Por María Laura Beherán – Periodista y Politóloga.
La llegada de Donald Trump al poder el próximo 20 de enero tiene en vilo al mundo. Y no porque su asunción cambie demasiado las cosas, pues, el Donald, ya es, aunque todavía cueste creerlo, el presidente electo de la primer potencia mundial, y es inminente que ya hoy es, aún sin esa formalidad, el líder más influyente del Globo.
Esa imagen, ese símbolo tan próximo en el tiempo tiene en vilo al mundo. Pero no principalmente al planeta Tierra, eso está claro: al mundo del pajarito. Ese parece ser por ahora su verdadero “mundo”, el lugar donde piensa y se expresa, pues es allí, en Twitter, donde el flamante mandatario, con sólo 140 caracteres, canaliza cómodamente su sorna, vuelca sus opiniones, dicta sus veredictos y da rienda suelta a su verborragia.
Putin naufraga en el desconcierto de no saber bien si esa frase arrobada le dará la bendición de ser el primer entrevistado, Taiwán alardea anticipadamente su Independencia declarada por ËL en las redes, Obama llora sin saber si es porque se va o por lo que viene.
En fin… Donald se despliega como un pez en el agua mediática, su gran base de sustentación. Allí avanza a pasos agigantados evadiendo todo protocolo y ninguneando editores, periodistas o empresarios de los medios que intenten abordarlo en el formato tradicional. De eso, él sabe bien.
Es con un par de líneas on line que ha sido suficiente para poner otro poco de nafta en Medio Oriente, para defenestrar al partido Demócrata o para aterrar a cualquier inmigrante ilegal que pise su futura “Gran América”. Es con un par de líneas que decretó como pésima la televisión de la NBC. Y siguen las firmas.
Trump desorienta. Mientras todos creen que está pensando en Siria, él va por Meryl Streep. ¿Cómo hacer entonces para que no nos tome aquí en el cono Sur desprevenidos?¿ Cómo hacer para saber qué pretende este buen señor de la Argentina? Nadie lo tiene demasiado claro. Las expresiones de la Canciller Malcorra al respecto , de tanto ir y venir, se han vuelto no confiables. Nadie sabe, excepto alguien que conoce bien a Trump: Franco Macri. Don Franco.
Yo no lo menospreciaría teniendo en cuenta que circunstancialmente este empresario que en los 80 hacía negocios con “el señor de los rascacielos” hoy es el papá del señor Presidente. Dato no menor. El sí nos dio estos días unas pistas sobre quién es verdaderamente Donald Trump. Más allá de las polémicas y los rechazos que siempre genera la palabra de Franco, el que quiere oír, que oiga.
Lo definió como un gran hombre de negocios: auténtico, proteccionista y prepotente. Saquen conclusiones. Pensemos también si Franco es creíble. Estamos hablando de un hombre de 90 años, también millonario de millonarios, que hizo de las buenas y de las malas, que pasó sólo las últimas fiestas para reflexionar, que cree que Lilita es fantástica y que calificó la gestión de su hijo con un 5. Ustedes dirán.