Los analistas políticos contratados por el Gobierno ya avizoran un cisma en caso de que el candidato de ECO+Cambiemos se imponga en las elecciones del 8 de octubre. Ocurre que Valdés no piensa quedar en la historia como el títere de Colombi y, tal como hizo Arturo en 2005, tomará la fusta en caso de acceder al Gobierno.
En el seno del radicalismo local una calificada fuente reveló que el candidato hubiera preferido un toque de autocrítica y no tantas impugnaciones a los candidatos rivales. Valdés era partidario de una campaña positiva, en contacto con el empresariado y la producción, pero Colombi eligió el camino de la confrontación.
Valdés apeló a la figura de su compañero de fórmula, el moderado y siempre bien posicionado Gustavo Canteros, pero no consiguió que la usina de campaña de ECO imprimiera un solo afiche con el rostro del actual vicegobernador. Apenas unas desprolijas pintadas a la cal en los muros de la periferia y nada más. Ni un litro de nafta para la pata justicialista del frente que se jacta de ser “un equipo”.
En tanto, en cada esquina taquillera de la capital correntina se repite la sonrisa forzada del candidato a gobernador, pero siempre flanqueada por la mirada penetrante de un Colombi desgastado lo más sintomático: el jefe aparece en el costado derecho de las gigantografias, el espacio que según las reglas de la semiótica trepan con más facilidad el insconsciente colectivo.
En plena ebullición, y a sabiendas de que esta confrontación por el momento soterrada podría conducir a ECO a una derrota, el intendente electo de la capital, Eduardo Tassano, eligió abrirse del conflicto y levantó el pie del acelerador en la campaña por los barrios.
En los últimos días el reconocido cardiólogo se dedicó a celebrar su cumpleaños entre íntimos para iniciar un proceso de abroquelamiento con la mirada puesta en 2021. Se dice que su jefe de campaña dentro de cuatro años será el actual ministro nacional del Plan Belgrano, Carlos “Mono” Vignolo, otro que tomó distancia para preservarse de una eventual hecatombe.