La denuncia de Fabiola Yáñez contra Alberto Fernández por violencia de género un fuerte impacto en el peronismo que ya estaba atomizado, irritado por sus propias internas y sin un liderazgo definido. La causa y las penas que le podrían corresponder al ex presidente de modo individual, ocasionaron un daño colectivo de consecuencias hasta ahora difíciles de medir.
En La Libertad Avanza especulan que las esquirlas del caso Fernández durarán un tiempo largo y acelerarán la crisis interna del peronismo. Anticipan, por caso, fracturas en los bloques y la atomización. Hay peronistas que tendieron puentes con la Casa Rosada y frente al escándalo podrían tener facilitado el tránsito.
Es una prueba de fuego para Milei, que en momentos clave acepta las sugerencias de Caputo y Manuel Adorni de hacer intervenciones administradas y planificadas. Así fue el mensaje del presidente en sus redes sobre el tema Yáñez.
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En medio, el peronismo armó un microclima en La Rioja para la jura de la nueva Constitución provincial, episodio que Ricardo Quintela planeó, entre otras cosas, como punto de partida para convertirse en jefe del PJ nacional, una butaca que hasta hace unos meses ocupó Fernández. Axel Kicillof estuvo ahí, además de vicegobernadores, intendentes, senadores y diputados nacionales. Sin presencia de La Cámpora, se volvió simbólica la presencia de Juliana Di Tulio y Oscar Parrilli, dos referencias ligadas con Cristina Kirchner.
La ex presidenta tuiteó el viernes sobre la denuncia de Fabiola donde, antes que nada, se despegó de Fernández, a quien ubicó en el club de los malos presidentes junto a Macri y Fernando De la Rúa.
El viernes, a media mañana, Quintela, Kicillof y un puñado de dirigentes tuvieron un desayuno cerrado. Uno de los presentes fue Sergio Berni que se presenta como “armador bonaerense” del gobernador riojano. Se habló de la denuncia contra Fernández y del impacto político inmediato. Pura confusión sin posibilidad de proyectar, más allá del deseo, sobre derivaciones futuras. Hizo ruido una presencia: la de Fernando Espinoza, procesado en una causa por violencia de género.
Los diputados de Unión por la Patria (UP) apuraron un comunicado para condenar los hechos y solidarizarse con Yañez. El resto de las reacciones, en su mayoría de carácter individual, dieron cuenta de la fragmentación del peronismo. Una imagen lo resume: en el chat de intendentes de la Provincia de Buenos Aires, que en otros tiempos fue activo a la hora de dar posicionamientos públicos, uno de los integrantes propuso una reunión para tratar el tema; todavía espera alguna respuesta.
Juan Grabois criticó muy duramente a Fernández, aunque justificó haberlo apoyado en su momento por lo que tenía en frente. Dijo que vivió la misma situación con Massa o Daniel Scioli. “No más candidatos indignos de la investidura por ineptos, panqueques, ladris o tibios. Tenemos que impedir en el futuro es que las opciones correctas sean estas”, sentenció, marcando una vez más sus diferencias internas.
Sergio Massa había planificado su regreso a la escena pública para este sábado en un plenario del Frente Renovador, donde tenía previsto hacer un balance sobre el primer semestre de Milei. El evento fue postergado en medio del escándalo, sobre el que el excandidato del peronismo todavía no se expresó. Sí lo hizo su esposa, Malena Galmarini, que compartió rápido un comunicado de las mujeres del partido que expresaba que “la violencia de género existe y no tiene color político”.
Si para el feminismo de cuño peronista la violencia ejercida por Fernández contra Yañez se convirtió en un golpe simbólico al propio movimiento, para los dirigentes del PJ porteño que acompañaron al expresidente en toda su vida política la aparición de las fotos fue devastadora. Algunos de ellos, como Julio Vitobello y Alberto Iribarne, lo acompañaron a Fernández en sus horas más oscuras, cuando tuvo una descompensación emocional en la torre de Puerto Madero donde vive. Otros no saben qué pensar y dudan de que el exmandatario les “mienta como con las fotos de Olivos”.
Fernández les dice por estas horas a sus allegados, los pocos que le quedan: “No me merezco lo que me está pasando”. Pero no para de sufrir contratiempos ingratos para él, como un pronunciamiento del club de sus amores, Argentinos Juniors, del cual es “socio honorario”, el pedido de la UBA para que no dicte clases el próximo cuatrimestre -algo que hace desde 1985- y un comunicado del bloque de legisladores porteños de UP que pide “determinar las responsabilidades pertinentes”. No se puede imaginar nada más parecido a un camino al destierro político y social.