El papelón que protagonizó Nicolás Trotta, ministro de Educación, al asegurar que las clases presenciales iban a continuar horas antes de que el presidente anuncie la vuelta a la virtualidad no fue gratis: quedó golpeado, desautorizado, y en medio de versiones que indican que presenta su renuncia en los próximos días. A su vez, se menciona que existe una relación resquebrajada entre su referente, Víctor Santa María y el Presidente.
Por el momento, la renuncia no será efectiva aunque distintas fuentes no descartan que se produzcan la semana próxima. Desde la Casa Rosada repiten que “es ministro de este gobierno. Acata y sigue adelante”, tal como consigna La Nación, y el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, apuntó que «lo desmiento totalmente, Nicolás hizo una tarea durante todo el año pasado, adaptando las currículas y la necesidad de la administración de la educación».
El propio Jefe de Estado admitió roces: “Yo mismo he tenido discusiones dentro de mi mismo equipo, porque el ministro de Educación creía que había que tratar de insistir un poco más con las clases presenciales”, dijo ayer Fernández a Radio 10.
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Mientras el ministro repetía en las últimas semanas, cada vez que tenía la posibilidad, de que las clases en las aulas «estaban garantizadas», con contagios de Covid que no dejaban de crecer, los propios gremios docentes, cercanos al oficialismo inclusive, dispararon contra la política educativa y reclamaron la suspensión de la presencialidad, con paros como los que llevaron a cabo UTE y Ademys.
Además, Eduardo López, referente de la UTE, insiste desde el año pasado en que Trotta “se entiende mejor con Soledad Acuña (ministra de Educación de la ciudad, que tiene como bandera las clases presenciales) que con Adriana Puiggrós”, en referencia a la ex viceministra, alineada con los gremios y hoy parte del consejo asesor del Presidente.
Este escenario también da cuenta de una relación compleja, llena de tensión, entre el referente de Trotta, Víctor Santa María, con un sector del Frente de Todos y el Presidente, quien elige a otros interlocutores del mundo sindical y no al empresario de medios.