De Maya: «La UCR tiene que trabajar en su identidad»

Guillermo De Maya, el presidente de la Unión Cívica Radical porteña desde diciembre de 2017, dialogó con Informe Político sobre la construcción política que realiza el centenario partido en la Ciudad, sus diferencias y críticas con la agenda que propone el oficialismo que encabeza Horacio Rodríguez Larreta y el papel del diputado Martín Lousteau.

También indicó, pese a las diferencias que existen con el PRO, que le gustaría conformar Cambiemos en el distrito y ofreció su mirada sobre el rol que tiene la UCR a nivel nacional, dejando en claro que debe trabajar sobre su identidad.

-¿Cómo empezó tu militancia?

-De chico, en el Otto Krause, empiezo a participar en el centro de estudiantes para resolver problemas del colegio básicamente. Siempre pensé que la política tenía que resolver problemas. Primero milité en una agrupación autónoma, en plena primavera de la democracia, donde todos podíamos dialogar, y después me sumo a la Franja Morada en la universidad. Ahí comienza mi derrotero en el radicalismo, que no puede estar escindido de la imagen de Raúl Alfonsín. Hay una anécdota puntual: un preceptor de mi colegio secundario, que venía de la época de la dictadura, amenazaba con amonestar a un compañero sino limpiaba todas las paredes del aula. Creo que lo había enganchado pintando un grafitti en un sector y estaba muy angustiado este compañero. Me paré y dije: vamos a ayudarlo, vamos todos juntos a resolver esto. Esa unión es la que hacía la fuerza para poder transformar eso. Una anécdota tonta pero que a su vez simboliza mucho.

-¿Qué te termina acercando al radicalismo?

-Sin duda el discurso que generaba Alfonsín, que sintetizó un clima de época. Tenía 16 años. Alfonsín decía que con la democracia se come, se cura y se educa, y si bien a los dos años la gente decía que no comía, no se educaba y no se curaba, planteaba que el sistema nos tenía que incluir a todos. A los que piensan como uno y a los que no también. El radicalismo en ese momento albergó a los sectores medios que tenían vocación por transformar la realidad, para que no haya injusticias. En ese momento el radicalismo convocaba a eso. No te olvides que era un momento difícil, que había que defender el sistema. Me acuerdo que con 17 años estaba en contra del alzamiento en contra del gobierno de Alfonsín. Éramos jóvenes que estábamos apoyando y defendiendo el sistema democrático y no teníamos contrato, no teníamos trabajo y no queríamos nada de la política, queríamos darle a la política. Hubo mucha gente así. Después vos conocés el proceso de estos 30 años que quebró a mucha gente, al calor de la decepción. Primero, porque no hubo un reconocimiento de representación legítima. La política se fue transfigurando en intereses individuales y personales. Y si vos podías querías representar a alguien trataban de correrte de la cancha, hacerte una zancadilla, afloraron los egos, esa cosa narcisista que tenemos los seres humanos y que en política es uno de los peores pecados que sufrimos. Cuando vos estás pensando en tu individualidad te olvidás del colectivo y en la política necesariamente tiene que haber un espacio colectivo. Cuando uno habla de lo público no está hablando de tener el pastito cortado, tener un espacio común en donde el rico y el pobre puedan ir a mendigar, porque hay uno que no lo va a necesitar. Estamos hablando de un espacio colectivo en el que nos podamos desarrollar como sociedad.

-¿Nunca se te pasó por la cabeza ocupar un rol como el que tenés en la actualidad?

-No, mi aspiración siempre fue ser un representante que sintetice alguna corriente, alguna opinión y dar alguna pelea que signifique construir algo más justo. Pero no con la chapa. No habrás escuchado mi nombre para ser legislador, diputado. Si bien ocupé lugares importantes, siempre fue más por una impronta de representar a los de abajo antes de tener que ver con garantizar a los de arriba una continuidad.

-¿Qué significa ser el presidente de la UCR porteña? ¿Cómo llevás el cargo?

