Trump responde con más represión a las masivas protestas contra la brutalidad policial

Este lunes, después de seis días y noches de movilizaciones y saqueos en decenas de ciudades de los Estados Unidos como protesta por el asesinato policial del afroamericano George Floyd, el presidente Donald Trump anunció medidas más represivas, calificó a los gobernadores de “blandos” por no tomar acciones contra los manifestantes y por la tarde ordenó reprimir la concentración frente a la Casa Blanca con palos, balas de goma y gases lacrimógenos. También amenazó con incluir al grupo anarquista Acción Antifascista (Antifa) en una lista de organizaciones terroristas.

Después de la represión, que concluyó con decenas de manifestantes heridos y arrestados, el presidente estadounidense posó en una iglesia cercana a la Casa Blanca sonriendo con una Biblia en la mano, satisfecho por haber despejado el área. Pero la política de represión en un país en llamas, indignado por la brutalidad policial y golpeado duramente por la epidemia de coronavirus, puede no ser la medida más inteligente para calmar el estallido social.

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La tasa de desempleo en EEUU en el marco de la recesión económica por el coronavirus podría llegar a superar a la de la gran depresión de los años 30 (40 millones de estadounidenses ya se anotaron para recibir el seguro de desempleo en los últimos meses). En el sector de la población afroamericano y latino el desempleo duplica al de los blancos, dando cuenta de una desigualdad estructural que está en la base de la reacción masiva contra la brutalidad policial que lleva a millones de personas a no respetar el toque de queda instaurado en 40 ciudades, protagonizando noches de movilización, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y saqueos.

Trump, en cambio, apela al discurso más reaccionario de “mano dura” para tratar de lidiar con la protesta. Una de las medidas principales fue la del mayor despliegue de la historia de fuerzas de seguridad internas por todo el país. “Estoy enviando miles y miles de soldados fuertemente armados, personal militar, y agentes para cumplimiento de la ley para frenar los disturbios, los saqueos, el vandalismo, los asaltos, y la absurda destrucción de la propiedad”, anticipó.

En su comunicación con los gobernadores, el presidente manifestó: “Este es un movimiento. Si no le ponen fin, va a empeorar más y más. El único momento en el que triunfa es cuando ustedes son débiles, y la mayoría de ustedes son débiles”. Y añadió: “Tienen que arrestar a la gente, tienen que juzgar a la gente, tienen que meterles en la cárcel durante diez años y nunca verán este tipo de cosas de nuevo”.

Pero ya hay numerosos gobernadores que resisten esta perspectiva meramente represiva. La gobernadora demócrata de Michigan Gretchen Whitmer sostiene que, en lugar de ofrecer apoyo, el presidente ataca a los gobernadores. Incluso el gobernador republicano de Massachussets Charlie Baker consideró: “Durante las últimas semanas, cuando el país necesitó compasión y liderazgo, esto no existió, solo recibimos amargura, una actitud combativa y egoísmo”. Las críticas también se hicieron ir desde muchos otros sectores de la política, de la iglesia y de los medios de comunicación, que cuestionaron fuertemente sus decisiones.

El ex precandidato demócrata Bernie Sanders tuiteó después de la represión frente a la Casa Blanca: «Trump acaba de hacer que los manifestantes pacíficos sean atacados brutalmente. No, señor presidente. Esto no es una dictadura. Estos son los Estados Unidos de América. Nuestros ciudadanos tienen el derecho constitucional de protestar pacíficamente. Se llama la Primera Enmienda».

 

 

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