Son horas decisivas para Alberto Fernández: debe tomar decisiones rápidas, dignas de autoridad, para tratar de un recomponer primero su figura y su elenco de gobierno que implosionó, una vez más, víctima de la interna del Frente de Todos.
Lo cambios a realizar no serán sencillos y, en estas circunstancias, tendrá que elegir si consensuar los nuevos nombres con los otros accionistas de la coalición o, sin embargo, decide por su propia cuenta los lugares vacantes. Las dos opciones poseen pros y contras evidentes.
Entre los aspectos favorables, Fernández sabe que si conversa con Cristina Kirchner y Sergio Massa los reemplazos habrá un descenso de nivel del internismo que es propio de la alianza desde el vamos. Es decir, un dolor de cabeza menos. Pero tambien es cierto que si cede una vez más queda, nuevamente, debilitado, prácticamente siendo el socio minoritario del FdT. Y siendo, nada más ni nada menos, el jefe de Estado, el dueño de la lapicera, o por lo menos lo que figura en los papeles.
Cambios en el Gabinete: renunciaron Zabaleta en Desarrollo Social y Moroni en Trabajo
Entre los nombres que se van, hay dos del riñón del Presidente. Uno, es Juan Zabaleta, en Desarrollo Social, cuya salida ya estaba programada desde hace semanas. Desgastado en su vínculo con los movimientos sociales, con el lanzamiento de una auditoría de planes que nunca se llegó a concretar a fondo, de hecho, empezaron con varias dificultades, el ex intendente de Hurlingham elige volver a su pago chico, tras su licencia, para no perder poder en manos de La Càmpora. El espacio de Máximo Kirchner casi siempre le fue hostil y cree que en esta ocasión la discusión será más que ardua por el control del municipio.
El otro, es Claudio Moroni, encargado de la cartera laboral. Íntimo amigo de la máxima autoridad de la Casa Rosada, quien nunca sintonizó con el kirchnerismo, que a través de distintas voces dejó en claro que era parte de los «funcionarios que no funcionan», como mencionó la titular del Senado en acto.
Todavía es recordado el discurso de Máximo Kirchner en Diputados en el que cuestionó abiertamente al ministro de la cartera laboral por haber firmado un acuerdo de suspensiones de trabajadores en Mondelez.
«Mondelez, fábrica de alimentos, puso a los trabajadores a producir golosinas bajo el paraguas de ‘industria alimenticia y servicio esencial’, se stockeó todo lo que pudo bajo el valor actual para venderlo vaya a saber cuándo, y le baja el sueldo a los trabajadores suspendiendo la actividad. Equivocadamente, el Gobierno le homologó ese acuerdo», criticó el legislador.
«Espero que se corrija. No tengo problemas en decir esas cosas. No me quiero arrepentir de defender a los que tenemos que defender. No puede ser que siempre ellos sean los primeros», advirtió el hijo de la vicepresidenta.
Luego, siguieron críticas por parte de Andrés Larroque, otra figura de relevancia en La Cámpora, y, dicen desde el Instituto Patria, que el prolongado conflicto con el sindicato de neumáticos fue clave para su corrosión definitiva. Cansado, solamente con el apoyo de los «gordos» de la CGT, ya que el moyanismo y el gremialismo K siempre le propinaron dardos a mansalva, el ministro decidió dar un paso al costado y dejar que los Fernández y Massa se vean envueltos en una nueva discusión por ver quién ocupa mayores sillas, y poder, de cara a la pelea electoral 2023.