Crisis policial en La Rioja: Ya son 8 los detenidos por la muerte del cadete

La muerte de Emanuel Garay, el joven de 18 años que falleció luego de un brutal entrenamiento en el ingreso a la Escuela de Policía de La Rioja sigue generando repercusiones a todos los niveles. Mientras continúan las denuncias y las detenciones de los protagonistas directos, directivos y cadetes, el jefe de la Policía Federal, Néstor Roncaglia, advirtió que “la instrucción policial no debe ser sometimiento”.

La muerte del joven ya llevó al desplazamiento de la cúpula de la Escuela de Policía provincial y a la suspensión de ingresos mientras se lleva adelante la investigación de los hechos. Luis Angulo, secretario de Seguridad de La Rioja, y Luis Páez,  jefe de Policía, fueron despedidos al tomar estado público la noticia. Y ya son ocho los detenidos por el homicidio, por orden del juez Mario Martínez que entiende en la causa: cuatro comisarios y cuatro instructores. Pero la familia de Emanuel Garay asegura que también participaron en los trágicos sucesos cadetes de los años superiores que actuaron como ejecutores de las torturas ordenadas por sus jefes. Hugo Montivero, fiscal general de La Rioja, informó que ya fueron identificados un grupo de cinco cadetes de grados superiores, de segundo y tercer año, que ahora son investigados por su presunta participación en el “baile” mortal.

La familia del joven fallecido también denuncia que la Policía envió personal a “apretar” a los médicos al hospital, donde además de Emanuel permanecían internados otros 11 jóvenes víctimas del brutal entrenamiento, para intentar “tapar todo”: “Mandaron gente que no pudimos identificar y les decían a los doctores que si no firmaban un acta en blanco los iban a meter presos, pero ellos se resistieron. Estaban buscando tapar todo”, contó uno de los hermanos de Emanuel, quien también sostuvo que luego “se buscó instalar que había sufrido otro problema”.

Roque Garay, uno de los hermanos del joven muerto este sábado a causa de un severo cuadro de deshidratación que provocó la parálisis del funcionamiento de varios de sus órganos denunció que Emanuel sufrió “sesiones de tortura” comparables a las de la última dictadura militar: “Le practicaron sesiones de tortura ya que eso no fue un entrenamiento, los maltrataron, les pegaron, les dijeron barbaridades, a mi hermano lo mataron en su primer día de formación”, comentó. Y añadió: “Nunca pensé que después de tanto tiempo que ha pasado pareciera que fuese un relato de la última dictadura militar, todavía no llego a entender qué le hicieron”. Adrián, otro hermano de la víctima, expresó: “Todos sabemos lo que le pasó a Emanuel, recibió una instrucción salvaje, inhumana, que le costó la vida”.

José Azcurra, abogado de la familia, sostiene que la tragedia podía haberse evitado ya que éstas prácticas brutales para con los cadetes eran conocidas por todos:  “No se han tomado cartas en el asunto. Esto era algo conocido. En la parte posterior hay una cancha de básquet que se conoce como la sartén, por las altas temperaturas. Los tenían horas de plantón bajo el sol y los han hecho arrastrar. Hay mujeres con pechos quemados”.

Néstor Roncaglia, jefe de la Policía Federal consideró sobre lo sucedido en La Rioja: “Por supuesto que la capacitación y la instrucción policial es necesaria y es una cuestión de supervivencia. Es intensa, hay una exigencia física, pero no hay que privar de los derechos como dar un vaso de agua. Eso es un extremo, no estoy de acuerdo. No es un sometimiento del hombre por el hombre, no tiene que ser así”.

Consultado por el caso de Luis Chocobar, el policía defendido por el Gobierno nacional después de balear a un joven por la espalda, sostuvo que “hay que estudiar caso por caso”. Y coincidió con la propuesta de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich sobre el “cambio de paradigma” en relación con la responsabilidad policial en casos de muerte de civiles en “enfrentamientos”:  “Antes, muchas veces, daba la sensación de que se apoyaba más al que delinquía”. Puntualmente, respecto del caso Chocobar consideró que “son situaciones difíciles y violentas”, pidió “ponerse un poco en el lugar del policía que no provocó esa situación” y explicó “los disparos por la espalda siempre llaman la atención pero hay que analizar caso por caso: por ahí su intención era tirarle a las piernas y pegó más arriba”. «Nuestra función es defender la vida de los demás y después la nuestra, pero partamos de la base que nadie quiere la muerte; ni de un policía, ni de un tercero ni de un delincuente. Pero hay una realidad: si me tiran voy responder, es la premisa que tenemos», concluyó.

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