Alberto pidió remover de inmediato a quienes conducen la OEA e invitó a Biden a la Argentina

En su discurso ante la IX Cumbre de las Américas en Los Ángeles criticó al uruguayo Luis Almagro por haber avalado el Golpe de Estado en Bolivia. También, ante la mirada de Joe Biden, se quejó de las ausencias generadas por la exclusión decidida por Estados Unidos.

«La OEA, si quiere ser respetada y volver a ser la plataforma política regional para la cual fue creada, debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen», disparó Alberto y puso en palabras una discusión de 60 años en el continente.

Integrada por casi todos los países de América, excepto Cuba que fue expulsada en 1962, nadie puede recordar al organismo defendiendo una democracia jaqueada por un Golpe de Estado, sino todo lo contrario. El silencio atroz ante las dictaduras y las invasiones de Estados Unidos aún resuena en la historia del continente.

La última muestra es la de Bolivia, cuando una decidida intervención en las elecciones que consagraron la reelección de Evo Morales, fueron manchadas por denuncias de fraude que buscaban legitimar el Golpe de Estado, que puso a Jeannine Áñez como presidenta de facto.

Hay dos frases que pueden definir la simbiosis de la relación OEA (con sede en Washington) y Estados Unidos. La primera es esa que remarca que en el país del Norte nunca hubo un Golpe de Estado, porque allí no hay Embajada de Estados Unidos. La otra es la que de boca de Fidel Castro, el líder cubano, la bautizó como «el ministerio de colonias» de Estados Unidos.

Alberto en Los Ángeles

No le hizo falta al presidente argentino ir tan lejos en la historia. En algún lugar de su memoria deben estar guardadas las jornadas de noviembre de 2005, cuando en Mar del Plata, en el cuarto encuentro de este tipo, que se habían iniciado en los noventa, se le puso un contundente freno a la iniciativa de la Alianza de Libre Comercio de las Américas, el ALCA.

«Nos preocupa la informalidad laboral, que hoy supera el 50 %. Nos duele esta suerte de ‘lotería del nacimiento’ que hace que quienes nacen en humildes pueblos de nuestra región vean reducir casi 15 años sus expectativas de vida respecto de quienes nacen en barrios acomodados», señaló Alberto en la sesión plenaria de la Cumbre.

«Desde la periferia en la que nos colocan, la América Latina y el Caribe miran con dolor el padecimiento que sobrellevan pueblos hermanos», dijo en otra parte de su discurso.

Alberto pidió la renuncia del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro.

En otro de los tramos, aludió al sistema intyernacional, debate reavivado tras la guerra entre Rusia y Ucrania: «en esta Cumbre debemos analizar el presente y proyectar el mañana en pos de una reconstrucción creativa del multilateralismo», dijo el Presidente en el Convention Center de la ciudad estadounidense de Los Ángeles, donde se desarrolla esta IX Cumbre de las Américas.

Haciendo equilibrio, pero en una frase dirigida elípticamente a la interna norteamericana, Alberto dijo que «estoy seguro de que es momento de abrirse de modo fraterno en pos de favorecer intereses comunes», propuso el jefe de Estado y, al dirigirse al propio Biden le recordó que «los años previos a su llegada al Gobierno de los Estados Unidos de América estuvieron signados por una política inmensamente dañina para nuestra región desplegada por la administración que lo precedió», en referencia a la gestión de Donald Trump.

«Es hora de que esas políticas cambien y los daños se reparen», enfatizó el mandatario argentino y cuestionó que «se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un Golpe de Estado en Bolivia».

De entrada, Alberto había dejado en claro el punto que hasta último momento había puesto en duda su propia presencia en la Cumbre. Lo hizo en modo de reproche por la ausencia de países que fueron excluidas por la administración de Joe Biden: «el silencio de los ausentes nos interpela. Para que esto no vuelva a suceder, quisiera dejar sentado para el futuro que el hecho de ser país anfitrión de la Cumbre no otorga la capacidad de imponer un derecho de admisión sobre los países miembros del continente», afirmó, ante Biden y su vicepresidenta Kamala Harris, que desde un costado del estrado de los discursos, estaban sentados en una mesa que parecía las de quienes toman examen a los alumnos.

Fue directo al mencionar su pesar porque no hayan «podido estar presentes» todos los que debían estar, en relación a las exclusiones de Cuba, Venezuela y Nicaragua, «en este ámbito tan propicio para el debate».

Sobre Cuba y Venezuela, planteó que la isla «soporta un bloqueo de más de seis décadas, impuesto en los años de la Guerra Fría» y reprochó que Venezuela «tolere otro (bloqueo) mientras que una pandemia que asola la humanidad arrastra consigo millones de vidas».

