De manera sorpresiva, en el mayor de los hermetismos, Cristina Kirchner este lunes hizo lugar en su agenda para recibir al sindicalismo combativo que, desde la CGT, está cuestionan ledo las políticas que encarna Alberto Fernández y motoriza reclamos al ritmo de sus bases.
La titular del Senado, en su despacho, vio a Pablo Moyano, triunviro cegestista, Mario Manrique, número dos de Smata, y Omar Plaíni (canillitas), referentes del Frente Sindical por el Modelo Nacional (Fresimona). A ese cónclave se sumó el el curtidor y exdiputado kirchnerista Walter Correa, de la Corriente Federal de Trabajadores (CFT), uno de los referentes gremiales con mayor llegada a Máximo Kircher.
Un núcleo de dirigentes identificados con el kirchnerismo o que tuvo un acercamiento, como es el caso de Moyano que hoy defiende iniciativas K. Este grupo a su vez marca distancia con los gordos de la CGT, del jefe de Estado y en los últimos meses cree necesario salir a las calles para visibilizar pedidos, ante una situación social realmente compleja. Una de esas solicitudes pasa por morigerar el nivel de inflación, que termina complicando las negociaciones paritarias e impacta en el humor de las bases, cuyos salarios comienzan a sentir un desgaste para nada menor.
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Pese a las críticas, cada miembro se encarga de resaltar que trabajará para la reelección del Frente de Todos porque del otro lado aparece Juntos por el Cambio y sus planes “en contra de los trabajadores”. “La derecha ya lo dice: va por el recorte de jubilaciones, ajuste, quiere terminar con derechos laborales. Podemos tener diferencias con Alberto pero vamos a apostar a la reeleción”, repiten sin dudar.
En ese marco, con la llegada de Sergio Massa al gabinete nacional con un súper ministerio, la titular de la Cámara alta busca contener a los díscolos y asegurar un período de paz social, algo que dejó trascender uno de los participantes del cónclave.
Desde el entorno de otro de los dirigentes establecieron que la conversación fue más que positiva, con muchos puntos de contacto. “Fue charla política y gremial” durante la cual se conversó “sobre la situación que está atravesando el país y la actualidad laboral de los trabajadores”, se encargaron de señalar.
“Más allá del análisis, le planteamos las inquietudes y le dijimos que estamos a disposición para poder ayudar en la incorporación de los argentinos al mercado formal. Para nosotros hay que empezar a tener una mejor distribución de los ingresos. La problemática es muy grande y las expectativas también”, lanzó Manrique.
En este sentido, advirtió que la llegada de Massa “es la última oportunidad que tenemos para hacer las cosas que se tiene que hacer”. “Uno siempre tiene esperanzas de que las cosas salgan mejor. Es una enorme chance de poder reinventarnos como gobierno”, dijo.
Cabe destacar que no es el primer encuentro entre la vicepresidenta y el gremialismo: en julio, se reunió con Héctor Daer, un cónclave secreto del que no trascendió el contenido pero que generó malestar en Azopardo 802 porque el referente de Sanidad “se cortó solo”, como dijo un pope sindical, y “no avisó. Tendría que haber avisado de la reunión con Cristina, y después nos enteramos que Héctor armó un acto en la CGT con Alberto, tampoco nos dijo nada. Por eso quedó malestar”.