiño de apoyo tardío al que había sido su gobierno-, Merkel aseveró que la figura de Néstor Kirchner había sido fundamental para que la Argentina saliera de la crisis económica en la que se sumergió en 2001. El mensaje fue remitido directamente a la entonces jefa de Estado Cristina Fernández, y rezaba: “La noticia de la súbita muerte de su marido me ha llenado de pena”.
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Merkel – CFK
En 2007 Cristina visitó Berlín en la que fue una de sus grandes actividades de campaña. Allí fue recibida por Merkel a los efectos de hablar nuevamente de la deuda con el Club de París. La premisa fue otra vez la misma: el refinanciamiento de la deuda y la posibilidad de correr de las negociaciones al FMI -sigla innombrable para el gobierno kirchnerista-. Cristina buscaba repetir la hazaña que Néstor había logrado en 2005, aunque esta vez desde el gobierno de Merkel respondieron negativamente a ese pedido. Pese a ello, el saldo del viaje resultó positivo; en ese momento, cuando Cristina era aún candidata, la foto con Merkel valía oro.
De acuerdo a muchos especialistas, durante los primeros años de gobierno de Cristina, Merkel fue un poco el modelo a seguir. Su liderazgo a nivel europeo y mundial. Su forma de gestionar, su estabilidad económica. Su parla.
En 2009, ambas mandatarias compartieron el ranking de las mujeres más influyentes del mundo, que anualmente publica la reconocida revista Forbes. Más tarde tuvieron un intercambio comercial de 3.310 millones de dólares (2.390 millones de euros). Y ese mismo año, con los coletazos aún vigentes de la crisis mundial de 2008, también se mostraron juntas en una gira presidencial en Chile, de la que participaron también otros presidentes de la región como Lula da Silva, Michelle Bachelet y Tabaré Vázquez.
La agenda en Alemania se repitió nuevamente en 2010, pero para entonces con Cristina como Jefa de Estado. En dicha oportunidad, el diario español El mundo publicó una nota sobre la visita de CFK, que tituló de la siguiente manera: “Angela Merkel recibe con honores en Berlín a Cristina Fernández de Kirchner”. Es que en ese acto la Canciller había dicho que las relaciones bilaterales entre ambos países eran muy buenas y que desde su gobierno buscaban profundizarlas. “La economía argentina se está desarrollando bien después de la crisis”, remató.
La visita duró tres días y, además de abordar cuestiones relacionadas a la cooperación en educación, seguridad e investigación, el eje principal de la vista fue -si, una vez más- renegociar la deuda con el Club De París corriendo del esquema al FMI. Una vez más también, la respuesta fue negativa.
La búsqueda en internet “Merkel + CFK” arroja una veintena de fotos que muestran a ambas dirigentes juntas sonriendo, se dan la mano, caminan a la par, se las ve rodeadas de banderas o avanzando por alfombras camino a algún encuentro protocolar. Es que además de compartir múltiples actos institucionales, reuniones y eventos internacionales, las mandatarias tienen otro rasgo en común: ambas lideraron un país históricamente gobernado por hombres.
En 2013 las mandatarias volvieron a compartir agenda cuando se encontraron en una cumbre que nucleó a representantes de la CELAC y de la Unión Europea.
Macri habló telefónicamente con Merkel, quien manifestó su apoyo a las negociaciones con el FMI
Macri – Merkel
En 2016 Macri viajó al país germano como parte de una gira oficial por el Viejo Continente. Allí se reunió por primera vez con Angela Merkel. El principal tema fue el de avanzar con las negociaciones del entonces aún incipiente acuerdo Mercosur – Unión europea. Uno de los objetivos que se había puesto Macri en su lista de prioridades. Muy en sintonía con su enfoque de política exterior que pregonaba el “volver a insertar a Argentina en el mundo». El apoyo de Merkel en ese sentido siempre fue primordial. En esa visita, además, firmaron una serie de acuerdos de cooperación.
