En el oficialismo ven a Bullrich fuera de juego y ya visualizan el balotaje con Milei

El debate presidencial del domingo inició una caída en dominó de Juntos por el Cambio que en el oficialismo y La Libertad Avanza ya leen como inevitable, a dos semanas de las elecciones. En una entrevista a un canal de streaming, Sergio Massa reconoció que Bullrich dejó de ser una opción y deslizó que el proceso electoral se encamina a un inevitable balotaje con Javier Milei. El candidato de la LLA sostiene lo mismo y ya lo pronunció públicamente: «Voy a ir a un balotaje con Massa».

El resultado de las PASO del 11 de agosto estableció un escenario de tres tercios y ofreció como una de las conclusiones mayoritarias y consensuadas que no habría posibilidad para que haya un ganador el 22 de octubre en primera vuelta. La escueta diferencia entre las tres coaliciones más votadas otorgaron un escenario de paridad donde la discusión pasó a ser quién quedaría afuera del balotaje.

Teniendo en cuenta el resultado de las PASO de 2015 y 2019, donde el que salió primero luego no pudo sumar más puntos porcentuales para las generales, como los casos de Daniel Scioli y Alberto Fernández respectivamente, el escenario 2023 hacía prever que Unión por la Patria y Juntos por el cambio se esperanzaran en ingresar a la segunda vuelta e, incluso, que ambas dejen en el camino a La Libertad Avanza y se perfilaran para la definición final de 19 de noviembre.

El caso de Mauricio Macri es un fiel representante del ejemplo. En 2015 pasó de 24% a 34%, y en 2019, de 32% a 40% entre las PASO y las generales. La implementación para esta instancia electoral de un «voto útil», el aumento de un «voto rechazo» y un posible estancamiento de la fuerza más votada en las PASO, como la experiencia lo indica, podía pronosticar que Milei fuera finalmente quien quede en el tercer lugar.

Sin embargo, esa opción se fue diluyendo con el correr de la campaña tras las PASO, por errores propios de Juntos por el Cambio, una consolidación del voto opositor en Javier Milei y una catarata de medidas económicas de Sergio Massa.

A partir de la noche del 11 de agosto, Patricia Bullrich nunca encarrilar el segundo trama de su campaña, ni calibrar su discurso entre las oferta electoral opositora de LLA y el oficialismo, ni obtener el apoyo contundente de la UCR, que mira distante el proceso electoral nacional mientras se concentra en las campañas distritales donde lleva representantes propios. Asimismo, la interna con Horacio Rodríguez Larreta en la nación y Diego Santilli en la provincia, que esperó tres semanas para reconocer la derrota, dejó serias heridas que no pudieron suturar para la campaña de las generales.

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Con este panorama en contra, ni siquiera su anterior aliado en la interna de JxC, Mauricio Macri, colabora con la ex ministra de Seguridad. Pocos días después de las PASO coqueteó seriamente con Milei y desde la propia coalición ya especulaban con que «jugaba a ganador». Luego de una serie de desmentidas y declaraciones en favor de Bullrich, Macri volvió a salirse de su alineamiento y prometió en Estados Unidos que su partido apoyaría a Milei si sale electo ganador. «Si Milei gana la elección, espero que nuestra coalición apoye cualquier reforma razonable», aseguró. Un pronunciamiento con muchísimo tiempo de anticipación que, si bien no llama la atención a los propios, suena mucho más a una estrategia que a un sincericidio.

En tanto, Patricia Bullrich, que no podía reponerse de su deplorable actuación en el debate del domingo, tuvo que salir al cruce de sus declaraciones, si bien reconoció que ni siquiera las había escuchado textualmente: «No es conveniente decir una cosa así. No es el momento de decir esto», alertó la candidata, quien ya venía de una serie de tropiezos que, probablemente, hicieron que Macri decretara la rendición.

Uno de los mayores consensos en la recepción del público tras el debate fue el pésimo desempeño de Bullrich y la viralización de videos en redes sociales con los momentos en los que no logra desarrollar un argumento sólido en materia económica. El bajo nivel argumental y expositivo de Bullrich sorprendió a propios y extraños. Sin ir más lejos, la candidata tuvo que salir a aclarar que durante la semana había tenido fiebre y en el debate tenía los oídos tapados: «Entré con una pata rota a la cancha», ensayó como justificación el día posterior en una reunión del PRO en Belgrano.

Esa misma tarde, dio una entrevista exclusiva en Neura Media, donde volvió a generar polémica, al prometer que en un eventual gobierno suyo la Justicia grabará las conversaciones privadas entre los detenidos y sus abogados. «Viste cuando vos tenés un preso, que le puede estar mandando un mensaje a alguien, vos grabás la conversación con su defensa. Vamos a ponerlo en el Código Penal», adelantó. «Yo lo puedo grabar bajo un sistema en el que, digamos, puedo grabarlo como un elemento de prueba», prosiguió la candidata, ante la mirada atónita del entrevistador.

La propuesta cosechó un rápido repudio de todo el ámbito jurídico especializado: «Es inconstitucional. Lesiona derechos humanos. Supone una total ignorancia y falta de sentido común. Mal asesorada en un tema esencial», analizó Andrés Gil Domínguez, profesor titular de Derecho Constitucionalista en la UBA, en sus redes sociales.

En Unión por la Patria asumen que la caída en picada de la candidata de Juntos por el Cambio les garantiza el ingreso al balotaje. Aunque se mantienen alertas de que otro paso en falso dinamice la fuga de votos a Milei y lo pongan al libertario al borde del triunfo en primera vuelta. Por el momento, desestiman esa posibilidad, y acuerdan en que ambos candidatos estarán entre el 30 y el 40 por ciento, con una diferencia que ronde los cinco puntos.

En este sentido, desde el oficialismo se mostraban esperanzados con el ascenso de Massa en las encuestas tras un aumento de un voto rechazo a Milei, la consolidación de la candidatura presidencial del tigrense, el aval de Cristina Kirchner y la catarata de medidas con amplia aceptación popular, como la eliminación de Ganancias y el Compre Sin Iva. Sin embargo, el escándalo por el yategate de Insaurralde llegó al debate presidencial y el foco estuvo puesto en la reducción de daños ante un nuevo escándalo que involucró uno de los temas esenciales que atraviesan la campaña: la enorme distancia de la política con la sociedad y su falta de representación.

Tras el despido de Insaurralde, Massa y Kicillof auguran que el golpe político no sea tan fuerte y aceleran su campaña a dos semanas de la elección que dirá si el partido se termina, o continúa «en tiempo extra», como calificó Massa en su discurso del 11 de agosto.

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