Por Gonzalo Prado.
Antes de emprender el viaje a los Estados Unidos para la Asamblea General de la ONU el presidente Mauricio Macri tuvo de primera mano uno de los resultados de los trabajos que todavía elaboran el consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba y el jefe de Gabinete Marcos Peña, en el que sostienen que el voto de las PASO por lo menos hasta ahora se mantiene firme en cada uno de los candidatos.
La situación también sucede a nivel Ciudad con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien en la última semana recibió números similares, que se mantienen desde la primera medición después de las PASO. La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, aún se mantiene ajena a los números aunque algunas encuestadoras la muestran subiendo entre tres y cinco puntos.
¿Qué significa todo esto? Que para generar una ruptura en la meseta electoral Macri necesita de un giro brusco a su favor. No sólo económico sino también político. “Ellos todos los días prenden un cajón de Herminio y nunca pasa nada. Alguno tiene que prender en la opinión pública”, sostiene un hombre conocedor de la estrategia de Juntos por el Cambio. Uno de los mensajes que entendió Macri es que la votación del 11 de agosto fue un plesbicito de la economía más que otra cosa.
De ahí que ya lleva erogados $100.000 millones por encima de lo que tenía presupuestado para este año y todavía la temporada de anuncios dista de estar cerradas a un mes de los comicios generales. “Vamos a quemar todas las naves”, agregó la misma fuente.
Es que mientras esperan que los anuncios surtan al menos un leve impacto y mientras también le prenden una vela al ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, y al presidente del Banco Central, Guido Sandleris, para lograr mantener una leve estabilidad económica. En la última semana parece que finalmente le entró un golpe, dicen en la Casa Rosada, respecto de la campaña de Alberto Fernández.
La situación en la provincia de Chubut, en donde el gobernador Mariano Arcioni hizo que uno de sus principales colaboradores peregrine a la Ciudad para juntarse en las oficinas de México con altas esferas del Frente de Todos, con el objetivo de que se bloquee cualquier tipo de juicio político en su contra, empezó a calar profundo en la opinión pública.
La simpleza del mensaje, la forma en la que actuó Arcioni, el silencio del kirchnerismo y de Massa, las medidas gremiales de alcance nacional y las declaraciones contra la administración de Macri generaron “un caldo perfecto” para los objetivos de la Casa Rosada, que logró imponer el discurso de un gobernador peronista ineficiente en el control de los recursos de su provincia.
La situación de Arcioni, que es hasta ahora el único mandatario provincial que tuvo que pedir un adelanto del Tesoro en el año, se suma a la de Tucumán, donde Juan Manzur tuvo que emitir deuda por $3.000 millones para pagar los sueldos. “La que prometieron y se gastaron en las elecciones para ganar empieza a escasear”, sostiene en el peronismo más federal, desde donde ven con preocupación que se haga extensiva esa situación.
No por nada Alberto busca encontrar un punto de equilibrio cuanto antes.