El inicio de la pandemia de coronavirus trastocó no sólo las estructuras sanitarias y económicas de la mayoría de los países del mundo, sino también toda una serie de dinámicas institucionales, incluyendo los cronogramas electorales, las lógicas de campaña y la realización de los comicios. Más allá de las postergaciones y la adopción de protocolos especiales para las elecciones, en general se podría constatar que los oficialismos de los diversos países han pagado costos electorales fuertes por la gestión de la crisis epidemiológica.
Desde febrero de 2020 por lo menos 78 países y territorios del mundo decidieron posponer sus elecciones nacionales y subnacionales por causa del coronavirus (en 41 casos las pospuestas son elecciones o referéndums de nivel nacional). Por lo menos 125 países y territorios han decidido celebrar elecciones nacionales o subnacionales según lo planificado previamente, más allá de la epidemia (en 104 países se celebraron elecciones nacionales o referéndums. Otros 55 países y territorios ya celebraron comicios originalmente pospuestos en el marco de los cuidados por el COVID-19 (28 de estos fueron elecciones nacionales o referéndums).
América
Para enfocarnos en el continente americano, recordaremos que desde febrero del año pasado se realizaron elecciones de nivel nacional (presidenciales, municipales simultáneas a nivel país, legislativas o referéndums) en Bolivia, Estados Unidos, Brasil, Chile y Perú.
Las elecciones generales de Bolivia, originalmente programadas para el 3 de mayo de 2020, fueron primero movidas por el gobierno de facto de Jeanine Áñez al 6 de septiembre para luego cambiarse nuevamente al 18 de octubre de 2020. Con una participación similar a las de las elecciones previas, fue elegido como presidente en primera vuelta el candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) Luis Arce, con el 55,11 % de los votos. Los candidatos opositores Carlos Mesa (28.83%) y Luis Fernando Camacho (14%) apostaban a una alianza en segunda vuelta, que no llegaron a concretar.
En el caso del Gobierno de facto de Áñez, que asumió el poder luego del golpe contra el ex presidente Evo Morales, más allá de las denuncias internacionales por carácter ilegítimo, conspiraron en su contra el pobre manejo de la epidemia y el impacto de los escándalos de corrupción en la compra de insumos médicos para lidiar con el coronavirus.
Pero tal vez el caso más representativo de un castigo electoral vinculado con la gestión pandémica sea el de las elecciones presidenciales de Estados Unidos que se llevaron adelante el pasado 3 de noviembre, frustrando las aspiraciones reeleccionistas del candidato republicano Donald Trump y consagrando al demócrata Joe Biden. El fuerte incremento de la participación electoral terminó favoreciendo al candidato demócrata, que finalmente se impuso con algo más del 51% de los votos.
Más allá de los relativos logros económicos de la gestión Trump, la elección le pasó una fuerte factura por sus declaraciones iniciales que intentaron minimizar la epidemia y la demora en adoptar las medidas de prevención que hicieron que al momento de la votación EEUU fuera el país del mundo con mayor cantidad de muertos, habiendo superado la barrera de los 250 mil.
En un escenario similar de minimización de la catástrofe epidémica puede ubicarse al presidente brasileño Jair Bolsonaro, que desde el inicio planteó que el coronavirus no era más que una “gripezinha” y usó todo el poder nacional para sabotear las cuarentenas que intentaban imponer los distintos estados. En las elecciones municipales que cuya segunda vuelta se realizó el 29 de noviembre (donde se eligieron alcaldes, vicealcaldes y concejales), que se realizaron con el país a las puertas de la segunda ola y con más de 160 mil víctimas fatales, once de los 13 candidatos apoyados por el partido de Bolsonaro sufrieron clamorosas derrotas. La centroderecha fue la gran ganadora de las elecciones, imponiéndose incluso en las alcaldías de Río de Janeiro y Sao Paulo, sin que el Partido de los Trabajadores del ex presidente Luis Inacio Lula Da Silva pudiera hacer un gran papel. De todos modos la serie de fallos judiciales favorables para Lula, lo pone en mejores perspectivas para las presidenciales de 2022 en las que Bolsonaro buscará una difícil reelección.
Elecciones en Brasil: Una encuesta marca una clara ventaja de Lula sobre Bolsonaro
Las elecciones municipales de Chile de 2021 se realizaron el 15 y 16 de mayo de 2021 y, dado que la opción “Apruebo” había resultado ganadora en el plebiscito nacional de octubre de 2020 sobre la reforma constitucional, también se eligieron miembros de la Convención Constituyente. En este proceso, en el que se manifestaron claras continuidades de las masivas luchas contra el gobierno conservador de Sebastián Piñera inmediatamente anteriores a la epidemia, el oficialismo sufrió una serie de fuertes derrotas. Tanto en lo que hace a las elecciones municipales (en las que no se impuso en ninguna de las elecciones regionales, perdió 50 alcaldías que gobernaba y redujo su número de concejales) como a la composición de la Constituyente, donde la derecha y la centroderecha ni siquiera llegaron a obtener el tercio de los votos al que aspiraban para poder vetar las iniciativas que le resultaran más polémicas. Más allá del proceso de reforma de la constitución pinochetista, esto marca un muy complicado escenario para el gobierno e las elecciones presidenciales de noviembre de este año.
