Si bien este 2018 que llega a su fin contribuyó notoriamente a redefinir el mapa político de América latina, con definiciones políticas de cambio de signo en países tan clave como México o Brasil, el escenario regional terminará de configurarse en 2019, con comicios clave en Panamá, República Dominicana, El Salvador, Argentina y Uruguay. Pero la primera definición será en las elecciones primarias del próximo 27 de enero en Bolivia, donde Evo logró presentarse a la reelección pero por primera vez no aparece como el favorito en las encuestas.
En enero Bolivia celebrará las primeras elecciones primarias de su historia para definir a los candidatos que competirán en las presidenciales de octubre. Morales, quien finalmente logró el aval judicial del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para volver a presentarse a un nuevo mandato, enfrenta las elecciones más disputadas desde su llegada a la presidencia en 2006. La fórmula oficial del Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MÁS-IPSP), repite a Álvaro García Linera como candidato a la vicepresidecia.
La fórmula Morales-Linera se enfrentará a la de la alianza Comunidad Ciudadana, integrada por el ex Presidente Carlos Mesa y Gustavo Pedraza, que es la opositora con más intención de voto hasta el momento. También el histórico Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) se presenta con la fórmula Virginio Lema-Fernando Untoja y el Partido Demócrata Cristian con el ex presidente Jaime Paz Zamora acompañado por Paola Barriga. Otras fórmulas que competirán en enero son las de ex vicepresidente aymara Víctor Hugo Cárdenas y Humberto Peinado (Unidad Cívica Solidaria), el ex ministro de Educación del MAS Félix Patzi con Lucila Mendieta (Movimiento Tercer Sistema), Ruth Nina Huchani y Leopoldo Chui (Partido de Acción Nacional Boliviano) y Óscar Ortiz con Edwin Rodríguez (Bolivia Dice No).
La habilitación a Evo para competir por un nuevo mandato, luego de ser derrotado en el referéndum de 2016 para reformar la Constitución, ya ha generado múltiples reclamos y hasta protestas violentas en Bolivia, lo que da cuenta de la fuerte polarización política que atraviesa al país vecino. Incluso desde la Unión Europea cuestionó por medio de su portavoz para Asuntos Externos Maja Kocijancic que las elecciones no se realizan en “condiciones justas y equilibradas”, mientras que el Departamento de Estado de los Estados Unidos criticó las presuntas amenazas contra los jueces del TSE, que “no son propicias para crear condiciones necesarias para celebrar elecciones libres y justas”.
Pero, más allá de los cuestionamientos internacionales y de las críticas de la oposición interna, la búsqueda de un nuevo mandato ha afectado negativamente la imagen de Evo incluso entre las propias filas de sus adherentes, un sector de los cuales se ha manifestado permeable a los cuestionamientos por “querer eternizarse en el poder”.
Morales se impuso en las elecciones de 2014 por el 61,3% de los votos, pero encuestas recientes indican que si bien podría imponerse por sobre Mesa con un 35% contra 26% en primera vuelta, la fórmula oficialista podría llegar a ser derrotada en un escenario de ballotage por 44% contra 38%, con todas las fuerzas de oposición unificadas detrás de la candidatura de Mesa. Así, Evo se enfrenta por primera vez a una posible derrota electoral, pese a que los logros económicos y políticos de su gestión son indiscutibles: el PBI nacional pasó de 9.500 millones de dólares en 2005 a 40.500 millones en 2018 (crecimiento promedio del 5% anual), una reducción drástica de la pobreza y la indigencia acompañada por un aumento de los niveles de producción y consumo y otros tantos indicadores positivos en áreas de salud y educación.