-Muy bien. Pasa que tenemos una situación como partido muy compleja. Nosotros como partido político cuando irrumpe el PRO, como fenómeno de representación que poco tenía que ver con la política tradicional, hubo mucha gente, muchos correligionarios, que pensaron que el radicalismo estaba extinguido. Y muchos afiliados del radicalismo se fueron al PRO. Después de un largo recorrido, con aciertos de gestiones anteriores a la mía, fue cuando se comprendió que la UCR tenía que ser parte de un frente que convoque a partidos afines a plantear una agenda que no tenga que ver solo con la administración de un presupuesto millonario de la Ciudad, como si fuera un consorcio. Creo que hay cosas que tenés que hacer, como pintar la fachada de un colegio pero hay que meter contenido también. No es casualidad de que lo público haya perdido calidad. A veces veo algunas políticas del PRO que te plantean una vuelta al mundo en Puerto Madero, ampliar la calle Corrientes… no tengo nada en contra de eso, pero es inmoral sino tenés vacantes en el colegio, sino tenés salud en un hospital. La desigualdad entre el norte y el sur, es terrible. Por eso, sin perder el eje de la pregunta que me hiciste, es que desde mi rol tengo que sintetizar el pensamiento radical para volver a aglutinar todo esto que pensamos de la Ciudad. Esta conducción integra a todos aquellos que en su momento se fueron al PRO y aspiramos a recuperar esos valores y prioridades para la Ciudad de Buenos Aires, en donde no todo sea guiado por una encuesta o un focus group, como es hoy, cuando parece que es la única herramienta política. Ojo, no queremos descartarla, pero no es la única. Por eso priorizan Rivadavia y el norte de la Ciudad, por una cuestión electoral. En el barrio 31 veía como inauguraban una schola con el Papa Franciso, el jefe de Gobierno, hablando de urbanización y hay lugares como en la villa 1-11-14 en donde no entra el Estado. Eso es una injusticia terrible. Creo que la Ciudad no hay que pensarla como hace 200 años, nosotros tenemos que pensar también en el conurbano con un concepto de metrópoli. Y la verdad que no podemos discutir cada dos años si un vecino de Avellaneda se puede atender en el Argerich o no, como si fuésemos Colombia y Venezuela. Eso solo no tiene sentido, no hay una política en donde se puedan solucionar esas problemáticas. El estado de los colegios, nadie audita las viandas de lo que comen los chicos, la calidad de los docentes. Hay barrios en los que a las ocho de la noche los vecinos no quieren salir a la calle. Hoy la Ciudad está dada vuelta, ves que hay vallas por todos lados… y parece que está todo hecho a propósito, para que todo sea inaugurado en 2019 para ganar una elección. Mientras tanto, hay gente que la pasa muy mal. Y hay problemas que no se resuelven armando un polo tecnológico en Parque Patricios, libre de impuestos, para que se desarrolle la industria del software. Si como jefe de Gobierno la única opción que tenés es liberar impuestos y armar dos polos, con un presupuesto millonario, no significa una propuesta para resolver desigualdades.

-Con esta mirada que tenés de la Ciudad ¿es imposible conjugar este punto de vista en Cambiemos en la Ciudad?

-No es imposible, pasa que hay gente que no lo admite. Ojalá que el PRO lo logre entender porque nosotros queremos sumar. No pretendemos seguir dividiendo, solo queremos sumar, tener una visión socialdemócrata, tener un contenido humanista de la política. Lo venimos diciendo en la campaña. Es más: el principal actor que difundió este mensaje fue Martín Lousteau, cuando habló de las prioridades en la Ciudad. Hoy nadie sabe de todo esto. Seguramente cuando saquen el telón de lo que están haciendo será una ciudad hermosa pero una ciudad hermosa con ciudadanos que la pasan mal no tiene sentido. Se copian experiencias de otros lugares, como el metrobús de Méjico. El otro día veo un concurso que se hace por el ABL, para premiar al vecino con la vereda más limpia. Pensaba en un momento que nos gobernaba Guido Kazcka. Por eso queremos plantear esto en Cambiemos, que se arme una primaria abierta, simultánea y obligatoria, no porque pensemos que vamos a ganarla sino para que los ciudadanos puedan elegir y ordenar esta agenda. Pasa que nos encontramos con una negativa y una construcción de poder por parte del PRO muy cerrada, muy soberbia, mezquina, con una democracia de candidatos. Yo te pongo un ejemplo: competimos el año pasado como Evolución radical, junto a partidos afines, y nuestra aliada cuando se constituyó UNEN, Elisa Carrió, fue por el oficialismo. Cuando terminó la elección, el jefe de Gobierno nos echó por decreto a todos nuestros funcionarios que representaban organismos descentralizados porque nos animamos a competir. Le pasó a Michetti. Es una forma de entender el poder de la cual no coincidimos. Es poner el garrote a quien piensa distinto.

