El movimiento de Curas Villeros, que cuenta con el beneplácito del Papa Francisco, ofreció su mirada sobre la despenalización del aborto, un tema que se encuentra en agenda y que el Gobierno alienta su debate en el Congreso.
El eje de la discusión, para el obispo auxiliar de la Ciudad de Buenos Aires Gustavo Carrara, que realizó un trabajo importante en la villa 1-11-14 del Bajo Flores, no es el aborto sino que «lo primero que tiene que hacer el Estado es trabajar para revertir las causas de la pobreza y la marginalidad en la Argentina».
«Siempre la vida amenazada nos preocupa, y mucho; y hoy nos preocupa la vida amenazada en el vientre de su madre», sostuvo el representante de la Iglesia Católica en declaraciones formuladas a Télam. Asimismo, agregó que «no se puede renunciar a esas luchas contra la pobreza, como diciendo esto ya es así; demos este elemento también», aseveró. En ese marco, sostuvo que, «en los barrios más pobres, por lo general la gran mayoría abraza la vida».
Acerca de este tema, la Conferencia Episcopal, que conduce Oscar Ojea y que reúne a Curas Villeros, realizó algunos documentos en los que rechaza el debate sobre la despenalización del aborto y llama a «abrazar la vida». «El Ejecutivo anterior no solo no propició este debate, sino que incluyó a las mujeres embarazadas en la Asignación Universal por Hijo. Eso es un gesto concreto de una política pública a favor de la vida», señala el texto.
Luego, añade que proteger «la vida como viene, sin grises», y especialmente «la vida amenazada en cualquiera de sus formas».
«Como curas y religiosas desde la villa y barrios populares, nuestra experiencia de vecinos, fruto de una consagración, es la de haber aprendido de los villeros a amar y cuidar la vida. La cultura popular de estos barrios nos ha mostrado una manera real de optar por la vida. Muchas veces donde el Estado no llega, donde la sociedad mira para otro lado, la mujer sola o atravesada por la marginalidad encuentra en las redes de amor que se generan en nuestros barrios su ayuda y su esperanza, para ella y sus hijos», manifiesta la Conferencia Episcopal.