El ministro de Energía, Juan José Aranguren, insistió con justificar el aumento de las naftas por la devaluación, confrontando con el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, quien durante la campaña presidencial aseguraba que una devaluación “no iba a afectar prácticamente a nadie”, porque todos los precios estaban establecidos en función de la cotización del «contado con liqui» o el blue, o sea, cerca de los 15 pesos.
A su vez, Aranguren sostuvo que «si el consumidor considera que el precio del combustible es alto, deja de cargar», desconociendo la inélastico que es el combustibles en términos económicos y recordando otra insólita declaración suya, cuando aseguró en plenos cortes de luz que “el que está afectado no está consumiendo energía y (entonces) no paga por el servicio”.
El criterio de Aranguren desconoce por completo toda teoría económica, donde uno puede sustituir el bien “costoso”, por otro más accesible, algo imposible para la gran mayoría de los sectores de la economía y para los particulares que poseen un vehículo.