Sergio Berni monopolizó la agenda mediática, en la primera jornada de la cocaína adulterada, con la respuesta oficial a los 23 muertos y las decenas de intoxicados. Pero un zoom del gobernador Axel Kicillof desde Rusia, modificó los planes y a partir de eso fue su jefe de asesores, Carlos Bianco, la cara visible de la crisis narcosanitaria. Además, que hay por detrás y por debajo de la historia de la droga «mal cortada».
Desde su estadía en Rusia Axel Kicillof convocó a una reunión virtual, de la que participaron el ministro de Seguridad Sergio Berni; el de Justicia, Julio Alak; el de Salud, Nicolás Kreplak; el vicejefe de Gabinete, Juan Pablo de Jesús y el jefe de Asesores del gobernador, Carlos Bianco.
Precisamente, a la mano derecha de Axel, una especie de rockstar de la política bonaerense desde la época de las primeras giras en el Renault Clío, le tocó estar al frente de la segunda jornada de la crisis sanitaria, desatada tras el vendaval de muertos y afectados por el consumo de cocaína, aparentemente en condiciones de adulteramiento.
El miércoles, prácticamente en cadena nacional, fue Sergio Berni en su triple rol de médico/abogado y especialista en seguridad, el encargado de las primeras actuaciones, con una alta dosis del estilo ministerial. Despliegue policial, móviles en vivo, entrevistas en todos los canales y las primeras explicaciones en el torbellino de repentinos especialistas que poblaron los paneles televisivos.
Santilli se refirió al narcotráfico y a las drogas adulteradas
Pero desde Rusia, donde inclusive se deslizó la posible vuelta anticipada del Gobernador, Kicillof ordenó la implementación de un Comité de Emergencia y ya el jueves tanto Bianco como Nicolás Kreplak, dieron un paso al frente en la gestión comunicacional de la crisis.
En definitiva, bajada la espuma del drama y de los nervios iniciales, magnificada hasta por lo inédito de la situación, esta historia se trata también de una cuestión de salud pública.
En la noche del jueves, el ministro Kreplak activó su Twitter: primero, publicó que la Provincia «cuenta con una red de 150 dispositivos de asistencia en salud mental y consumos problemáticos, Centros Provinciales de Atención, Unidades de residencia para personas con problemáticas de consumo, Centros Comunitarios de Salud Mental y Consumos Problemáticos».
Un rato más tarde retuiteó una publicación del propio Axel Kicillof que sostuvo: «el personal de Salud volvió a demostrar su inmenso compromiso y dedicación, como tantas otras veces. Queremos agradecerles por el enorme trabajo realizado en las últimas horas para enfrentar la emergencia sanitaria».
“Se hablaba de halcones y palomas, ahora son todos caranchos”, dijo Carlos Bianco, en referencia a las declaraciones de parte de la oposición. Fue durante una conferencia de prensa realizada en el Hospital Bocalandro, en San Martín y l exjefe de Gabinete ya estaba al mando de la situación; por el pasaron los informes que a la distancia recibió Kicillof.
Por la noche del jueves, el Instagram de «Carli» Bianco, mostraba 17 publicaciones en stories, a modo de resumen de la actividad de la jornada: eran algunas de las notas que había brindado a medios nacionales, provinciales y locales durante todo el día.
De esa forma, Bianco ejecutó un doble rol. Por un lado, asumió ser la cara visible del gobierno, con Axel a miles de kilómetros de distancia. Estar el frente, junto a un papel más activo de Kreplak, permitió que Sergio Berni pasara a un segundo plano y transitara el 3 de febrero con menciones a dos hechos históricos, que reflejó en su cuenta de Twitter: los 209 años de la Batalla de San Lorenzo y los 170 de la Batalla de Caseros. Lejos de esos recuerdos, probablemente en la intimidad de los suyos, quedaron los festejos por los 60 años que cumplía ese mismo día el ministro de Seguridad.
La otra tarea de Bianco fue con la cara pintada y de volea, como cuando te la dejan servida para definir, cuando le respondió a la oposición con la metáfora plumífera de los halcones, las palomas y los caranchos. Sin nombrarlos hablaba de María Eugenia Vidal, la exgobernadora y de Cristian Ritondo, el antecesor de Berni, a quien durante varias horas le recordaron la poca efectividad de la táctica del derribo de «búnkers», como forma de combatir al narcotráfico.
La situación de crisis y alerta colectiva que se desencadenó el miércoles, con el consumo de drogas adulteradas, dejó 23 fallecidos y, al cierre de esta nota, unas 80 personas internadas, algunos de ellos en situación crítica.
La provincia de Buenos Aires declaró el “alerta epidemiológica” y con una rápida actuación contuvo el primer foco de la crisis.
Quedan las causas abiertas y ya hay algunas detenciones, que pueden mostrar la punta del ovillo del esquema del narcotráfico. Un tema demasiado espeso y complejo, con ramificaciones económicas, judiciales, geopolíticas, de salud pública y de impacto en situaciones de violencia. Un tema cultural, de angustia colectiva, acaso la cara más cruda de una sociedad de consumos, con ausencia de proyectos de futuro para amplios sectores.
Cómo dato de contexto vale pensar una secuencia: si el 80 % del tráfico de drogas en el mundo se desarrolla a través del transporte en barcos y la Argentina tiene puertos, como los del complejo de Rosario, de donde salen exportaciones cuyo control obedece en parte a las declaraciones juradas de las empresas: ¿no será hora de asumir que la evasión conlleva situaciones más peligrosas ocultas?
Además, este es un tema que, como efecto colateral, vuelve a abrir la puerta a un debate necesario, que desde diversos sectores y de manera transversal intentan hacerle un lugar en la agenda: la legalización de las drogas.
Hace tiempo que los enfoques securitarios del problema narco tienen límites muy cortos. Algunos casos demuestran que cuando esa lucha alcanza niveles de «guerra», como en México o en Colombia, los resultados son catastróficos.
El desafío de la política en Argentina con el tema narco y sus efectos derivados, está en pleno crecimiento y hay un llamado de atención que es la ciudad de Rosario. El episodio de la cocaína adulterada es más que una serie de memes de dudoso gusto y debates superficiales, entre especialistas formados en cuestión de minutos para hablar en la tele y políticos que repiten, como slogans vacíos, frases que nadie interpela ni repregunta.
