El presidente del bloque de Diputados oficialista, Máximo Kirchner, se ha transformado, sin dudas, en uno de los hombres de mayor importancia dentro del Frente de Todos a nivel nacional y es clave en el territorio bonaerense para el armado político de Axel Kicillof.
Sin negar ni alejarse de La Cámpora, el hijo de Néstor y Cristina, sabe que la construcción «es con todos». Por ello fue uno de los artífices de la alianza que se transformó en gobierno con el actual presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa. Por eso también es quien conversa con la oposición cuando la discusión se empantana en el ámbito legislativo. Fue clave, por ejemplo, para postergar las elecciones en medio de la pandemia, pese a la resistencia inicial de Juntos por el Cambio.
«El tipo es Kirchner pero es un compañero. A puertas cerradas no habla de rosca, habla de construcción política y militancia«, cuenta un referente de La Cámpora de la Segunda Sección electoral. Una semana atrás, Máximo encabezó el plenario de la organización en la Segunda, en Carmen de Areco.
Dentro de La Cámpora, la bajada de línea a la militancia puede dividirse en dos ejes centrales: la construcción, el «ir a buscar a todos, porque con todos es con todos, los nuestros, los ajenos, los que supieron estar con nosotros y no están más«; pero sin romper la mística de la organización: «La Patria es el Otro». «Muchos compañeros crecimos, tenemos responsabilidad institucional y él está contento porque cuando crece el compañero crece la organización y al revés», cuenta el mismo referente seccional en diálogo con Informe Político. «Sabemos que por ser Cámpora tenemos un plus, de más crítica. Siempre nos recalca esto de la humildad, que el tener un cargo, un sueldo, la posibilidad de comprar un auto, no nos tape lo importante de militar por el otro».
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Desde la llegada del Frente de Todos al poder, La Cámpora ha ido ganando terreno, no sin el malestar de otros actores del peronismo que han mirado y miran con recelo a «la orga» que encabeza en lo práctico el Subdirector Ejecutivo del PAMI y uno de los hombres más cercanos a Máximo, Martín Rodríguez.
Pero si algo ha demostrado Máximo es la capacidad de conquistar, desengrietar, sumar y armar, sin ceder. Su rol es clave en la provincia de Buenos Aires donde ha sabido construir con los intendentes hasta convertirse, al menos en la práctica, en el presidente del PJ. Es que, si bien asumirá formalmente en diciembre, en el último Congreso partidario actuó como tal, con los jefes comunales alineados tras su figura. Incluso logró «la foto de unidad» hasta con el intendente Fernando Gray, quien llevó a la Justicia su reclamo para impedir las elecciones anticipadas en el partido. «Gray se clavó su propia fosa», dicen por lo bajo referentes partidarios. Máximo Kirchner, por su parte, esquivó la polémica y esperará hasta el fin del mandato actual para tener el título formal de presidente del PJ bonaerense. Lo que sí está claro es que el armado de listas dependerá sí o sí de su aprobación.
Este rol de armador bonaerense también tiene su impacto en la gestión Kicillof: desde el comienzo del mandato, el gobernador encontró la resistencia de los intendentes peronistas, principalmente los del Conurbano. El motivo: el mandatario bonaerense desestimó los nombres de confianza «sugeridos» por los alcaldes y armó el Gabinete con funcionarios de su confianza. Su militancia en La Cámpora, además, fortalecían la desconfianza.
Durante los primeros meses de la gestión Kicillof, sacudidos luego por el efecto pandemia, fue la ministra de Gobierno Teresa García la encargada del armado político del gobernador. De excelente diálogo con propios y ajenos permitió las primeras articulaciones claves para el manejo de un territorio con 135 realidades. Su figura fue poco a poco desdibujándose, dentro de un gabinete además divido en la discusión en torno a la figura del polémico ministro de Seguridad Sergio Berni.
