En los pocos días transcurridos desde la renuncia a la candidatura del ex presidente Luis Inacio “Lula” Da Silva, hoy detenido, su candidato Fernando Haddad logró un espectacular repunte en la intención de voto, pasando de un magro 4%, a ubicarse como posible ganador de las inminentes elecciones presidenciales del 7 de octubre. En nuestro país, el kirchnerismo espera que la onda expansiva del posible cambio de signo político en el país más importante de la región también tenga efectos favorables a la candidatura de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Según la más reciente encuesta de Ibope, Haddad logró en unos pocos días recortar la distancia que lo separaba del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro. Ahora el candidato del PT pasó a tener un 22% de intención de voto, sumando tres puntos en sólo una semana y confirmando un trasvase efectivo del caudal electoral de Lula, con lo que se metería en el ballogate con Bolsonaro, que sigue estable en el 28% alcanzado tras ser víctima de un apuñalamiento a principios de septiembre.
El impactante crecimiento en las encuestas del ex alcalde de San Pablo fortalece la polarización y parece aún no haber alcanzado su techo ya que se espera que pueda seguir recolectando sufragios del 40% de los brasileños que tenía intenciones de votar a Lula. De todos modos, aún con los números actuales, la encuesta de Ibobe da ganador a Haddad en un eventual ballotage contra Bolsonaro por 43% a 37%.
Por otro lado, el restos de los candidatos se mantienen relativamente estables (el laborista Ciro Gomes con 11% y el socialdemócrata Geraldo Alckmin con 8%), excepto en el caso de la ecologista Marina Silva que sufre un fuerte drenaje de votos hacia el PT y bajó a apenas un 5%.
Un eventual regreso del Partido de los Trabajadores a presidencia brasileña impactaría en toda la región, marcando un posible cambio de signo en sentido progresista, luego de una sucesión de triunfos neoliberales. Desde el kirchnerismo se especula con que el eventual impacto local del triunfo de Haddad podría también impulsar la intención de voto hacia la ex presidenta por su histórica alianza con Lula y el PT, así como con el resto de los gobiernos progresistas de la región.
También una derrota de los sectores más conservadores brasileños implicaría un impacto negativo para el macrismo, que fue uno de los primeros gobiernos del mundo en saludar la asunción de Michel Temer luego del golpe institucional contar la ex presidenta Dilma Roussef mientras que el propio Mauricio Macri fue el primer mandatario en visitar al nuevo presidente.