Luego de que el jefe de Gabinete, Marcos Peña, confirmara que «fragmentar” la reforma laboral “es una buena iniciativa», avanzan las negociaciones con la CGT en ese sentido. A su vez, con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, debilitado, el vice Jefe de Gabinete, Carlos Quintana, pasa a ser el principal planificador en la relación con los gremios, aunque mantiene una fuerte tensión con los mismos.
Con la fragmentación «se va a poder desagregar más los contenidos y debatirlos más profundamente. Es la medida que se debería haber tomado de entrada», reconoció Peña, quien afirmó que «no es de vida o muerte que sea una sola ley o varias leyes».
Desde el lado de la CGT, Héctor Daer, el triunviro más dialoguista por estos días, quien incluso se ausentó en la cumbre de Mar del Plata, convocada por Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, ensayó un tenue reclamo y considero que es «fundamental mantener la cláusula gatillo». «Durante los últimos dos años escuchamos pronósticos de inflación que no se cumplieron. Ahora estamos ante una nueva disyuntiva, y queremos que al Gobierno le vaya bien y baje la inflación, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados si los trabajadores pierden poder adquisitivo», agregó.
«Van a haber modificaciones normativas que el Congreso definirá. Si el título de reforma laboral evoca otro momento en el que parece que pierden los trabajadores, bueno, volvamos a la mesa de trabajo para debatirlo», devolvió Peña, tendiendo un puente con la CGT.
Peña, en definitiva, reproduce la decisión de Mauricio Macri, quien en marco del caos internó que desató el escándalo del SOMU, intenta apaciguar las aguas y corre a Triaca, en favor de Quintana, quien fue el mentor de la negociación modular de la reforma, en particular de desechar la parte que se refiera a los contratos de trabajo, y de avanzar con algunas leyes sueltas, en particular, las vinculada al blanqueo de trabajo.