Luiz Inácio Lula da Silva, retornó a la sede del Poder Ejecutivo en ruinas. Se dirigió a pie el lunes por la noche al Supremo Tribunal Federal (STF) en el centro de Brasilia. En su marcha por la plaza central de la capital, lo acompañaron la titular del STF, Rosa Weber, el vicepresidente Geraldo Alckmin, algunos gobernadores, senadores y diputados.
Esta marcha cívica fue luego de una reunión con gobernadores para tratar la crisis causada por las invasiones a los palacios de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El presidente dijo que «vamos a investigar» quiénes fueron los manipulados y quiénes los responsables intelectuales que no se hicieron presentes en el Palacio del Planalto para realizar las tomas y generar un clima de ruptura institucional. «¿Qué estaban reivindicando, aumento de salario?. No, ellos estaban reivindicando un golpe».
Lula denunció que «hubo una convivencia de la policía apoyando a los manifestantes, mientras los soldados conversaban con las personas ( subversivas) como si fuesen sus aliadas».
A las 9 de la mañana del lunes, el flamante jefe de Estado llegó al Planalto, sede del gobierno, donde casi nada quedó en pie. La turba de extrema derecha descargó el domingo su ira antidemocrática destruyendo todo lo que encontraba a su paso, desde muebles y computadoras hasta la pintura Las Mulatas de uno de los padres del modernismo nacional, el inmortal Di Cavalcanti. La obra de 1962, tasada en 1,4 millones de dólares, fue tajeada por los invasores .
En su retorno al predio destruido, un Lula con traje gris y camisa oscura sin corbata, observó a decenas de empleados recoger vidrios, apilar muebles, sacarlos en contenedores y limpiar las heces dejadas por ese grupo de fascistas tan escatológicos como políticamente iletrados.
Una de las pocas oficinas a salvo de la plaga fue el despacho presidencial, en el tercer piso, donde el mandatario del Partido de los Trabajadores (PT) y su vice Alckmin, del Partido Socialista Brasileño (PSB) se sentaron uno junto al otro. Los acompañaban el titular del Congreso, senador Veneziano Vital do Rego, el jefe de Diputados, Arthur Lira y la presidenta del STF, jueza Rosa Weber.