«Máximo fue clave para aglutinar y sostener a Axel», cuenta un intendente peronista a Informe Político. Es que varios se le fueron al humo al gobernador en reclamo de más obras, más fondos, para los propios, en un contexto extremadamente difícil de crisis sanitaria, que traían como correlato la crisis económica y social. Kicillof, con una provincia endeudaba, intentaba hacer malabares para poner parches. El salvataje de Máximo fue convocar a la unidad. Y Máximo es Kirchner.
Y entonces con Alberto en el PJ Nacional y Máximo en el PJ provincial, el proyecto empezaba a consolidarse. «Él sabe que tiene que ser más amplio pensando en 2023. Esto recién empieza. Van a hacer más apertura, sabe que no le alcanza con el peronismo y está dispuesto a hacerlo», cuenta a Informe Político un jefe comunal que se fue y volvió, y a quien recibieron como hijo pródigo. Es que Máximo se encarga de «mimar» a quienes asumieron sus cargos por otros espacios y/o están «decepcionados» con los propios y quieren cambiar de vereda. Y todo esto sin descuidar a los propios, o intentándolo. En el medio quedan despechados pero el fin mayor sigue siendo construir para ganarle al macrismo. En 2021, en 2023.
En los últimos días, Máximo dio un gran paso en su estrategia nacional: desde hace años existían proyectos que reclamaban que se ampliara la calificación de «Zona Fría» a jurisdicciones que tienen una amplitud térmica similar a la Patagonia. Lo que hizo Máximo Kirchner fue tomar todos esos proyectos y elaborar uno nuevo estableciendo que decenas de departamentos y distritos sean incluidos en ese concepto. Con esta ampliación a la categoría de «zona fría» a distintas jurisdicciones del país, la tarifa del gas bajará entre un 30 y 50 por ciento, beneficiando a 3 millones de usuarios.
Diputados le dio media sanción al proyecto de «Zonas Frías» impulsado por Máximo Kirchner
Aunque desde el punto de vista técnico es solamente basarse en datos científicos que respaldan que en esos lugares los inviernos son «más crudos», en la práctica es un alivio para el bolsillo de millones de argentinos. Incluso antes del tratamiento, el Frente de Todos impulsó una junta de firmas para acompañar el expediente, convirtiéndolo en una bandera partidaria con la firma del propio Máximo Kirchner.
Y mientras avanza la discusión por las listas, el armado, las alianzas y Juntos por el Cambio se desgasta en peleas internas, Máximo ya tendría en vista lo que podría ser la próxima gesta: recuperar los trenes, algo que emule las recuperaciones históricas impulsadas por su padre, el expresidente Néstor Kirchner.
«Los egos en la política son una mochila muy pesada que te dobla la espalda y te deja de rodillas», dijo Máximo días atrás cerrando el Congreso del PJ. Habló de la necesidad de «consolidar una victoria electoral», que no es lo mismo que «ganar por ganar»: «Ganar y cumplir para lograr que la gente viva mejor», arengó Máximo. «Vamos a volver a ser felices, como dijo la compañera en La Plata», en referencia a su madre, la vicepresidenta Cristina Fernández, la otra pata fundamental en el armado, diagramación y ejecución de las estrategias políticas.
Máximo, que es Kirchner, sabe que su apellido es un arma de doble filo. Sin embargo la propia curiosidad sobre su figura lo convierten en uno de los hombres más convocantes del círculo rojo. El establishment local, que antes lo miraba con recelo, comienza a acercarse, al menos en parte. «Podemos tener diferencias, pero no prejuicios», decía meses atrás el ministro del Interior, y hombre clave para Máximo, Eduardo «Wado» de Pedro, a Ceos en Bariloche. Otra muestra de la apertura a la que están dispuestos.
Aunque nadie arriesga fechas, Máximo construye con la premisa de Néstor: dominar el conurbano, y con la mirada puesta en la Casa Rosada.