“He decidido que mi fórmula vicepresidencial sea Francia. Es la mejor candidata que hemos tenido en los últimos tiempos”, dijo. “Gracias a Gustavo Petro por asignarme esta responsabilidad”, le respondió ella.
Se trata de un triunfo fundamental para esta lideresa social que se dio a conocer por su incansable activismo contra los impactos ambientales de la minería en su municipio –Suárez, en el Cauca, del que tuvo que irse por amenazas de los violentos–, y que el pasado 13 de marzo obtuvo 785.215 votos en la consulta del Pacto Histórico, incluso por encima del ganador de la consulta de centro, Sergio Fajardo.
De entrada, este es punto a favor de Petro porque se trata de un impulso invaluable a tan corto tiempo de las elecciones. Además, da una muestra de unidad, un aspecto trascendental en unas elecciones tan reñidas.
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Pese a esto, la decisión final del jefe del Pacto Histórico no estaba tan clara. De hecho, él mismo había puesto distancias frente a la posición que siempre mantuvo Francia de que el segundo en votación debía ser la fórmula a la Vicepresidencia.
Entre otras razones porque la negociación sobre el cargo de ‘Vice’ es una de las cartas que utilizan en las presidenciales los candidatos que buscan que otras fuerzas políticas los apoyen. Y aunque Petro tiene en este 2022 un piso electoral de más de 5,6 millones de votos (los de la consulta, incluidos los de Francia), para llegar a la Presidencia de Colombia se requieren al menos entre 9 y 10 millones. Por eso todos los aspirantes están concentrados en consolidar alianzas.
Elegir a Francia como fórmula satisface sin duda las exigencias de una parte de las bases del Pacto que reiteradamente habían insistido en ello. Y en los cálculos de Petro seguro está el riesgo de que el discurso de su ahora llave vicepresidencial, que muchos consideran incluso más radical que el del mismo candidato, termine alejando a algunos sectores de centro.
La lucha de Francia Márquez contra la explotación minera y la defensa del medioambiente y el territorio la han convertido en la lideresa afrocolombiana más reconocida del país. La abogada, nacida en 1982, dice que siempre le ha tocado empujar la puerta, ponerse al frente, decir “aquí estoy yo”. Se dio a conocer en el 2018, cuando le fue concedido el Premio Goldman, considerado como el Nobel ambiental, pero desde los 15 años es una activista que lucha por la defensa de su territorio frente a los desmanes de la minería.
En el 2014 había impulsado una movilización que se conoció como la Marcha de los Turbantes, un recorrido de casi un centenar de mujeres que salieron desde La Toma hasta Bogotá, para exigirle al Gobierno que retirara los títulos mineros que se habían concedido después de una violenta incursión paramilitar y que prácticamente expulsaban a los habitantes de ese corregimiento de su propio territorio.
Con la elección de Francia Márquez como vicepresidenta Petro se aleja un poco de su apuesta por acercarse a otros sectores y crear una coalición de izquierda o un frente mucho más amplio.
Márquez ha tomado decisiones mucho más progresistas que el mismo Petro, por ejemplo, al hablar de temas como el aborto. Mientras Petro ha hablado de temas como el “aborto cero”, Márquez ha reiterado con vehemencia el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.
Sin embargo, algunos analistas creen que Petro corre el riesgo de cerrar puertas. “Pierde la opción de atraer a su proyecto político “alguien de afuera” que no solo atrajera votos (que mucho se van a requerir) sino que también aportara ponderación y tranquilidad para sectores exacerbados en el temor por un giro radical en Colombia”, dice el analista Diego Arias.
“Lo que logra Petro es un golpe simbólico de respaldo a la mujer que confirma la legitimidad de su discurso en un inicio en el cual había quedado concertado por lo menos en el aire que la figura vicepresidencial sería el segundo puesto número de votos”, agrega Arias.