Por Mateo Schale
La economía argentina se encuentra de capa caída y no da signos de recuperación. Los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC) sobre la actividad económica muestran que en el mes de junio la mayoría de los sectores mostraron fuertes caídas con respecto al mismo mes del año anterior. Entre los de peor performance se destacan aquellos que mayormente se dedican al mercado interno tales como la Intermediación financiera (-15,1%) y Electricidad, gas y agua (-10,6%). Sin embargo la dinámica negativa se extendió también a los sectores que más incidencia tienen en la actividad, la producción y el empleo. El Comercio mayorista y minorista, la Construcción y la Industria manufacturera presentaron fuertes bajas interanuales del 8,6%, 7,9% y 6,1%, respectivamente.
No obstante, la evolución positiva del campo, que el año pasado sufrió una grave sequía, permite que cuando observamos el conjunto total de la economía, la actividad presente solo una variación negativa del 0,4%.
En lo que respecta al consumo los números tampoco son buenos, el día viernes el INDEC publicó los datos de las ventas en supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compras a junio de 2019, mostrando una dinámica acorde al ritmo de la economía. A precios constantes la facturación en supermercados mostró un retroceso del 13,2% interanual y en los autoservicios mayoristas se presentó otra baja de la misma magnitud, 13,5%. Esta disminución implica no solo un cambio en el hábito del consumidor (ahora volcado a consumir segundas y terceras marcas) sino también una merma en las cantidades de comida consumida por las familias argentinas. Por su parte, en los shoppings las ventas retrocedieron un 6,1% interanual, acumulando una baja del 15,5% en los primeros seis meses del año.
El shock devaluatorio acaecido después de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y su consiguiente impacto en un nivel inflacionario que ya ronda el 54% anual obliga a pensar que se profundizará la recesión y que estos números empeorarán. En ese sentido, las nuevas medidas adoptadas por el gobierno son un paliativo que, lejos de compensar el poder de compra de los asalariados, solo aliviará parcialmente esta situación pero pondrá en serio riesgo la meta fiscal comprometida con el Fondo Monetario Internacional (FMI) al atacar directamente la recaudación impositiva.
Además, la meta monetaria pactada con el Fondo, que fue cambiada de mensual a bimestral unas semanas atrás, también corre serios riesgos de ser incumplida si es que el Banco Central no logra aspirar pesos a un ritmo mayor de lo que viene haciendo en estos últimos días hábiles del mes de agosto. La herramienta que tendrá Sandleris para hacerlo es manejando una tasa de interés que ya está alta y asfixia al sistema productivo y además corre por detrás del dólar y la inflación.
Frente a este escenario el FMI podría optar por no hacer el desembolso previsto para septiembre y actuar recién después de las elecciones. Como marca el precedente de lo que hizo en Ucrania en el 2014 en donde esperó que pasaran los comicios para volver a realizar dichos desembolsos. Sin embargo esta actitud podría ser contraproducente incluso para el mismo Fondo, ya que el mercado, que se encuentra sensible por demás, llevaría a la Argentina a un punto de no retorno y generando una crisis de deuda, algo que todos los sectores (gobierno, oposición y FMI) quieren evitar.