-Y el oficialismo habla del diálogo, la convivencia con el que piensa distinto, la vocación democrática.

-Es un diálogo unidireccional, con el que piensa igual. El diálogo implica estar con el que no piensa igual. Yo le creo al PRO cuando dice que quiere hacer las cosas bien pero a veces no comprende lo que sucede. Fue noticia que el presidente de la república se abre a la política, abriendo su mesa chica después de una crisis terrible. O sea, sino existía la crisis no se ampliaba la mesa. No es la administración de una empresa el Estado. Yo no descalifico a todos aquellos que del sector privado se sumaron a la política. Lo que sí digo es que una persona que está formada con un tecnicismo, en el cual si tiene problemas en una empresa golpea la puerta de recursos humanos y pide echar gente… eso se podrá hacer en una empresa para que sea exitosa pero no en el Estado. No podés echar gente para que sea el equilibrio en tu cuenta. Tampoco está bien, y es malo, seguir trabajando con este concepto de grieta. El radicalismo no tiene vocación de desunir para ser la mitad más uno en contra de alguien que es malo, feo y sucio. Nuestra vocación es unir, pretendemos que nuestro partido tenga vigor y sea una herramienta que pueda elegir el ciudadano en un momento histórico. Pero el PRO en su propia concepción… ¿Vos escuchaste alguna vez hablar en el PRO de una interna?

-La de Michetti y Larreta. Con mucha sangre de por medio. Y con la particularidad de que el máximo referente del partido jugó explicitamente por uno de los candidatos.

-Totalmente ¿Y la consecuencia? Marginaron a Michetti y a todos los funcionarios que estaban con ella, salvo a Lombardi, porque osaron desafiar al poder. Es lo que quiero plantear: hay muchos que entienden que la representación política se construye de arriba hacia abajo. Nosotros creemos y aunque cueste de que se construye de abajo hacia arriba. Vos no tenés que esperar una orden, vos tenes que tratar de llevarle al dirigente que está en la punta de la pirámide la síntesis de lo que está pasando en la base. Sino te va a pasar lo que le pasó a una reina, que preguntó que pasa que golpean la puerta, alguien le dijo que no había pan y respondió: que coman torta. No es así, no hay que perder visión de la realidad. Repito: el Estado no es una empresa.

-Hablaste de grieta ¿También se ve la Ciudad?

-No, es un concepto mentiroso para la Ciudad. Los que hacemos política acá sabemos que hay acuerdos con opositores acerrímos. Te contaba que echaron a nuestros funcionarios que no se disciplinaron con Larreta, porque el jefe de Gobierno no quería que compita Lousteau. ¿Por qué no va a competir? La respuesta fue que un opositor como Matías Tombolini, del Frente Renovador, se lo nombró en los lugares que nosotros ocupábamos. Y fijate que el Frente Renovador fue uno de los principales opositores que tuvo el PRO a la reforma previsional. Lo público y lo privado no pueden ser cosas distintas. Porque esas mismas personas que se presentan como opositores, en términos bilaterales, tienen un diálogo con el jefe de Gobierno en el que cierran políticas. Larreta firmó el decreto en el que nombra a Tombolini titular de un organismo y echó a Federico Saravia, que ni siquiera era radical pero que participó del frente electoral Evolución.

-Mencionaste a Lousteau, que tuvo una mirada crítica hacia las políticas de la Ciudad, aceptó ser embajador en Estados Unidos, quiso ser parte de Cambiemos el año pasado y parece que tiene una posición ambigua con respecto al Gobierno nacional ¿Cómo se comprende esa posición?

