Darío Lopérfido: La sombra del negacionismo lo persigue hasta Berlín

Mientras la canciller Ángela Merkel visita por primera vez nuestro país y rinde honores a las víctimas de la dictadura militar en el Parque de la Memoria, funcionarios berlineses transpiran para explicar el aval oficial a un negacionista criollo.

Apenas llegado a Berlin para estrenar su nuevo cargo de Agregado Cultural de la embajada argentina, Dario Lopérfido sufrió el escrache de un grupo de trabajadores de la Cancillería local que repudiaron el 2×1 y le recordaron que los desaparecidos son 30 mil. Este lunes funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania se vieron sorprendidos y tartamudearon ante la consulta acerca de si el nuevo representante argentino está cumpliendo labores vinculadas a los servicios de inteligencia y no pudieron justificar porqué la embajada alemana en Buenos Aires avaló su designación con un cóctel de gala.

En Alemania, como en Francia, Bélgica y Suiza, el negacionismo del Holocausto es un delito penado con hasta 5 años de cárcel. Suiza y España también condenan la negación de cualquier crimen contra la humanidad. Lopérfido gusta de aclarar que no es estrictamente negacionista, sino que apenas cuestiona el número de desaparecidos. La misma línea de defensa que la del Comando SS Klaus Barbie, quien en 1973, aún prófugo en Bolivia, sostuvo que no negaba el Holocausto: «No lo niego, pero le aseguro que no fueron seis millones. La historia la escriben los que ganan la guerra”.

 

Lopérfido, ex ministro de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y ex director Artístico del Teatro Colón fue trasladado a Alemania con un cargo diplomático creado a su medida. Entre otras cosas, se trataba de alejarlo del epicentro del repudio generado por sus reiteradas declaraciones cuestionando la cifra de 30 mil desaparecidos.

A principios de 2016, a poco más de un mes de su designación como ministro de Cultura de Horacio Rodríguez Larreta, siempre a la vanguardia, Lopérfido salió a provocar a la sociedad argentina metiendo el dedo en uno de los temas más sensibles de nuestra historia reciente. “En Argentina no hubo 30 mil desaparecidos, se arregló ese número en una mesa cerrada», afirmó en una entrevista y todo estalló. El repudio social, de partidos, organizaciones de Derechos Humanos, sindicatos y personalidades fue inmediato y los escraches se multiplicaron.

Larreta lo aguantó hasta el 7 de julio de 2016, momento en que lo reemplazó por Ángel Pititto (alias Mahler). Lopérfido se refugió durante algunos meses en su rol de director artístico del Teatro Colón hasta que a principios de febrero se confirmó su renuncia en pos de un destino en Alemania. Si bien en un primer momento se habló de un traslado por motivos privados (para participar en un emprendimiento inmobiliario de Antoñito De la Rúa), luego se supo que su relocalización seguía siendo a cuenta del pueblo argentino.

Repudio sin fronteras

El Decreto 248/2017 del pasado 24 de abril confirmó la designación de Lopérfido como “Representante Especial para la Promoción de la Cultura Argentina” en Berlín con el salario propio de un “Ministro Plenipotenciario de Segunda Clase”. Según datos oficiales aportados hace pocas horas por el periodista Sebastián Lacunza, director del Buenos Aires Herald, en su nuevo cargo cobrará 13.252 dólares brutos por mes, más otros 39.800 por única vez (tal vez para compensar el dolor del desarraigo), más el costo del flete de sus bienes a Europa. Nada mal para un funcionario involucrado en el escándalo internacional de los Panamá Papers y recordado como el miembro del «grupo Sushi» que redactó el decreto que de estado de sitio leído por Fernando De la Rúa en diciembre de 2001, que luego costaría decenas de muertes.

Apenas conocida la noticia, un colectivo de residentes argentinos en Berlín organizó una concentración frente a la embajada argentina y difundió una carta pública de repudio. Ante la falta de respuestas, publicaron un nuevo comunicado de prensa el pasado 31 de mayo. Bajo el título de “¿Qué va a hacer Darío Lopérfido en Berlín?”, el texto reitera la “preocupación” y las “dudas sobre el carácter de su representación” y pregunta “en función de qué necesidades y para qué tareas específicas” se ha designado al ex ministro, cuáles son sus calificaciones y porqué sus tareas no pueden ser ejercidas por personal diplomático de carrera.

El comunicado también se hace eco de lo publicado el pasado 14 de mayo en Página 12 por Horacio Verbitsky denunciando que en realidad el traslado obedece a motivos más oscuros, vinculados con la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), del investigado Gustavo Arribas. Dice Verbitsky: “Lopérfido de Mitre será el delegado de la AFI en la capital alemana y su pomposo título no es más que una cobertura, cosa habitual en los servicios de informaciones”. Luego explica que “su designación se demoró varios meses porque la delegación de la AFI en Berlín estaba cubierta por una de las funcionarias más antiguas de los servicios argentinos, Silvia Beatriz Cucovaz de Arroyo, una histórica de la SIDE, con más de 40 años de antigüedad”.

Luego de que varios medios alemanes se hicieran eco de la denuncia -de difícil comprobación, hay que decirlo, gracias a la tradicional turbiedad de este tipo de servicios-, la periodista Cynthia García publicó en su sitio web una nota al respecto. Cuando fue compartida en la fanpage de Facebook, el cuestionado funcionario (muy activo en redes) no pudo resistir la tentación de responder.

Después de argumentar “ad hominen”, reclamándole a García explicaciones por sus sueldos en 678, Lopérfido afirmó que se trata de “operaciones berretas” de periodistas que “reciben plata de Alemania y tienen miedo que yo hable y les pise los kiosquitos”. En uno de esos posteos ironiza: “Tranquilos muchachos. Voy a trabajar en cultura. Aunque, debo confesar, ante la desgraciada noticia de la muerte de Sir Roger Moore estoy militando para que me nombren 007. Iré de smoking y en un convertible negro. Pelearé contra los malos y andaré con chicas lindas. Peleo ese cargo, amigos K”. Poco más adelante, ya perdida toda compostura, remata: “Tonta. Es una operación del doble agente Verbitsky. Si fuera espía nadie lo sabría. Chau”.

Más allá de las ironías y las torpezas, lo cierto es que hoy Loperfido en Berlín le está costando al país en términos diplomáticos bastante más que su sueldo mensual de 216.007 pesos (al cambio del día). Y puede que alguien se lo mencione a Merkel en su visita al país.

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