Con 99,99% de las mesas escrutadas, el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, obtiene 46,3%, frente al 29,27% de Fernando Haddad, el elegido por Lula, y si bien habrá segunda vuelta el 28 de octubre el ex militar ganó por enorme diferencia, obteniendo ademas un amplio triunfo en una ciudad clave, San Pablo.
El candidato ultraderechista se impuso con claridad en el sur y el oeste de país, mientras que Haddad logró triunfos en la todos los estados del nordeste (los más pobres de Brasil), bastión clásico del PT, confirmando también un corte socioeconómico en las preferencias electorales manifestadas este domingo.
El candidato del Partido Social Liberal (PSL), de extrema derecha, excapitán del ejército, y diputado federal desde hace 28 años, logró en las últimas semanas el apoyo de la bancada parlamentaria evangélica y de Edir Macedo, el millonario referente de la Iglesia Universal, lo que puede explicar el súbito crecimiento en las encuestas de los últimos días, después de semanas de estancamiento en alrededor de un 28%.
Haddad, profesor de ciencias políticas, exalcalde de San Pabllo y ex ministro de Educación, fue bendecido como candidato del PT por Lula al no poder conseguir una excarcelación que le permitiera competir en las elecciones (para la que todas las encuestas lo daban como favorito indiscutido) y logró pasar rápidamente de un 4% de intención de voto a cerca del 25%, confirmando que el efecto trasvase de los votos del PT que hubieran ido a Lula fue en parte efectivo.
Ciro Gomes, del PDT obtuvo 14,47% y Geraldo Alckmin, del PSDB, el partido del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, apenas 4,76%. La ambientalista Marina Silva (Rede), que hasta antes de la postulación de Hadad se ubicaba tercera en las encuestas, finalmente logró menos del 1%.
Para la segunda vuelta Haddad ya anticipó que buscará revertir el fortísimo golpe de este domingo con una ampliación de su marco de alianzas: “Tenemos que buscar una ampliación de nuestra alianza más allá de los partidos con los que ya compartimos la coalición. Queremos llegar a todos los brasileños que, independientemente de sus partidos, quieran contribuir a la reconstrucción democrática del país”. Se descuenta que la mayor parte de los votos del laborista Gomes, de Silva y de otros candidatos con menor caudal electoral (como Guilherme Boulos del Psol -Socialismo y Libertad- que obruvo 0,58% y ya conformó que en segunda vuelta llamarán a votar por el candidato del PT), pero en principio parece menos automático el trasvase de los votos de Alckmin.
El escenario brasileño está fuertemente marcado por un descrédito a la política y a los candidatos luego de la destitución de Dilma Roussef y el encarcelamiento del ex presidente Lula Da Silva por acusaciones de corrupción, pero también el actual presidente Michel Temer afronta investigación por corrupción, además de tener la más baja imagen positiva de un presidente en la historia de Brasil, con apenas 4%.
En un contexto que además suma grandes movilizaciones sociales contra las políticas económicas de Temer, una fuerte tasas de desocupación y una criminalidad creciente, las propuestas de “mano dura” del candidato ultraderechista logran consenso creciente. Pero, más allá de sus polémicas declaraciones a favor de la violencia y contra mujeres u homosexuales, hasta el momento no ha presentado un programa económico claro, delegando esta tarea en quién sería su ministro de economía, el ortodoxo liberal Paulo Guedes, quien ya anticipó su posición favorable a las privatizaciones, una reforma fiscal más profunda y una revisión del sistema de pensiones. A pesar de todo, Bolsonaro es quien tiene más respaldo de los “mercados”.
Haddad, en cambio, a pesar de ser un académico reconocido, genera dudas en los sectores del poder económico porque temen que avance con proyectos como un impuesto a las transacciones bancarias, elimine la reforma fiscal de Temer que puso un techo al aumento del gasto público y no ejecute la reforma de pensiones.