La economía y la crisis

El Presidente también cuestionó que se hayan «apropiado de la conducción del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que históricamente estuvo en manos latinoamericanas», por la designación en ese organismo del estadounidense Mauricio Claver-Carone. Para ese puesto, Argentina había hecho campaña por el nombre de Gustavo Béliz, de extrema confianza de Alberto.

En otro pase de facturas a Estados Unidos, Alberto criticó que desde el gobierno republicano de Trump se hayan «desbaratado las acciones de acercamiento a Cuba, en las que el Papa Francisco medió, que habían significado avances logrados por la administración de Barack Obama, mientras usted era vicepresidente», resaltó en otro párrafo dirigido a Biden.

Un apartado especial del discurso se lo dedicó a un tema de enorme importancia para la Argentina como la deuda externa: «la intervención del gobierno de Donald Trump ante el Fondo Monetario Internacional fue decisiva para facilitar un endeudamiento insostenible en favor de un gobierno argentino en decadencia», por el crédito stand-by otorgado en 2018 a la gestión de Mauricio Macri.

«Lo hizo con el solo propósito de impedir lo que acabó siendo el triunfo electoral de nuestra fuerza política. Por tamaña indecencia sufre hoy todo el pueblo argentino», sentenció.

Como presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), trazó un panorama de América Latina y el Caribe, describió que «emergieron de la pandemia como la región más endeudada del mundo en desarrollo» y advirtió que el peso promedio de la deuda externa supera el 77 % del producto bruto regional.

«En la América en la que vivimos tampoco son admisibles las exclusiones al bienestar, al financiamiento sostenible, a la diversificación productiva, a la tecnología para el progreso social y a la equidad de género. Asumamos el desafío de atender las causas profundas que ponen en tensión nuestra convivencia democrática», aseguró.

También habló de la guerra en Europa y puso la mirada sobre las consecuencias del conflicto bélico para el acceso de la humanidad a los alimentos, una urgencia que atravesó la Cumbre y sobre la cual hizo una fuerte advertencia el secretario general de la ONU, António Guterres.

«La invasión de Rusia sobre Ucrania impacta de lleno sobre nosotros» dijo y pidió construir con urgencia «escenarios de negociación que le pongan fin a la catástrofe bélica. Sin humillaciones ni deseos de dominación. Sin geopolítica deshumanizada ni privilegios de violencia».

En torno a los dos grandes temas que plantea el escenario de crisis actual, con alza de precios y escasez mundiales, Alberto señaló dos objetivos: «organicemos continentalmente la producción de alimentos y proteínas y desarrollemos nuestro enorme potencial energético y de minerales críticos para la transición ecológica».

«Vengo de un país humanista donde consagramos el valor de los derechos humanos como el corazón de nuestra identidad y siempre defenderemos su vigencia en todos los ámbitos», dijo.

Pidió debatir «la necesidad de políticas impositivas progresivas», incluso cuando las élites domésticas se presenten «como un peligro para la calidad democrática», y remarcó que «la renta inesperada que la guerra entregó como un regalo a grandes corporaciones alimenticias, petroleras y armamentísticas debe ser gravada para mejorar la distribución del ingreso».

«En la América en la que vivimos tampoco son admisibles las exclusiones al bienestar, al financiamiento sostenible, a la diversificación productiva, a la tecnología para el progreso social y a la equidad de género. Asumamos el desafío de atender las causas profundas que ponen en tensión nuestra convivencia democrática»

También hizo mención al cambio climático y narró que el Caribe «lo padece de modo dramático y no hay tiempo para esperar respuestas».

«Somos acreedores ambientales. Aportamos oxígeno al planeta y no somos responsables de emitir los gases que provocan el efecto invernadero», apuntó, y agregó: «La injusticia ambiental que vivimos destruye nuestro continente. Debemos enfrentar la transición ecológica contando con auxilios financieros suficientes que movilicen la innovación con justicia social».

Hacia el final de discurso mencionó los derechos soberanos sobre Malvinas y remarcó que «Argentina es un país pacífico».

«Seguimos reclamando por las vías diplomáticas los legítimos derechos que nos caben sobre nuestras Islas Malvinas. Seguimos confiando en el diálogo. Tras la tragedia de la pandemia, observamos a las guerras como el triunfo de la insensibilidad humana».

«Debemos construir juntos, en unidad, un renovado humanismo, que, como enseña el Papa Francisco, comience por los últimos, para llegar a todos y todas», completó.

El último párrafo se lo dedicó directamente a Joe Biden: «estoy aquí tratando de construir puentes y derribar muros. Como presidente de la Celac quiero invitarlo a participar de nuestra próxima reunión plenaria», a realizarse en Buenos Aires el 1 de diciembre próximo.

«Sueño que en una América fraternalmente unida. Nos comprometamos a que todos los seres humanos que habitan nuestro continente tengan derecho al pan, a la tierra, al techo y a un trabajo digno», finalizó.

 

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