En medio del conflicto con los gremios y las organizaciones sociales que hicieron (más allá del final) una enorme demostración de fuerza, sumado al desalentador informe de la UCA que suma 1,5 millones de nuevos pobres, el presidente Mauricio Macri tomó nota y fue quien ordenó postergar los recortes de gasto en subsidios al transporte y a las tarifas para demorar el traslado de precio a los usuarios.
Macri almorzó con Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, quien especialmente le sugirió morigerar el impacto de las subas como condición «necesaria» para tener un buen resultado en octubre.
De ahí la decisión de que «por ahora no habrá aumento en el transporte público» tal como se había anunciado, y el aumento del gas de hasta 67% que anunció Aranguren se desdoblará en 3 tramos: abril y noviembre 2017 y abril 2018. En el caso del agua, el aumento previsto para éste año se reducirá a un 23%, cifra mucho menor si tenemos en cuenta el incremento del año pasado que superó el 300%. Y no se preven nuevos aumentos para energía eléctrica ni combustible.
Así el gobierno intenta dejar de lado medidas antipáticas que puedan volverse en contra en las urnas por lo menos durante los meses de campaña. El ministro de Transporte, Guillermo Dietrich dio la primera señal al exponer en un plenario de comisiones de la Cámara baja: «No va a haber ninguna variación de tarifas de transporte por ahora”.