Por Gabriel Zorrilla
El triunfo o la derrota política despierta de un lado o del otro de la grieta la necesidad por levantar el dedo y apuntar a aliados y traidores. Este fenómeno no comenzó en este gobierno, por más que en menos de dos meses de mandato haya tenido varios episodios significativos. Cuáles fueron los otros momentos en donde un cambio de rumbo resaltó asperezas dentro de un gobierno.
¿Se puede ser traidor y aliado al mismo tiempo? Depende, pero parece que sí. Nadie se puede burlar de una reacción de este tipo cuando en realidad es una práctica muy común. Cuando el proyecto de Ley de Bases fue aprobado de manera general, los medios y comunicadores opositores hablaban de “traidores a la patria”, señalando a quienes habían votado a favor de este proyecto. Tan solo una semana después, del otro lado de la vereda, cuando la misma ley fracasó en la votación particular, periodistas oficialistas (e incluso el mismo Javier Milei) tomaron la misma idea, señalando con nombres, apellidos y fotos a aquellos que votaron en contra de este proyecto.
En política, actores como Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Daniel Scioli, Carolina Piparo, Carlos Menem, Julio Cobos y muchos más, fueron señalados en determinado momento por decisiones que pudieron tomar. En algunos casos esos personajes siguieron adelante con solo una marca, mientras que otros comenzaron una caída libre hasta el ostracismo.
“Traicionan los leales, no los adversarios”, dijo el investigador del Conicet y licenciado en economía, Dante Avaro cuando fue consultado sobre los hechos que atravesaron esta semana. Agregó además en su análisis que el presidente Javier Milei “quizá confundió leales con aliados circunstanciales, quienes no dejan de ser adversarios al final del día”. Por último, menciona sobre este tema: “El presidente al denominar, a sabiendas o por casualidad, este asunto como <traición> ha cruzado una delgada, pero importante línea política. Al parecer ha estirado el término traición hasta confundirlo con <complot>.”
Sin embargo, la vida política resulta un arte que combina distintas herramientas, entre ellas el engaño, las falsas promesas, la astucia y el timing de saber ceder para luego ganar, entre otras tantas maniobras que ya son de público conocimiento.
Relevancias, consecuencias y ostracismo
Carolina Piparo, de candidata a gobernadora pasó a ser quien estaría frente a la cabeza del ANSES, para 48hs antes de asumir ese cargo, ser completamente relegada. Aún así, esta semana fue una de las principales apuntadas como traidora, pero su peso político no termina de ser significativo, al menos el gobierno así lo deja ver.
Distinto es el caso de Julio Cobos, quien siendo vicepresidente en el primer mandato de Cristina Kirchner, emitió su famoso “voto no positivo”. Un hito que seguirá siendo recordado por los años, ya que dejaba sin efecto la resolución 125 que incrementaba las retenciones a la soja y otros productos. Una decisión que cerró el conflicto con el campo, pero abrió una grieta.
¿Puede ser comparable este hecho con el fracaso en la votación de la ley de bases de La Libertad Avanza? “La conducta del señor Cobos resulta mucho más significativa que una negociación fracasada. Desde mi punto de vista incluso en el caso Cobos no hubo traición, sino deslealtad.» Es lo que sostiene Dante Avaro, y continua: “Por esa razón lo de Cobos sólo fue una deslealtad, tras ese voto “no positivo” casi vivió en un especie de ostracismo político”.
Quien está atravesando un periodo de “ostracismo” por estos días es Horacio Rodriguez Larreta, que vivió en carne propia los giros de la política, al ver a Mauricio Macri mostrar favoritismo primero por Patricia Bullrich y finalmente por Javier Milei, destruyendo así a JxC. No hay que olvidar que incluso su sucesor como gobernador de la Ciudad de Buenos Aires, es el primo Jorge Macri. La renuncia de Mauricio a una posible candidatura en 2023 hablaba de un momento de debilidad, fue allí donde comenzó a dinamitar todo a su paso dentro de su propio partido para apostar por quien sería el caballo ganador a fin de año. Logrando así salir tercero en las generales de octubre, pero cogobernando llegado el mes de diciembre.
Carlos “Chacho” Alvarez también inició (o anticipó) la debacle de un gobierno como el de la Alianza, cuando el 6 de octubre del año 2000 y tras haber asumido como vicepresidente de Eduardo De La Rúa, decidió marcharse. Eso sí, antes de irse dejó una denuncia por coimas en el Senado. La Justicia posteriormente la desestimó. Que por cierto, esta fórmula presidencial llega al poder, mientras en la vereda de enfrente, Eduardo Duhalde acusaba a Carlos Menem de haberlo traicionado, siendo ambos miembros del PJ y habiendo compartido el mandato hasta 1999.
Aunque existan tensiones y rivalidades, hablar de “traición” simplificaría la complejidad de las relaciones políticas en Argentina, donde en realidad las lealtades pueden cambiar de una semana a la otra, debido a varios factores.