Horacio Rodríguez Larreta y su lema es con todos, Mauricio Macri tratando de que la coalición gire cada vez más hacia la derecha, Patricia Bullrich yendo a fondo y la UCR cargando dardos a más no poder contra el expresidente. Un gráfico de toda la novela de Juntos por el Cambio que promete más capítulos y una encrucijada ¿Cómo se sale de este laberinto cruzado por la desconfianza?
Macri desde hace semanas que mastica bronca por el «dialoguismo» que ensaya el alcalde porteño. No solo por el perfil que trata de imprimirle a su campaña, sus acuerdos, sino porque también desconoce lo conversado por privado. Del otro lado, el larretismo justifica sus acciones: «No sirve solamente ganar con un discurso duro, pateando el tablero, el 11 de diciembre hay que gobernar y se necesita a un 70% del espectro político».
Esa definición la ensayó por primera vez, y públicamente, en un encuentro de La Generación en 2022, en el barrio de Almagro, que reunió a la militancia que cantó «vamos a volver». Ante la pregunta sobre el futuro, Larreta empezó a mostrar diferencias claras con el ala dura y además dejó definiciones sobre la gestión Macri. «Por algo no nos eligieron, no hay que enojarse con la gente», dijo. Con esa frase anticipó lo que vendría: obtener una apertura en JxC y el beneplácito del peronismo no K, ese que busca jubilar a toda costa a Cristina Kirchner pero es incapaz de generar una opción electoral potente.
Pero la intención del jefe de Gobierno chocó con límites claros: el de Macri, Luis Juez, Patricia Bullrich y hasta el del mandatario de Córdoba, protagonista de la novela semanal. El motivo es sencillo: no puede avanzar en un entendimientos porque coloca un riesgo concreto en su propio feudo, con Juez mirando la escena y apostando por la sucesión.
Con micrófono en mano, Schiaretti, quien conoce a Macri desde hace años, comentó este martes que «la dirigencia política se está peleando como perros y gatos. Yo no pretendo armarle problemas a nadie». El dirigente cordobés dijo que promueve «una nueva alternativa política en en la que todos preserven su identidad, ir a elecciones y luego avanzar con un gobierno de unidad nacional» y agregó: «Para eso vengo trabajando desde hace dos meses».
El problema es que el nivel de encono, de apuesta a todo o nada de cada actor, ponen en jaque el futuro de la alianza opositora. Más de un operador del radicalismo da cuenta de ello, al señalar que «todos deben marcar una pausa porque, si Bullrich o Larreta ganan, deben poder gobernar y eso debe ser entre todos, más allá de cualquier slogan».
Y otro detalle, no menor: el ganador de la interna de JxC si quiere llegar a la Casa Rosada debe poder tomar el 100% de los sufragios de su contrincante en las elecciones generales, algo que a esta altura parece una tarea más que compleja.