La crisis institucional peruana de los últimos años hace difícil pensar las continuidades y rupturas, pero las elecciones nacionales del 11 de abril de este año, que finalmente se resolvieron en la segunda vuelta del pasado 6 de junio, marcaron una polarización muy grande entre el candidato izquierdista Pedro Castillo (de Perú Libre) y la candidata derechista Keiko Fujimori, de Fuerza Popular. En cualquier caso, ninguno de los dos candidatos expresaba una continuidad respecto del gobierno de Francisco Hochhausler. Aunque todavía no fue proclamado oficialmente, gracias a una participación que superó casi en tres millones de votos a la primera vuelta, Castillo se impuso por un margen mínimo de unas pocas decenas de miles de votos.
Aplastante derrota de la derecha de Piñera en primeras votaciones para elegir gobernadores en Chile
Europa
En Europa se registraron varias elecciones de nivel nacional, en países como Serbia, Polonia, República Checa y Rusia.
En Serbia, las elecciones generales (originalmente programadas para el 26 de abril de 2020) se realizaron el 21 de junio del mismo año. En ellas la alianza encabezada por el Partido Progresista Serbio, hoy en el poder, logró 60,65% de los votos, garantizándose el control de 188 escaños sobre 250 (sumó 57 en estas elecciones). De todos modos, el caso no es muy representativo ya que las elecciones se produjeron en el marco de sistema político considerado como “autoritario competitivo”, que en estas últimas elecciones además sufrió un boicot de la gran mayoría de los partidos opositores, que llamaron a no votar.
En Rusia, un país con fuerte presencia en el debate político latinoamericano, el 1 de junio del año pasado se llevó adelante un referéndum constitucional, en el que las cláusulas propuestas por el Gobierno de Vladimir Putin se impusieron por un 78% de los votos, aprobándose la incorporación a la constitución de cláusulas como que el matrimonio es exclusivamente la unión de un hombre y una mujer, así como la fe en Dios o la definición del idioma suro como el del “pueblo constitutivo del Estado”. También se aprobaron reformas que permitirían que Putin vuelta a postularse por otros dos períodos presidenciales de seis años en las elecciones de 2024 y 2030.
Polonia realizó sus elecciones presidenciales el 28 de junio de 2020, con una segunda el 12 de julio de 2020, logrando la reelección del presidente Andrzej Duda, que se impuso por estrecho margen en el ballotage contra el candidato de Plataforma Cívica, el alcalde de Varsovia Rafał Trzaskowski.
En Republica Checa hubo elecciones regionales y del Senado el 2 y 3 de octubre de 2020, con un sorprendente éxito del partico populista Alianza de Ciudadanos Descontentos (ANO por sus siglas en checo), del primer ministro Andrej Babis, que se impuso en 10 de las 13 regiones del país. El Partido Socialdemócrata (CSSD), socio de gobierno de Babis, logró apenas un 5% de apoyo.
Hace unos pocos días se llevaron adelante las elecciones regionales francesas, con una segunda vuelta el 27 de junio, en la que tanto el partido oficialista del presidente Emmanuel Macron (La República en Marcha no logró triunfos en ninguna de las 13 regiones de Francia metropolitana) como la ultraderecha de Marine Le Pen sufrieron duros reveses. En este caso, la gran protagonista fue la abstención, con niveles históricos cercanos al 66%. El resultado electoral, que confirma la pervivencia tanto de formaciones de centro derecha como de históricas representaciones de centro izquierda como el Partido Socialista, marca un complejo escenario para el oficialismo hacia las elecciones presidenciales de inicios de 2021.
Cuestiones sanitarias
Más allá de los resultados electorales, que en general no fueron favorables a los oficialismos, la realización de los comicios plantea una cantidad de nuevas exigencias sanitarias. Según un estudio del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional) cerca de la mitad de los países que llevaron adelante procesos electorales en el marco de pandemia “se vieron afectados por limitaciones a las campañas tradicionales debido a las restricciones gubernamentales a los desplazamientos y las reuniones públicas”. En 22 de los 51 países que llevaron adelante elecciones “se impusieron restricciones debido a la COVID-19 que limitaron algunas libertades de asociación y de reunión durante los períodos electorales”.
Desde esta instituciona, remarcan la importancia de “encontrar el equilibrio entre la protección de la salud pública y la discusión e impugnación democrática resulta fundamental”. En ese sentido, se plantea la necesidad de “adaptar el proceso electoral con el fin de preservar la vida humana”, buscando un equilibrio que garantice la libertad de expresión “fundamental para las campañas y el flujo de ideas e información”.