Después de más de dos años en los cuáles la atención del ministro de Economía estuvo centrada en la deuda, primero con los acreedores privados y luego con el FMI, todo indica que ahora la secretaría de Comercio Interior pasará a su órbita, dejando la de Desarrollo Productivo.
Una de las fotos de la semana fue la de Martín Guzmán y Roberto Feletti, el pasado martes. Cómo señaló este portal, entre los funcionarios hay diferencias de criterios en torno, por ejemplo, a las retenciones. Pero esta mañana, Alberto señaló que «tenemos que hacer algo para que los precios internos se desacoplen de los internacionales», dejando la puerta abierta para una discusión parlamentaria en ese sentido.
Ahora, convivirán bajo la misma estructura y la incógnita es hacia dónde se inclinará la balanza. Porque el impulso al diálogo, practicado inclusive por Feletti en múltimples mesas sectoriales no le dieron al Gobierno buenos resultados en materia de inflación: el 21 % acumulado en el primer cuatrimestre hace que hasta los más contemplativos practiquen el ejercicio de recalcular.
La experiencia de Feletti, viceministro de Economía en el primer gobierno de Cristina, chocó varias veces en términos conceptuales con la gestión de Matías Kulfas, al frente de Desarrollo Productivo y uno de los apuntados por el espacio de la vicepresidenta, junto con el ministro de Trabajo y el propio Guzmán.
La decisión del cambio en la estructura del área económica, llega dos días después de la reunión entre Feletti y Guzmán, donde la inflación fue el eje central del encuentro.
https://informepolitico.com.ar/con-la-inflacion-en-la-mira-guzman-se-reunio-con-feletti/
Independientemente de las lecturas acerca de si Martín Guzmán gana poder con este cambio, en el Gobierno son plenamente realistas: se necesitan resultados en materia de control de precios y hasta ahora lo que hay son malas noticias.
Poco debe importar en la Casa Rosada si gana Guzmán o pierde el kirchnerismo con este cambio. En donde hay plena coincidencia es en lo siguiente; si hay enojos frente a las góndolas, eso se traduce en fastidio popular con dos resultados inmediatos: la calle y las urnas.