Miles de personas se movilizaron en todo Brasil para repudiar la orden de detención contra el ex presidente Ignacio “Lula” Da Silva quien, después de que el juez Sergio Moro hiciera efectivo su pedido de captura, se recluyó en el Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, en las afueras de San Pablo.
En esa sede gremial fue donde el ex primer mandatario inició su vida política, actuando como delegado sindical metalúrgico, cuando fue detenido por órdenes de la dictadura militar en 1980, por encabezar el movimiento huelguístico de los trabajadores del llamado ABC paulista (el enorme área metropolitana que rodea la ciudad, compuesta por siete municipios).
Anoche decenas de miles de ciudadanos rodearon el gremio para manifestar su apoyo a Lula luego del rechazo de la Corte Suprema del país al pedido de habeas corpus que solicitaba el permiso para que el ex presidente pueda esperar los resultados de las apelaciones a la condena de Moro sin que se haga efectiva la prisión. A principios de este año la justicia condenó a Lula a 12 años y un mes de prisión por corrupción, aunque nunca se pudo probar fehacientemente que el departamento que lo acusan de recibir como soborno efectivamente fuera de su propiedad.
Desde un improvisado palco frente a la sede gremial paulista dirigieron discursos a la multitud la depuesta presidenta Dilma Roussef y otros dirigentes de partidos y gremios aliados del Partido de los Trabajadores (PT). Lula sólo saludó por una de las ventanas del sindicato y concedió una breve entrevista a la prensa, en la que definió como “absurdo” su pedido de captura. Este viernes a las 17 vence el plazo otorgado por el juez para que se se presente voluntariamente, pero es probable que Lula espere en el gremio la llegada de las fuerzas policiales con el objetivo de aprovechar el simbolismo que implica una nueva detención en la sede metalúrgica que replique la ordenada por la dictadura. “Muerto me convierto en mártir, preso en héroe, libre en presidente”, había definido Lula días atrás.
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También se autoconvocaron enormes movilizaciones en la Explanada de los Ministerios de la capital brasileña y en las ciudades de Río de Janeiro, Recife, Fortaleza, Natal, Belo Horizonte y Porto Alegre. Si bien el PT convocó a movilizarse para defender al ex mandatario, la mayoría de las convocatorias naciones de manera espontánea. Desde el partido de Lula definieron el pedido de prisión como “una violencia sin precedentes en nuestra historia democrática”.
La polémica decisión judicial contra Lula se da en medio de fuertes presiones militares, que incluso amenazaron con un golpe de Estado si no se confirmaba su prisión, y en la previa de las definitorias elecciones del mes de octubre, hacia las que el candidato del PT se perfilaba claramente como ganador, ya que en todas las encuestas supera un 40% de intención de voto.