Después de confirmarse la cancelación del partido amistoso que la selección nacional de fútbol iba a disputar en Jerusalén con la israelí, el Estado de Israel evalúa la posibilidad de entablar una demanda millonaria contra Argentina, la AFA, la empresa Torneos y Palestina. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu intentó ayer revertir la decisión a través de un llamado directo al presidente Mauricio Macri.
El partido se hubiera disputado en medio de múltiples críticas tanto deportivas (por implicar un viaje de dos días en la última semana de entrenamiento) como políticas, ya que se iba a disputar en el estadio Teddy Kollek, situado en el actual barrio de Katamon, en las afueras de Jerusalén, en lo que fuera la aldea árabe de Maliha, destruida por las fuerzas armadas israelíes durante la guerra de 1948. Por esto, niños descendientes de los pobladores originales le habían enviado una carta Messi rogándole que no juegue en ese estadio “construido sobre las tumbas de sus antepasados”. También se trata de un momento especialmente complicado en la ciudad dividida entre palestinos e israelíes, ya que luego de la decisión de Donald Trump de trasladar allí la embajada estadounidense, reconociéndola de hecho como territorio exclusivo del Estado de Israel, vienen sucediéndose movilizaciones de protesta palestinas que ya han dejado más de 60 muertes.
En ese contexto, que incluyó reclamos frente a la concentración de la Selección en Barcelona para que no viajen a Israel, los jugadores argentinos ,con el acuerdo del técnico Jorge Sampaoli, manifestaron su decisión de no jugar el amistoso. Gonzalo Higuaín, el único de los jugadores que habló del tema, explicó en entrevista con ESPN: «Creo que al final se pudo hacer lo correcto. Ya quedó atrás, obviamente primero está la salud y el sentido común. Creemos que lo correcto era no ir».
La toma de posición generó inmediatamente un problema diplomático entre ambas naciones ya que Israel incluso había realizado ya el pago de 2 millones de dólares acordados con la AFA por el partido. El presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, uno de los principales impulsores del evento, debió ir a dar explicaciones a la Embajada de Israel y el propio primer ministro Benjamin Netanyahu llamó dos veces al presiente Macri desde Francia para instarlo a que interceda. “Mauricio, te pido que intercedas para que no se suspenda el partido. Si no quieren venir a Jerusalén, podemos buscar una sede alternativa, como Haifa», le planteó, buscando evitar la cancelación. Pero Macri planteó que no podía hacer nada y que era una decisión tomada por los jugadores.
Ahora, el Estado de Israel evalúa una demanda contra nuestro país, la AFA, Torneos y Competencias y Palestina por hasta mil millones de dólares por daños y perjuicios, por considerar que su imagen ha resultado dañada a nivel internacional por la decisión, a la que consideraron como “un golpe durísimo a Israel” y una “rendición ante el terrorismo”. La suspensión del amistoso desata además una crisis diplomática con el país que desde el inicio de la presidencia de Macri había aparecido como uno de sus principales aliados internacionales, con numerosas visitas de alto nivel diplomático, planes de intercambio comercial e incluso fuertes compras de armamentos por parte de Argentina.
Desde Israel consideran inentendible la cancelación ya que la propia AFA había enviado una comitiva al país para evaluar las cuestiones de seguridad. La Cancillería argentina, por su parte, explicó: “La AFA es una asociación civil sin vinculación con el Estado Argentino y que el Gobierno no participa ni tiene injerencia alguna en la organización del evento ni en ninguna otra actividad en la que ésta participe”.