Solo un año más tarde, el ex presidente Macri recibió a Merkel, en la que -según se jactó- fue la primera vez que la Canciller pisaba suelo argentino. Macri tomó la visita como una muestra de “afecto y apoyo” hacia su gobierno. Durante un acto en Casa Rosada, Macri habló del trabajo en equipo como un aspecto distintivo de los alemanes; y, a modo de espejo, destacó cómo en ambos países se respetaban tanto la democracia como los derechos humanos. Todo el discurso estuvo cargado de referencias a las bondades germanas, y gran parte a resaltar aquellos aspectos que hacían que los gobiernos se asemejaran. Macri abordó el cambio climático y ratificó el Acuerdo de París, habló de energías renovables, agradeció a las empresas alemanas que buscaban “invertir en el país”, y ejecutó un montón de otros giros discursivos que solo apuntaron a endulzar el oído de la Canciller.
Como respuesta, -y sin dejar de lado su sello de diplomacia y cortesía-, Merkel bromeó con el mundial 2014 y luego agradeció la cordial bienvenida al gobierno argentino. Más tarde eligió todas las palabras favoritas de Macri, y en un gesto cuasi inequívoco de acompañamiento, ratificó la idea del “camino transformador, fortaleciendo la economía y volviendo a abrir la Argentina al mundo”. Para cerrar el discurso, Merkel habló de cooperar para colaborar con un orden mundial más justo y lo coronó haciendo referencia al acuerdo Mercosur – Unión Europea, por entonces en pañales.
El encuentro entre ambos mandatarios se repitió el siguiente año cuando Macri viajó a Davos y se reunió con Merkel -y Bill Gates-. Algunos meses después, casi para fines de 2018, Merkel junto a una comitiva alemana visitó la Argentina en el marco del G20 reiterando su apoyo al mandatario. En ese contexto fue que se discutió algo muy esperado por la Argentina Macrista, que era el ingreso a la OCDE. Entre las palabras más escuchadas en las diversas reuniones bilaterales se encontraban, cooperación, inversiones, desarrollo, etc.
Todos estos giros fueron tomados por el macrismo como claras muestras de apoyo de Alemania, pero también del resto de Europa, hacia su gestión. Cabe recordar que uno de los caballitos de batalla del gobierno de Macri fue siempre la idea de que gracias a su gestión la Argentina volvería a abrirse y reinsertarse al mundo.
Merkel – Alberto ( y la pandemia)
El mundo todavía no había visto lo peor de la pandemia y los viajes diplomáticos se daban con cierta regularidad. Alberto Fernández visitó Berlín para encontrarse con Merkel en una misión de carácter económico financiero. Fue su primer viaje a Europa como presidente de Argentina y lo acompañaba Guzmán. Alemania fue una de las paradas clave.
¿Qué es el peronismo? Disparó entonces Merkel. Dicen que la pregunta descolocó a los presentes, y que lo que vino después fue todavía más inesperado. Algo confundida, la canciller remató el momento preguntando si se trataba de un movimiento de izquierda o de derecha. La respuesta de Alberto pareció despejar todas las dudas ya que inmediatamente Angela ofreció un brindis por “Alemania y Argentina”.
A principios de este año Alberto acudió a Merkel en el marco de las negociaciones con el Club de París, una vez más solicitó ciertas licencias para correr del medio al FMI. Sin embargo y sin vueltas Merkel esfumó -otra vez- esa posibilidad. Pese a la negativa, en esta oportunidad, la mandataria aseguró: “Junto a España, Portugal, Italia y Francia vamos a seguir apoyando a la Argentina para que encuentre un acuerdo sustentable».
La relación entre ambos países parecería estar dando un nuevo giro desde que Alberto asumió la presidencia. Con un plan de política exterior que apenas se estaba esbozando cuando la pandemia por Covid 19 irrumpió en este mundo, parecería que aún quedan cosas por definir. En ese sentido, la pandemia y los planes de contingencia o los modos de enfrentar la catástrofe sanitaria acercaron a unos y alejaron a otros; y -sin dudas- ralentizaron todas las jugadas en materia de relaciones exteriores. El tablero cambió, las reglas del juego también y claramente los jugadores. La carrera por desarrollar la vacuna salvadora y luego el uso político que se le fue dando fueron una clara muestra de ello.
Queda aún por definir quién será el nuevo mandatario de Alemania, y entonces habrá que hacer una nueva línea de juego. Una nueva estrategia, y ante un nuevo jugador.