Cómo el escenario abierto en Brasil dialoga con los meses que se vienen en la Argentina. Un recuerdo del No al ALCA y los desafíos de un tiempo incierto, que demanda de una América Latina empobrecida los recursos que el mundo necesita.
Luego del intento de magnicidio en su contra el pasado 1° de septiembre, Cristina había tenido una aparición a través de su canal de YouTube en una audiencia pedida por su defensa en la causa de Vialidad Nacional y luego tuvo un encuentro con los Curas Villeros y en Opción por los Pobres en el Senado, una reunión que también fue transmitida virtualmente.
Este viernes en Pilar, en el marco del Plenario de Delegados de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), fue la primera vez a más de 2 meses de ese atentado que se la vio en público.
Cristina prometió «hacer lo que tenga que hacer para que el pueblo recupere la alegría»
Y fue una semana especial, por lo que hay que hacer algunas consideraciones que enmarcan su presentación y hay algunos reflejos de la política que merecen prestarle atención. El domingo pasado, el triunfo en segunda vuelta de Luiz Inacio Lula da Silva en Brasil y ese momento simbólico en dónde alguien le acerca la ya famosa gorrita de «CFK 2023» y Lula se la calza. Obviamente, la imagen da vueltas y mucho en función de la vinculación entre los procesos: para algunos una comparación forzada, para otros el reflejo de una esperanza.
Partes los que critican el planteo dicen: ‘bueno, esto es el intento del kirchnerismo de apropiarse del triunfo de Lula en Brasil, no son lo mismo’, en realidad le bajan el precio a lo que claramente es una línea política que está pulseando en el continente por enderezar un rumbo que se había perdido en los últimos años.
Claramente, cuando se miraba el mapa de América Latina y puntualmente el de América del Sur, uno se encontraba con propuestas alineadas con Estados Unidos, con proyectos que habían dejado atrás más de una década de integración regional y que dejaban de lado determinados parámetros que entre 2003-2004 y 2015-2016 rigieron en nuestro continente. Esa época que era el intento de una soberanía regional, de tener una política común en diversos frentes, justamente ante los grandes poderes y los grandes bloques mundiales.
Particularmente para el caso de América, es inevitable hablar de la figura y de la presencia de Estados Unidos. En esos años, algunos llaman del pos-populismo, se avanzó tanto en esos años en la idea de alinearse con Estados Unidos que el Mercosur prácticamente quedó de lado, la Unasur desapareció y la Celac obviamente no existía prácticamente. Fue cuando se creó, artificiosa y fantasiosamente, un autodenominado Grupo de Lima con un eje entre Perú, Chile, Colombia y la propia Argentina, que se sumaba con Mauricio Macri a esa nueva instancia internacional.
Todo ese ciclo duró menos de media década y ese proceso, sumando las elecciones de los distintos países e incluyendo la vuelta del MAS en Bolivia tras el Golpe de Estado contra Evo Morales, fue volviendo a un cauce anterior. Como que la historia no se resignara en América Latina a cambiar definitivamente de manos, o a volver a las que siempre las dominaron.
Por eso la vuelta de Lula, que después de 2 años preso cuando sale se pone la mitad de volver a la presidencia y 3 años después lo consigue. Lula termina saliendo de la cárcel cuando en la argentina estaba por asumir Alberto Fernández.
De hecho el Presidente, siendo candidato, lo va a ver a Lula a la cárcel, un gesto que el ahora mandatario electo le reconoció personalmente en el almuerzo que compartieron junto a la delegación argentina que lo visitó apenas horas después del ballotage, en el que venció a Jair Bolsonaro,
Lula fue rápidamente saludado por los líderes mundiales desde Joe Biden hasta Vladímir Putin, Ji Xinping y Emmanuel Manuel. En ese marco, el viaje de Alberto marca el interés y la intención que hay en la Argentina por una relación que es estratégica desde varios puntos de vista.
Cristina saludó por las redes y muy afectuosamente el triunfo de Lula.
A 17 años del No al Alca
Por estas horas se cumple un aniversario de la 4° Cumbre de las Américas, que se hizo en Mar del Plata entre el 4 el 5 noviembre de 2005. El evento contó con la presencia de todos los presidentes de América excepto el entonces mandatario cubano Fidel Castro, ya que Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos en 1962.
De Mar del Plata, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se fue con una derrota histórica para un proyecto que era estratégico para Estados Unidos. Desde la mitad de la década de los 90 se venía trabajando en secreto, aunque algo se había conocido en la Cumbre de Québec, Canadá, en 2001.
Era la idea del Alca, el Área de Libre Comercio de las Américas, el intento de afianzar desde lo institucional una «América para los americanos» atribuida al presidente James Monroe en 18823, hasta esa Doctrina del Destino Manifiesto de 1845, con la pretensión de considerar la todo el continente como un territorio propio.
Un lugar de la Tierra en donde no puede meterse los europeos, ahora por supuesto el fantasma de China. Está claro que el país asiático es el principal enemigo, no casualmente Estados Unidos logra meter en la Otan hace unos meses esa idea por primera vez como parte de las definiciones estratégicas de esa alianza militar, creada al calor de la Guerra Fría.
