En la interna del FdT, lo central es la política y no las formas

El debate de fondo entre Alberto y Cristina, los antecedentes y las proyecciones. Qué se juega con el debate abierto en el Frente de Todos.

Cuando Cristina anunció, el sábado 18 de mayo de 2019, que había «decidido acompañar en una fórmula a Alberto Fernández», la actual vice pateó el tablero de la agenda electoral y sembró un mojón inédito en la política, no solo de la Argentina, sino a nivel mundial.

No hay casos de relevancia, en los cuáles la principal líder de un espacio y figura central de las últimas dos décadas, haya secundado a otro candidato. Cristina lo hizo y, en otra de sus jugadas sorpresivas, rompió los esquemas y consolidó un espacio electoral, al que para ganar, solo le faltaba sumar hacia el centro, con Sergio Massa y otras figuras. Es decir, en un solo movimiento, ruptura y moderación. Igual que ahora.

Alberto apuesta a reconstruir la unidad del FdT y dijo que «no es títere de nadie»

A casi 3 años de ese anuncio, hoy es todo más complejo, porque los armados electorales pueden contener la fórmula del éxito, si combinan candidatos adecuados con ciertas expectativas, aunque sea las de negativas: cómo fué en ese 2019, poner como máxima consigna la de sacar a Mauricio Macri del gobierno.

Ahora, también es cierto que un armado electoral no implica automáticamente un gobierno eficaz. Herencia recibida, pandemia y ahora crisis y consecuencias de la guerra, son factores centrales que explican en parte situaciones del presente. Pero no exculpan a los dirigentes con responsabilidad de gobernar: las administraciones se asumen sin beneficio de inventario y la gestión se practica con lo que hay y no con lo que se quiere.

Ahí es donde se demuestran características de conservación o de ruptura. Y nadie puede decir que Alberto prometió una revolución. Hay, en todo caso, muchos Albertos a pedir de quien lo analice. Con la contracción no menor de ser el presidente de un país en el que los liderazgos suelen coincidir con lo que se llama el Sillón de Rivadavia.

Salvo en esta etapa, en el que Alberto no se animó, o no quiso, ponerse una remera que diga: «disculpe las molestias, estamos construyendo un líder».

El Presidente sabe que es un cargo temporal, al fin y al cabo todos lo son. Pero Alberto gobierna cada día con la marca a presión de una mirada política acostumbrada, la del kirchnerismo, a intentar mover el péndulo un poco más allá de lo que se supone los tiempos permiten. Como si hubiera una gimnasia de la voluntad atada a las convicciones, frente a un deber ser de las responsabilidades de la hora.

Alberto y Cristina

Hace semanas el murmullo se hizo ruido, aunque todavía no llegó a gritos no portazos.

La renuncia de Máximo a la jefatura del bloque del Frente de Todos en Diputados, implicó una seria advertencia para el Gobierno. Los votos en contra en la sesión donde la Cámara baja aprobó el acuerdo con el FMI, la carta explicando las razones y la tensión que fue en aumento. La correlación de fuerzas dejó a Alberto, en los votos, atado a la voluntad maniquea de Juntos por el Cambio, que como en toda disputa, metió su cuña para cobrar caro su apoyo al principio de salida del problema con el FMI. Justo ellos que lo trajeron sin consultar, fueron los garantes para pagarles sin cuestionar.

A la semana, cuando el debate llegó al Senado, las miradas se posaron en la propia Cristina. 13 votos en contra, la ausencia de la vicepresidenta en casi toda la sesión, incluido el momento de la votación y otra carta de los senadores, dejaron bien claro cuáles son las diferencias.

Ahora, muchos hablan que la única salida a esta crisis es un cara a cara entre Alberto y Cristina, que alguna vez estuvieron sin hablarse 10 años.

Por fuera de los despachos y las novelas de los llamados sin contestar, está la pragmática realidad, que tiene a dos sectores bien marcados.

Por un lado, muy pocos ganadores de las consecuencias de la crisis que, como en toda puja distributiva no se conforman y van por más. Los titulares y no los suplentes (como los definió Cristina cuando era presidenta), a los que Alberto convoca con más llamado al diálogo que con medidas de confrontación.

Y por el otro lado, el resto de una sociedad variada, con matices e intereses hasta en parte conflictivos entre sí, que también esperan definiciones de «la política».

Que solo puede salir de esta encerrona con debate, pero del profundo, y reconociendo que en una coalición como la el Frente de Todos hay miradas que expresan divergencias de concepto ante los mismos temas.

En la diagonal que dibujen para acercar posiciones puede estar la clave de una salida virtuosa. De lo contrario, habrá que concluir geométricamente, que las paralelas nunca se tocan.

Scroll al inicio