El Gobierno cuentas las horas en la negociación con el FMI, con múltiples frentes internos

Un grupo de funcionarios argentinos que están en Washington son la avanzada en la misión más difícil del Gobierno de Alberto. Darle forma a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, para el pago de la deuda por casi 45 mil millones de dólares heredados de Mauricio Macri, es un juego a varias bandas, cuyo objetivo central es la reducción de daños. Las cuatro posturas del frente interno.

En el frente interno el gobierno nacional tiene, al menos, 4 posturas bien diferenciadas, a las que conviene matizar para entender puntos de contacto y diferencias.

Una es la propia línea «albertista», que entiende que el peor escenario es un no acuerdo y que en todo caso está resignada a que lo mejor que se puede obtener es comenzar a pagar en 2026, aunque sin quitas, sin disminución de los sobrecargos y dando una batalla conceptual para explicar que si hay menor déficit en los próximos años, eso no se deberá al ajuste, sino al crecimiento, lo que hace que la proporción se modifique, en términos que si crece la actividad, el impacto deficitario es menor. Es la aceptación del desánimo, una especie de posibilismo siglo 21.

En el mismo oficialismo, con matices de formulación, están los que plantean una investigación a fondo de los destinos de los fondos recibidos como deuda, tal como señalaron desde Soberanxs días pasados, con la salvedad que son dirigentes cercanos al Gobierno, pero sin responsabilidades de gestión. La tesis no deja de tener asidero, si uno dispusiera de un margen amplio de tiempo, pero es diciembre de 2021 y las horas corren, sobre todo que el calendario de pagos no solo tiene una cuota de 1900 millones de dólares en este mismo mes, sino que en 2022, esa cifra se multiplica por 10. Es la línea de una negociación combativa, forzar el acuerdo hasta que se doble, pero que no se rompa.

Georgieva enfrió las expectativas de acuerdo con el FMI y planteó que «todavía hay mucho por hacer»

La tercera variante indica, directamente, que hay que desconocer la deuda y por consiguiente no efectuar ningún pago: romper con el Fondo es la consigna, que tendrá una movilización a Plaza de Mayo el sábado 11 de diciembre, un día después del acto oficial, donde seguramente esa consigna también sobrevuele el ánimo de muchos y muchas, aunque la correlación de fuerzas no lo exprese de ese modo. Es la postura de la izquierda, consecuente en la historia con esa mirada.

Hay una cuarta opción, que a su vez tiene dos miradas complementarias. La primera, es la de los que van a acompañar cualquier acuerdo que sea pagar sin cuestionar nada, porque básicamente son los que formaron parte del gobierno que contrajo la deuda. La ventaja es que siempre es más cómodo apoyar un ajuste cuando se actúa desde la oposición. Entienden que esa cirugía mayor que debiera hacer Alberto les puede allanar el camino para volver en 2023, con el horizonte despejado. Y dentro de ese espacio, están los indiferentes, que no dicen, no opinan, no hablan, pero levantan la mano y por omisión, en este caso, actúan de partenaires de los sí se puede: endeudarse, ajustar, pagar, endeudarse, ajustar, pagar.

Lo señalado hace que las interpretaciones que hablan de el «mejor acuerdo para los argentinos», merezcan al menos una pregunta: ¿para qué argentinos, o al menos, para qué representaciones de los argentinos?

Del frente externo la situación es algo más lineal: están los que quieren cobrar, para lo que necesitan establecer una serie de condicionalidades ya conocidas por nuestro país. Y están los que pretenden imponer esas condiciones para cobrar, lo que hace apenas un juego de escasas diferencias que solo entretienen a los que discuten si el FMI es el mismo de siempre ó si cambió. La historia indica que de los 22 acuerdos precedentes con el organismo, al que la Argentina ingresó en 1956, no hay uno solo que haya implicado beneficios para las mayorías de nuestro país. Los planes de ajuste, típicas recetas del Fondo, son la regla y se impone pensar porqué habría de ser diferente esta vez.

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