Esto nunca había sido escrito hasta este mismo año 2022. El avance de China es innegable en varios aspectos y Estados Unidos se resiste a dejar de lado esa pretensión de dominación de un continente y en ese sentido aparecen en la historia algunas figuras que son paradigmáticas.
Uno vuelve al Alca y a esa Cumbre de Mar del Plata y la foto principal de esos días del 4 de 5 noviembre de 2005, los tuvo a Néstor Kirchner a Chávez y a Lula, enfrentando la posición de Estados Unidos y votando en soledad junto con Paraguay y con Uruguay, frente al resto de los 29 países del continente que aprobaban la idea representada en ese entonces por Bush.
Dos de ellos ya no están, Kirchner murió en 2010 y Chávez en 2013. Lula acá está y a sus 77 años se encamina a asumir su tercera presidencia.
Es la idea de un continente de rebeldes, que tiene una historia aplastada pero con un futuro por delante que depende de sí mismo. Energía, alimentos, recursos naturales, la mayor biodiversidad del planeta, todo eso sale de Latinoamérica. En parte todo eso representa la figura de Lula.
Brasil y Argentina: una frontera clave
Y la relación con Argentina, ya que Brasil es el principal socio comercial, es de carácter político y estratégico. Y si esas ideas las corporiza Lula en Brasil, a nadie le cabe ninguna duda, guste o guste menos, en la Argentina esas ideas las simboliza una mujer y es Cristina.
Aún dentro del Frente de Todos, las voces críticas señalan decenas de limitaciones, de defectos y de incumplimientos en esta etapa. Por ejemplo, se remarca no haber ido a fondo contra la herencia recibida, contra la deuda y por una investigación de la mism. Haber accedido a un convenio con el Fondo Monetario Internacional que nos va a atar por generaciones, no solamente al pago una deuda ilegítima y fraudulenta, sino también al condicionamiento que la misma impone.
El viernes Cristina habló ante un auditorio de un gremio que es central y representativo de los debates estratégicos en la Argentina, como es la UOM. De cómo está la actividad que representan los metalúrgicos depende también la definición del tipo de país que uno tiene.
Es ese sector dinamizador de un país que tiene en el mundo un lugar complejo, porque es por un lado un territorio extenso, con todos los recursos naturales que tiene en un lugar central desde lo geopolítico, ubicado al borde de la Antártida. Por eso se entiende, en retrospectiva y en perspectiva el conflicto de Malvinas.
Pero al mismo tiempo es un país muy dinámico en términos políticos y económicos, en términos de capacidad industrial. De desarrollo medio, pero con sectores de consumo de primer mundo. De innovación, que lo pone por ejemplo en el pelotón de apenas un puñado de una decena de países que manejan energía nuclear, tecnología y desarrollo aeroespacial. Eso es Argentina y Brasil es también algo similar.
Un ejemplo muy profundo y significativo. Durante los gobiernos de Lula primero y de Dilma Rousseff, con todas sus dificultades internas en Brasil, y de Néstor y de Cristina en la Argentina, por primera vez en más de 200 años de historia, ambos pasíses dejaron de considerarse mutuamente como enemigos hipotéticos.
En cambio, pasaron a ser socios y aliados también en términos de Defensa, con el objetivo de la protección de los recursos naturales. En ese marco se inscribe la idea del Consejo de Defensa Sudamericano.
Es destacable cómo la Argentina había avanzado en el desarrollo conjunto con Brasil de un submarino nuclear. Al cabo de unos pocos años, muy poquitos ya que siempre es más sencillo destruir en poco tiempo lo que cuesta tanto construir en mucho, en Brasil a Dilma la habían destituido con un golpe institucional y la había reemplazado su vicepresidente Michel Temer. Después llegaría Jair Bolsonaro cuando ya en la Argentina estaba Mauricio Macri y el último submarino operativo que teníamos, el ARA San Juan, terminó explotado a 900 metros del mar con sus 44 tripulantes fallecidos.
Si no hay un plan de desguace de la soberanía nacional en el ARA San Juan también, no se termina de encontrar la explicación política de qué fue lo que pasó ahí. De tener un desarrollo conjunto con Brasil, cuestión que a las potencias de la OTAN no le hacía ninguna gracia, a no tener nada.
El objetivo de Macri era convertir a las Fuerzas Armadas en una especie de Guardia Nacional modelo siglo 21, idea que no superó los consensos mínimos de la democracia, que le impiden desarrollar tareas internas a los militares.
Gran parte de las definiciones internas de la política argentina, y esto es desde siempre, se dan a partir de los posicionamientos internacionales. Por eso este acto del viernes de Cristina en la UOM también debe leerse en función que se abre en Brasil con la vuelta de Lula.
No se trata de un simple juego de espejos, no es solamente la gorrita de CFK 2023 en la cabeza de Lula. El tema es que en la cabeza de los dirigentes centrales de los países, está el contexto de un mundo que no es el de hace 20 años. Y todos saben, Lula y Cristina en principio, que hay una mutua necesidad de fortalecer las características inconclusas de un proceso de integración, que no es condición suficiente, pero sí necesaria, para resistir los intentos de una restauración conservadora, que llega paradójicamente en nombre de la libertad.