-Pasa que ser opositor no es ponerte en la vereda de enfrente y tirar cascotazos para decir que no siempre. Cuando le ofrecen la embajada de Estados Unidos no fue en el marco de la Ciudad. El presidente de la republica lo ponderó y a nosotros nos consta que cuando aceptó esa responsabilidad Martín le dijo al presidente que aceptaba el desafío y que quería competir en 2017 en la Ciudad. En ese momento dijeron que no había problemas. Cuando él comunicó que venía a cumplir lo que había dicho salió Marcos Peña a decir que Martín había abandonado Cambiemos. Por otro lado, el tener una visión crítica, no significa ser opositor siempre, hay que terminar con eso. Martín planteó, por ejemplo, en la última sesión del Congreso un proyecto alternativo y sin embargo muchos lo critican. Espero que el recorrido del tiempo demuestra esa coherencia. A Carrió se le reconoce coherencia porque denuncia a De Vido pero no tuvo mucha coherencia cuando el otro día cuando dijo que el dólar iba a seguir a 23 y saltó a 25. Vuelvo a decir: planteamos una agenda distinta.

-¿Pensás que Lousteau debe ser el candidato del radicalismo en 2019 en la Ciudad?
-Es el mejor candidato y aspiramos a que tenga vocación de seguir siéndolo.

-¿Le falta política a Cambiemos como se le achaca?

-Entiendo por política la buena política, o sea, escuchar, dialogar, consensuar, darle un lugar al distinto. Le falta una mesa de diálogo más amplia, en donde no incluya solo al radicalismo sino que debe llamar a todos los sectores a integrarla. Me parece que el Estado no está funcionando desde hace 30 años, y con esa descripción se amerita a que se convoque a una mesa para encontrar entre todos una política a desarrollar. O sea, al Gobierno le falta política desde el lugar que yo la entiendo. Ahora si me decís que le falta rosquear un poquito en la Cámara de diputados o si necesita darle a un senador más presupuesto, ya te digo que no.

-¿Qué rol tiene la UCR en este contexto?

-Me parece que el radicalismo debe trabajar mucho sobre su identidad. Y unificar a nivel nacional esa identidad y trabajar para que tanto en el norte como en el sur estemos con el mismo discurso, con la misma pretensión. Sería lamentable que el radicalismo se convierta en una liga de gobernadores, que se sienten a discutir la relación con el ejecutivo del momento, con un solo objetivo: la reelección. Si el destino del que hace política es ser reelecto y ocupar cargos, tenemos un problema. Creo que el radicalismo está trabajando en eso.

-Las cosas que sucedieron en este último tiempo ¿Sentís que ya la viste?

-Por supuesto, hay que parar el péndulo. Observamos a un populismo en donde se utiliza al consumo para reactivar la economía, en donde ya vimos que es un ciclo falaz, de corta duración. Y también existieron aquellos que resuelven las crisis con financiamiento externo. No creo que lo que estamos viviendo hoy sea el 2001 pero las variables hacen que el desayuno que tomaba todos los días salga 15 pesos más. Hay que salir del endeudamiento o emisión monetaria. ¿Cómo parás ese péndulo? ¿Ajustando? No podés dejar de lado a la gente, no tenés una oficina de recursos humanos para despedir gente. Me parece que la única manera es que todos los principales actores del país se sienten en una mesa con el Gobierno central para hacer un país más rico, nadie discute como generar más riqueza. Pero si queremos discutirle a China en la producción de juguetes de plástico, nos va a ir mal. La propuesta que a mí me interesaría que el radicalismo lleve adelante es que se invierta en la educación de calidad, para poder encontrar un país que genere riquezas en un mundo global, no mañana, no pasado, sino bajo un proyecto de políticas de Estado. Para revertir en diez años esto y no tengamos que depender de la cosecha de la soja. Tampoco creo en la matriz productiva que hablaba el kirchnerismo porque tanto en el gobierno anterior como en este estamos hablando del campo… como un lugar de riquezas. Hay que armar un esquema de producción basada en la educación para generar más riquezas en el país.

-¿Qué referentes del radicalismo están preocupados por esto, abocados a esta construcción?

-Hay muchos que están en esta construcción. Hoy veo a Alfredo Cornejo, a Ramón Mestre y otros dirigentes que los veo con esta preocupación. Los que necesitamos es volver a tener una identidad nacional, que es algo que no está faltando.

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